Masai Mara grita socorro

El drástico descenso del turismo amenaza la conservación de la reserva más famosa de Kenia

JAVIER YANES Madrid 19/05/2008 21:38 Actualizado: 19/05/2008 23:42

Un rebaño de ñus pasta al atardecer. J. YANES

Un rebaño de ñus pasta al atardecer. J. YANES

Los más pesimistas suelen lamentar que África hoy no es lo que fue en tiempos pasados, cuando el animal más insólito que se podía encontrar correteando por sus sabanas era un ser humano. Pero hay una visión alternativa, la del “vaso medio lleno”: contra el viento y la marea del turismo, de la corrupción y de un desarrollo tan magro como agresivo, África ha logrado preservar una nutrida porción de su patrimonio natural que seduce a millones de visitantes cada año. Repercutir el desarrollo turístico en conservación medioambiental es la ecuación que los países africanos tratan de resolver, y que Kenia ha resuelto con éxito. Y ello, prescindiendo voluntariamente de los ingresos millonarios que la caza mayor aporta a otros países; en Kenia, lo único que se puede disparar son fotografías.

El sector turístico keniano aporta el 12% del PIB nacional, emplea a casi el 10% de la población activa y creció el último año a un 13%, según datos del Ministerio de Turismo. Pero toda fortaleza tiene su talón de Aquiles, y la fuerte dependencia del turismo somete la economía y la conservación natural a un elemento extremadamente sensible a la incertidumbre; el turismo es, por naturaleza, miedoso.

La industria turística keniana vive sus peores momentos desde hace años. La violencia desatada en el país tras las últimas elecciones ha provocado un desplome en la entrada de extranjeros. José María Roldán, vasco afincado en Nairobi que dirige la agencia Get In Africa Safaris , cuenta que sufrió “un 100% de cancelaciones a partir de enero”, y ello a pesar de que los disturbios no cruzaron la frontera de los parques: “Los que estaban de safari se enteraron por la prensa o por llamadas de sus familiares espantados desde España”, explica. Roldán confía en una pronta recuperación en junio, al término de las lluvias.

Pero Víctor Astray, otro español que ha guiado safaris a pie durante años, no se suma al optimismo: “El turismo está completamente paralizado y no se espera que se recupere hasta las próximas navidades”, dice. Otro observador privilegiado es Carlos Carulla, un viajero hispano-alemán que resume así las impresiones de su viaje número 100 a Kenia el pasado abril: “Los lodges [hoteles de safari] estaban vacíos; apenas se veía una docena de turistas. En Mombasa [costa de Kenia] varios hoteles han cerrado. La ocupación no llega al 20% y miles de personas se han quedado sin trabajo”.

Círculo vicioso

Las consecuencias de la sequía turística pueden ser extremadamente graves. Lejos de tratarse de una coyuntura pasajera, la penuria amenaza con socavar el pilar estructural del sector: sin turismo no se podrán mantener los parques, y sin parques, el turismo se esfumará a otros destinos competidores. El problema se plasma en cifras concretas y alarmantes en la reserva de Masai Mara, la más popular del país, donde cada año más de un millón de ñus completan un espectacular circuito migratorio entre este espacio keniano y su homólogo en Tanzania, el Serengeti. El turismo aquí ha bajado un 90% desde enero, lo que ha supuesto una reducción de 70.000 a 20.000 dólares mensuales para la conservación del área.

Son datos facilitados por Mara Conservancy (MC), la organización que gestiona la orilla oeste del río Mara, un área de 510 km2 llamada Triángulo del Mara. A diferencia de los parques nacionales, las reservas no pertenecen al Servicio Nacional de Fauna (KWS), sino a los distritos locales. Separadas del pastel común, las reservas dependen de sus propios ingresos para autogestionarse y son, por tanto, más sensibles a los vaivenes del turismo. Además de ocuparse de los recursos naturales, MC debe conciliar la conservación con los intereses de los propietarios ancestrales de aquellos parajes: los maasai.

