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Adiós a la montaña

El pueblo donde viven los dongria kondh está en una de las escasas zonas selváticas de India que aún permanecen vírgenes. Los indios son animistas y veneran el monte, los árboles y las plantas

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Puedo hacerte una pregunta? ¿La decisión del Tribunal Supremo es la decisión final?”, inquiere Sahadev Kadraka, uno de los pocos miembros de la tribu dongria kondh con formación universitaria y con conocimientos de inglés. El joven Kadraka se refiere al permiso concedido el pasado 8 de agosto por el Tribunal Supremo de India a la multinacional minera Vedanta para extraer bauxita de las colinas Niyamgiri, situadas en el Estado nororiental indio de Orissa y habitadas desde hace siglos por la tribu de los dongria kondh. Las actividades de esta compañía obligarán al desplazamiento forzoso de la tribu.

“No nos moveremos de aquí. En las montañas, tenemos nuestra independencia y autonomía. Si nos obligan a irnos de las colinas Niyamgiri, desapareceremos”, continúa Kadraka. Su compañero Nakul Wadaka, sastre de 28 años, añade: “No podemos abandonar este lugar. Si tenemos que morir, moriremos aquí”.

En Khajuri, una de las 120 aldeas diseminadas por las colinas Niyamgiri, que reúnen a un total de 8.000 dongria kondh, las mujeres se ocupan desde muy temprano de la artesanía y del cuidado de los niños, mientras los hombres recorren el bosque que cubre las montañas recolectando plátanos, piñas, jengibre, mango, raíces y grano. Nunca plantan en la cumbre por respeto a sus dioses. En la pequeña aldea, compuesta básicamente de dos calles con cabañas de madera, adobe y paja, los niños lloran estruendosamente ante la vista de dos extranjeros y las mujeres se muestran reservadas y temerosas. Aquí no existe la televisión, ni la electricidad, ni el teléfono. Sólo la montaña, el bosque y animales como gallinas, cabras y búfalos. Y los dongria kondh.

Estos indios son animistas y veneran la montaña, los árboles y las plantas. La montaña es su dios y ellos se consideran sus descendientes. A la colina le dedican sus sacrificios en los festivales religiosos que celebran a lo largo del año, se alimentan de sus frutos y raíces, y beben de los riachuelos que descienden de la cumbre. A la llanura, sólo bajan para vender sus productos de artesanía y hierbas medicinales en los mercados semanales de las localidades cercanas.O, mejor dicho, bajaban. Porque después de la decisión del máximo órgano legislador indio, se enfrentan a un futuro más que incierto a partir del próximo octubre, cuando den comienzo las actividades mineras en la zona para extraer la bauxita, de donde procede el aluminio que luego servirá para envolver chocolatinas o patatas fritas.

 


El Tribunal Supremo dictaminó que la compañía debe asociarse con el organismo estatal de Orissa responsable de la minería e invertir 100 millones de rupias (dos millones de euros) o el 5% de los beneficios anuales en la conservación del medio ambiente y el bienestar de la tribu. Pero ambos objetivos no parecen del todo compatibles y las ONG implicadas en la defensa de los habitantes de las colinas saben que el resultado de la explotación pasará por desplazamientos forzosos.

Varios representantes de las ONG locales e internacionales se reúnen en la localidad cercana de Kalyar Sing Pur para aunar fuerzas y buscar una solución a la desesperada. Procedentes de los estados de Orissa, Chatisgarh, Jharkand y Andhra Pradesh, donde existe el mayor porcentaje de población tribal de la India, se quejan de que muchos medios de comunicación locales estáncomprados. Y no sólo ellos.

Varios representantes de las ONG locales e internacionales se reúnen en la localidad cercana de Kalyar Sing Pur para aunar fuerzas y buscar una solución a la desesperada. Procedentes de los estados de Orissa, Chatisgarh, Jharkand y Andhra Pradesh, donde existe el mayor porcentaje de población tribal de la India, se quejan de que muchos medios de comunicación locales estáncomprados. Y no sólo ellos.

“Las actividades mineras en las colinas Niyamgiri tienen muchas consecuencias, en distintos frentes”, explica Bratindi Jena, responsable de los proyectos de protección tribal de la ONG británica Action Aid. “En primer lugar, sin la bauxita difícilmente se podrá retener el agua que nutre los cultivos y a los dos ríos de la zona. Estudios medioambientales han mostrado que podría acabar con las especies animales y vegetales en peligro de extinción, y desaparecería la cultura y el modo de vida de los dongria kondh, que habitan desde siempre la montaña”, añade Jena.

Las colinas Niyamgiri, cuyo nombre procede de Niyamraja, el dios principal de los dongria kondh, pertenece a una de las últimas zonas selváticas que permanecen vírgenes en Orissa. Con una altura de 1.200 metros, la montaña es la fuente del río Vamshadhara y de los afluentes del río Nagaveli. Las colinas forman una zona geográfica muy especial por su altura y las frecuentes precipitaciones, lo que ha creado una flora de enorme importancia, ya que alberga plantas propias de zonas como el Himalaya, al norte de la India, y las montañas Nilgiri, en el sur del país.Diversos estudios muestran que las colinas dan cobijo aproximadamente a unas 50 especies de plantas medicinales, unas 20 de plantas ornamentales silvestres y unas diez variedades de plantas de cultivo, como la caña de azúcar.

