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Otra amenaza para la capa de ozono

Un estudio muestra las consecuencias de una guerra nuclear regional. Las explosiones y los incendios crearían una serie de reacciones químicas en la atmósfera que causarían un agujero de dimensiones casi globales

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Una guerra nuclear entre Pakistán e India provocaría millones de muertos en la región. Pero los habitantes de la zona no serían los únicos afectados. Los autores de un estudio publicado esta semana en la revista PNAS afirman que las consecuencias de un enfrentamiento atómico regional se notarían en todo el planeta. Según los investigadores, dirigidos por científicos de la Universidad de Colorado en Boulder (EEUU), las explosiones y los incendios consiguientes provocarían una serie de reacciones químicas en la atmósfera que causarían un agujero en la capa de ozono de dimensiones casi globales.

Los científicos llegaron a estas conclusiones empleando modelos informáticos. Teniendo en cuenta los arsenales estimados de India y Pakistán, calcularon que unas 100 bombas de unos 15 kilotones (como la que explotó en Hiroshima) estallarían en las principales ciudades de los dos países. De las urbes en llamas, surgirían columnas de humo que elevarían hasta 80 kilómetros de altura en la estratosfera 5 millones de toneladas de materiales. Esta cortina de humo oscuro, con una enorme capacidad para absorber la radiación solar, elevaría la temperatura de la estratosfera y desencadenaría una serie de reacciones químicas, en particular, de óxidos de nitrógeno, que destruirían el ozono.

Los autores del estudio estiman que los niveles de destrucción de ozono llegarían al 20% en todo el globo; entre el 20% y el 45%, en latitudes medias, y entre un 50% y un 70%, en latitudes más septentrionales. Estas reducciones en los niveles de ozono se mantendrían durante cinco años y seguirían siendo sustanciales durante otros cinco años más.

Daños para la salud
La capa de ozono es un escudo frente a los rayos ultravioletas y su debilitamiento provocaría el aumento de enfermedades, como las cataratas o el cáncer de piel. Muchos otros seres vivos también se verían afectados, ya que habitualmente están adaptados a los niveles de radiación de sus hábitats. Cuando en 1987 se firmó el protocolo de Montreal para hacer frente al problema del agujero en la capa de ozono, se había detectado una pérdida de alrededor del 4%, una cifra muy inferior a la que provocaría una hecatombe nuclear, por local que fuese.

Esta simulación ofrece resultados aún más preocupantes que los elaborados en la década de 1980. En 1987, un estudio del National Research Council de EEUU estimó que la explosión de 6.500 megatones en todo el mundo provocaría una pérdida de ozono del 17% y calculó una recuperación mucho más rápida. Los autores concluyen que ninguna guerra atómica puede considerarse regional, debido al impacto ecológico global que tendría.

La destrucción de la capa de ozono no sería el único problema ecológico global provocado por una guerra nuclear local entre India y Pakistán. En una conferencia en la Royal Society of Medicine, el año pasado, el investigador estadounidense Ira Helfand afirmó que el descenso de 1,25 grados que provocarían las enormes columnas de humo reduciría entre 10 y 20 días la época de crecimiento en los campos de las áreas que más alimentos producen del planeta. Según Helfand, países como Malasia, Corea del Sur y Taiwan, que importan más de la mitad de sus cereales, serían especialmente vulnerables. El investigador calculó que más de 1.000 millones de personas morirían de hambre en caso de que hubiera un enfrentamiento nuclear entre India y Pakistán.