Masai Mara alberga la mayor población de leones de Kenia, que ha aumentado un 50% desde 2001 gracias a los esfuerzos de conservación. En este esquema desempeña un papel esencial la compensación económica que se entrega a los pastores maasai por las cabras, vacas y burros que pierden debido a los ataques de los felinos. “Antes de la crisis, los maasai recibían el precio de mercado por cada res perdida”, apunta el portavoz de MC, William Deed. “En esta época del año, esto suma unos 5.000 dólares al mes”. Con la llegada de la crisis, las compensaciones se han suspendido. Y la medida no ha sentado bien; en un primer momento, los maasai amenazaron con liquidar a los predadores como represalia.

Por fortuna, hasta ahora la sangre no ha llegado al Mara: “Hemos tenido incidentes, los maasai estuvieron muy cerca de matar leones y leopardos, cercándolos con sus lanzas y flechas, pero nuestros rangers pudieron aplacarlos”, precisa Deed. “Gracias a la relación que hemos mantenido con ellos durante años”, añade Joseph Kimojino, director de turismo de MC. Sin embargo Astray, gran conocedor de los maasai, se muestra más escéptico: “Nunca se les ha tenido en cuenta. En cuanto quieren presionar, dejan alguna jirafa muerta junto a la carretera. Las compensaciones son pura propaganda”, concluye.

Pero el frágil equilibrio con los maasai no es la única víctima de los recortes. Deed explica que se ha suspendido el mantenimiento de las pistas; y lo que es peor, se han suprimido las patrullas nocturnas contra los cazadores furtivos, lo que ya ha redundado en un aumento de esta lacra. Ahora, Masai Mara está en manos de la generosidad de donantes particulares. Según Deed, necesitan urgentemente 75.000 dólares para salvar lo que esperan sea un bache transitorio, algo que confirmaría los presagios de Roldán, a medio camino entre lo real y lo deseable: “Por lo demás, el país está como siempre, tranquilo, maravilloso... recuperándose”.

 

Violencia «controlada»

La relativa calma de Kenia, el país más estable de su región geográfica, se rompió el pasado enero, cuando los resultados de las elecciones generales dieron una victoria por escaso margen al presidente Mwai Kibaki. Los opositores del Movimiento Democrático Naranja organizaron protestas que culminaron en violentos disturbios y muertes. No es la primera vez que unas elecciones disparan la violencia étnica en Kenia. Según el empresario de safaris José María Roldán, “el odio se desborda y se cobran revanchas, deudas pendientes, litigios sobre límites de terreno...”. Como en otras ocasiones, existe la sospecha de que la violencia esconde intenciones políticas instigadas por el poder, algo ya demostrado en anteriores comicios.

 

La polución agrícola envenena el río Mara

Por si el colapso del turismo no fuera suficiente amenaza, los animales que pueblan las orillas del Mara se han visto azotados recientemente por otra lacra: la contaminación con pesticidas, que penetran en el espacio protegido siguiendo el curso del río desde áreas cultivadas al norte de la reserva.

El mes pasado, cuatro leones de la reserva de Masai Mara resultaron afectados por una extraña parálisis de las extremidades delanteras. Los animales afectados sólo podían moverse sobre sus patas traseras, hasta que uno de ellos murió y otro tuvo que ser sacrificado por las autoridades.El análisis de los restos detectó la presencia de carbofurano, sustancia que se encontró también en cinco hipopótamos hallados muertos en las riberas del Mara. La conclusión de la investigación, dirigida por el director de Mara Conservancy, Brian Heath, señalaba que los leones habían sufrido una neuropatía provocada por el pesticida al alimentarse de los cadáveres de los hipopótamos, que a su vez habían incorporado este producto de la hierba que crece en las cercanías del río.

El carbofurano, prohibido en Europa, se produce en Kenia bajo la marca Furadan, de la compañía AgroEvo East Africa. Se emplea sobre cultivos y suelos, y sus efectos sobre el organismo varían desde un dolor de cabeza, a bajas dosis, hasta parálisis y muerte cuando la exposición es masiva.

No es la primera vez que este producto causa muertes de animales en Kenia, a lo que hay que añadir sus riesgos para la salud humana, ya que muchos kenianos beben agua de los ríos. En cuanto a la fauna, corren especial peligro los carroñeros, como los buitres. Las organizaciones ecologistas locales presionan al Gobierno para que ilegalice el uso del carbofurano.

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Generado: 2012-02-14 01:25:51