Las colinas Niyamgiri también dan acogida a una serie de especies salvajes, entre las que se encuentran tigres, leopardos, elefantes, osos perezosos, pangolines, ratones ciervo o ciervos sambar, la mayoría de los cuales se encuentran en peligro de extinción. También forman parte de la senda de migración de elefantes entre los bosques de Kondhmals y Koraput. Las Niyamgiri también acogen extraños pájaros como los tocos y buceros, y es uno de los pocos hábitats en Orissa donde mora la cobra real o la lagartija dorada.
Jena también teme que, al extraer la bauxita, desaparezcan los ríos y los cultivos de arroz del valle que se extiende a los pies de las colinas Niyamgiri.

Este es un paraje tranquilo y fuera del tiempo. Mujeres con saris de colores se doblan para recoger el arroz, con los paraguas emplazados cerca por si las lluvias acechan. “Con la mina, vendrán la contaminación y la desaparición del hábitat de la zona. ¿Y qué harán después sus habitantes? ¿Comerse el aluminio en lugar del arroz que cultivan?”, se lamenta Jena, implicada durante cinco años en la lucha contra la multinacional. “Ya hemos visto en lo que puede consistir la globalización con la reciente crisis mundial de los alimentos. Vedanta afirma que las actividades mineras traerán el desarrollo, pero yo me pregunto: ¿el desarrollo y el beneficio de quién?”.

Durante la reunión, los representantes de las ONG deciden que van a reclamar el derecho al bosque por parte de los habitantes de las colinas. La ley india concede el derecho de propiedad de la tierra a las tribus capaces de demostrar que habitan en un lugar determinado durante más de 75 años. De esta manera, al menos, recibirán una compensación económica más justa.“No deja de ser irónico que los dongria kondh tengan que luchar y defender lo que es suyo”, reflexiona Anima Baa, fundadora de la ONG local SVWSI, defensora de los derechos tribales. “Está sucediendo lo mismo en muchas zonas tribales en India: llegan grandes compañías y echan a sus habitantes de las montañas. Por un lado, se debe a que son zonas todavía vírgenes y, por otro, como las tribus carecen de títulos de propiedad y no están integradas en el mundo moderno, es muy fácil echarlas por una miseria”.Los temores de estas ONG no son en vano.

En 2002, Vedanta construyó una refinería en la localidad de Lantigarh, a los pies de Niyamgiri, gracias a los desplazamientos forzosos de la zona. La propia comisión del Tribunal Supremo que estudió durante meses la situación reconoció que la Policía –y también algunos matones a sueldo– habían pegado y amenazado a quienes se quejaron de los desplazamientos. Hoy, la refinería se encuentra medio paralizada a la espera de extraer la bauxita escondida todavía bajo las montañas.



Pero muy pronto comenzará a procesar en sus silos, con mucha facilidad, la bauxita de buena calidad del estado de Orissa, que los expertos de Vedanta consideran que puede suponer el equivalente del 60% o 70% de las reservas de Australia. La compañía quiere quintuplicar el tamaño de sus instalaciones y convertirlas en las mayores del mundo.

Vedanta es una compañía transnacional de metal y aluminio de origen indio que desde hace unos años cotiza en la Bolsa de Londres. También es capaz de originar polémicas igual de transnacionales. Martin Currie, una firma de inversiones escocesa, acaba de vender sus acciones por valor de 2,3 millones de libras esterlinas (unos 2,8 millones de euros) por las dudas morales ocasionadas por el proyecto de la bauxita. El año pasado, el Consejo Ético del Gobierno de Noruego recomendó vender las acciones de Vedanta por valor de diez millones de euros “por el abuso sistemático de los derechos humanos por parte de la compañía”. A pesar de que la ley se ha puesto de su parte, la ética de sus actuaciones no parece convencer a muchos. Y a quienes no convence en absoluto es a los propios dongria kondh.

El pasado julio, miembros de la tribu se dirigieron a la reunión anual de la compañía en Londres para quejarse del proyecto en Orissa. Y, a pesar del fallo del Tribunal Supremo, han decidido continuar con la presión a la empresa: sentadas frente a la sede india de la empresa, manifestaciones, quejas ante el Gobierno local. Los dongria kondh se niegan a claudicar.

Pero se niegan sólo quienes son conscientes de la situación. Muchos habitantes de las diminutas aldeas de las colinas de Niyamgiri tienen una ligera idea de los planes de Vedanta, pero desconocen la decisión del Tribunal Supremo e, incluso, el significado de los términos Tribunal Supremo.

“Las tribus se mantienen al margen de la sociedad moderna y no están dispuestas a vivir en ciudades. Si terminan echándolas, buscarán otro bosque o, sencillamente, desaparecerán”, se lamenta Anima. La respuesta a la pregunta de Kadraka sobre si la decisión del Supremo es final, parece tener una fácil respuesta. Al tiempo que los gobernantes se encuentran en sesudas reuniones para debatir sobre el cambio climático, una tribu que vive en respeto y contacto con la naturaleza se verá obligada a abandonar su montaña, y su cultura.