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Anticiclones y borrascas buscan padrinos

Un comité da nombre a los ciclones tropicales, pero los ciudadanos pueden bautizar las perturbaciones que llegan a Europa 

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Katrina, Andrew o Mitch son nombres que han quedado asociados para siempre a huracanes de consecuencias catastróficas. Pero en contra de lo que podría parecer, estos apelativos no responden a la inventiva de algún medio de comunicación, sino a una sistemática científica muy precisa. Un comité internacional de la Organización Meteorológica Mundial establece seis listas predeterminadas para la cuenca del océano Atlántico, que van rotando año tras año: la que se está utilizando este año 2010 se reutilizará en 2016.

Cada lista establece 21 nombres ordenados alfabéticamente, de la A a la Z. En el caso de que se formen más de 21 tormentas tropicales, se añaden nombres según el alfabeto griego, tal y como ocurrió en el año 2005, cuando se formaron 28 ciclones tropicales. La única modificación que sufren estas listas es la eliminación de los nombres que han denominado a un huracán muy dañino o costoso, por razones de sensibilidad. Por ejemplo, nunca más se utilizarán los nombres mencionados arriba.

Las listas rotan, pero se eliminan los nombres de los muy dañinos

La lista que este año da nombre a los huracanes en el Atlántico establece que el primero de la temporada, recién disipado sobre México, llevaría el nombre de Alex, mientras que la segunda será Bonnie, aún no aparecida en escena. La nómina de nombres sigue con Colin, Danielle, Earl, Fiona

La razón por la que se nomina a los ciclones tropicales es sencillamente práctica, puesto que elimina la confusión cuando existe más de una tormenta tropical en la misma zona. Además, quedará en la memoria colectiva de las sociedades afectadas. Durante varios siglos, se denominaba al huracán con el nombre del santo del día en el que impactaba en tierra. Fue a partir del siglo XIX cuando se utilizaron únicamente nombres de mujer y en 1953 cuando el Centro Nacional de Huracanes de EEUU organizó los nombres en listas alfabéticas, manteniendo los nombres únicamente femeninos. Hubo que esperar a 1979 para que la paridad se instalara en las listas y se introdujeran de forma alternativa nombres de hombre.

Apadrinar una borrasca cuesta 199 euros, y 299 un anticiclón

La unanimidad en la cuenca del Atlántico permite usar la misma lista para el golfo de México, el mar Caribe y el este de EEUU. En cambio, no existe este quórum para el océano Pacífico, donde existen hasta tres listas distintas en función de la zona en la que se forma el ciclón. También existen listas para Australia, la región de Fiji, Papúa Nueva Guinea, Filipinas y para el norte y suroeste de India.

Las borrascas o los anticiclones que afectan a Europa no reciben un nombre oficial, tal y como ocurre con los huracanes. Todo ello a pesar de que el Instituto Meteorológico de la Universidad de Berlín establece, desde 1954, una lista predeterminada de nombres para identificar a los centros de alta y baja presión que llegan al Viejo Continente. De hecho, los medios de comunicación sí han utilizado de forma masiva alguno de estos nombres, como con la ciclogénesis explosiva que afectó a Europa con la borrasca Klaus en 2009 o con Cynthia el pasado enero.

Ahora, la Universidad de Berlín da la oportunidad a cualquier persona de poner nombre a una borrasca o a un anticiclón a través de su página web . Las reglas son sencillas: debe ser un nombre común, sin guiones, sin caracteres alfabéticos especiales, sin que se puedan utilizar apellidos o nombres de empresas. Para no herir susceptibilidades, en los años pares, las borrascas reciben nombre de mujer y los anticiclones de hombre, para alternarse al año siguiente. Sean nombres masculinos o femeninos, la oferta de perturbaciones atmosféricas para nombrar a lo largo de una temporada es muy amplia: en 12 meses, acostumbran a afectar a Europa entre 50 y 60 anticiclones y 150 borrascas.

Poner nombre a una borrasca o a un anticiclón no es gratis, puesto que el objetivo de la Universidad de Berlín es recoger fondos para financiar los estudios meteorológicos y climatológicos de sus centros. Las tarifas quedan establecidas en 199 euros para un centro de bajas presiones y 299 para las altas, más caras, ya que las áreas de alta presión, los anticiclones, acostumbran a tener una vida más larga.