Muerte y moribundia de las lenguas
La investigadora del CSIC SofÃa Torallas Tovar relata la historia de un filólogo español entre los últimos matacos
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"Apenas queda en América pueblo indÃgena que no tenga contacto con los civilizados, con la consiguiente amenaza para el mantenimiento de lenguas y culturas". Asà se manifestaba Antonio Tovar (1911-1985) en su Catálogo de las Lenguas de América del Sur, una de las obras de su vasta producción, en la que puso gran ilusión y muchos años de trabajo.
Pero yo querÃa ahora hablar de una de sus aventuras más apasionantes, de la cual surgió el libro Relatos y Diálogos de los Matacos, publicado en 1981. En él, recogió una experiencia única para un lingüista y filólogo. Y lo digo desde la perspectiva de los que estudiamos lenguas muertas, desprovistos como estamos del laboratorio vivo donde obtener la información necesaria para completar su conocimiento empÃrico.
Tras su estancia como profesor de lingüÃstica en la Universidad de Tucumán (1958-60), en Argentina, decidió especializar sus esfuerzos hacia el estudio de una comunidad de indios, los matacos, los más antiguos pobladores del Chaco, un desierto del norte de Argentina y Paraguay. Y la elección de esta lengua se debió a que habÃa encontrado un buen informante, Santos Aparicio, bilingüe, hijo de monolingües, pero ya padre de castellanoparlantes.
En sus estancias con los matacos, grabó sus relatos en cintas magnetofónicas, recogió y editó sus leyendas y mitos y, más importante aún, codificó la gramática que inmortalizaba su lengua ante la amenaza de la desaparición.
AsÃ, en una conferencia en el Instituto de España en la década de 1980, decÃa: "El problema principal de las lenguas nativas americanas es que mientras algunas, como el quechua, son utilizadas por varios millones de hablantes, del orden de seis a ocho millones, hay otras múltiples de ámbito restringido o muy minoritarias que se encuentran en peligro de extinción".
Cuando uno se sumerge en las listas de lenguas en peligro que glosa el Ethnologue, puede pensar que el esfuerzo de "vestirse de explorador" -como le decÃa a Tovar su mujer- y marchar al Chaco durante semanas con los indios, para insuflar vida a una lengua hoy en situación muy precaria, es como luchar contra las olas.
Sin embargo, ahà queda plasmada la lengua mataca, en los relatos deliciosos del malvado e inmortal creador del mundo, Taqfwaj, que inventó las moscas porque se aburrÃa, que redirigió el curso de las aguas primordiales con unos palos prodigiosos y que resucitaba, no como su lengua, después de cada aventura desafortunada.
4 Comentarios
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¿Sabéis que la palabra "moribundia" no existe en el diccionario de la Real Academia de la Lengua?. Me gustarÃa que me explicárais que habéis querido decir con dicho término.
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Cuanto más antigua es una lengua más nos acerca a nuestros orÃgenes como humanos: ¿preferimos la Biblia a la AntropologÃa?
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Entiendo que las leguas nos sirven para comunicarnos con otras personas, siguiendo esta lógica pienso que con cuantas más personas pueda yo potencialmente hablar en la legua X más útil me puede resultar manejar dicha lengua X. Lo que dicho de otra manera significarÃa que las leguas de ámbito restringido o muy minoritarias a las que se refiere el articulo, o otras cooficiales de nuestro paÃs, son cuanto mas minoritaria más inútiles.
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Aunque entiendo que la ignorancia monolingüe e imperialista pueda sentirse orgullosa por la muerte de una lengua más, la gran mayorÃa de las personas sabemos que una lengua es un tesoro y que ni su importancia ni su funcionalidad no se mide en su número de hablantes. ¡Vaya tonterÃa! Una lengua es útil mientras sirva a la comunidad que la habla y punto. Por otro lado, pocas veces podemos hablar de lenguas minoritarias. Más bien, se debe hablar por justicia de lenguas minorizadas, perseguidas hasta su extinción. La muerte de una lengua es equiparable a la pérdida de una especie viva... es un desastre en el ecosistema del cuál no se saben nunca sus últimas consecuencias. Por el momento, la pérdida de una manera de ver y entender el mundo y el ser humano. Por ahora, un paso más hacia la pérdida del patrimonio más valioso y rico que posee la humanidad: la diversidad.

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