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"Aceptaron a todo el que se apuntó, sin preguntar"

Ni las mascarillas, ni las gafas protectoras, ni la ropa eran las adecuadas para estar trabajando sacando fuel, ni los propios pescadores fueron conscientes de los peligros de no utilizarlas

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'Solo nos poníamos las mascarillas cuando el capataz aparecía por la zona; eran muy incómodas, no nos dejaban respirar y, además, eran de papel. ¿Para qué iban a servir?' Manuel Villar es uno de tantos pescadores de Laxe, en A Costa da Morte, que dejaron sus aparejos a un lado para coger una pala y retirar el petróleo que vertía el Prestige. Casi ocho años después de la tragedia, los expertos reconocen que ni las mascarillas, ni las gafas protectoras, ni la ropa eran las adecuadas para estar ocho horas trabajando en el mar sacando toneladas de fuel, ni los propios pescadores fueron conscientes de los peligros de no utilizarlas.

Tanto Manuel como cuatro de sus hermanos se apuntaron a la lista de voluntarios para limpiar las costas. Era un trabajo bien pagado, unos 35 euros la hora, que junto con lo que recibían de la Xunta por dejar de faenar, 'era una buena tajada'. Nunca pensaron que ese empleo, que desempeñaron durante seis meses, podría tener consecuencias graves para su salud.

'El olor del petróleo era tan intenso que cuando llegabas a casa y te duchabas, seguía impregnado en tus fosas nasales', recuerda Manuel, sentado en el bar de pescadores del puerto de Laxe. Este marinero tuvo que meterse al mar con el petróleo hasta la cintura: 'Era tan denso que casi se podía caminar por encima'.

Nadie les dijo, cuando se apuntaron a recoger fuel, que se trataba de un trabajo peligroso y que podía afectar al hígado o los pulmones. Tampoco les pidieron su historial médico. 'Aceptaron a todo el que se apuntó, sin preguntar nada'. De hecho, José Antonio, el hermano de Manuel, había sido operado de un pulmón dos meses antes del derrame. Tras tres meses acarreando petróleo llegaron los médicos del hospital Juan Canalejo y les hicieron unas primeras pruebas, tras las que le recomendaron dejar el empleo porque peligraba su salud. 'Decían que era 'no apto' por mis problemas de pulmón, pero yo necesitaba el dinero. Fui a mi médico de cabecera y le pedí que me firmara un certificado diciendo que estaba sano y así seguí recogiendo fuel', reconoce.

Ninguno de los marineros que se reúnen en el bar quieren quejarse, porque si se quejan tienen que pedir una baja y dejar de trabajar, pero algunos aseguran que ahora padecen gripe, bronquitis o dolores de cabeza todos los inviernos.

Tanto Manuel como el resto de los pescadores fueron examinados dos veces por los médicos del Juan Canalejo, pero desconocen los resultados. Los marineros de A Costa da Morte frecuentan poco los hospitales y tienen fama de duros, no les gusta lloriquear por problemas físicos. Si el petróleo dañó su salud, no es probable que se quejen por ello.