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Atapuerca explora su crisis de identidad

Las excavaciones en el yacimiento burgalés comienzan hoy en busca de nuevos fósiles que aclaren el origen de dos posibles nuevas especies humanas

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Un pelotón armado con pinceles, espátulas y cascos de obra comienza hoy una batalla por aclarar los orígenes del género humano. El lance es en la sierra de Atapuerca, donde se inicia la nueva campaña de excavaciones. En este lugar han vivido cuatro especies humanas que dejaron rastros de grandes cacerías de bisontes, enterramientos rituales en profundas simas y festines caníbales a base de carne humana. Representan lo mejor y lo peor de esas cuatro especies humanas que, hasta este año, los responsables de las excavaciones creían haber identificado (Homo antecessor, el llamado Hombre de Atapuerca, Homo heidelbergensis, neandertales y humanos modernos). Pero los últimos análisis de los huesos y los dientes de las dos primeras acaban de mostrar que podrían ser en realidad especies desconocidas.

'Es una crisis de identidad que puede acabar con posibilidades mucho más fascinantes, que estemos ante una especie nueva', aseguraba ayer María Martinón-Torres, experta en dentición fósil del Centro de Evolución Humana Cenieh, en Burgos, sobre la mandíbula humana más antigua que se ha sacado de Atapuerca.

Desde hoy, 50 investigadores buscarán respuestas en forma de huesos en cuatro de los yacimientos de la sierra. Entre ellos están la Gran Dolina, donde se han rescatado los primeros huesos de niños antecessor que fueron devorados, y la Sima del Elefante, donde apareció en 2007 aquella mandíbula de la que habla Martinón-Torres. Tras ser considerada durante cuatro años la reliquia más antigua de Homo antecessor del mundo, sus descubridores dieron la campanada en mayo reconociendo que, en realidad, puede pertenecer a otra especie aún desconocida. El estudio llegó poco antes de otras evidencias que han complicado el árbol de la evolución en Europa y que, para algunos expertos, incluida Martinón-Torres, refuerza la idea de que Eurasia fue el origen 'de especies humanas nuevas', lo que arrebataría a África el cetro de única cuna de la humanidad.

El 1 de julio, la primera oleada de investigadores recibirá el refuerzo de otros cien efectivos que se quedarán hasta que acabe el mes y cese el trabajo. Antes, las zonas de excavación se expandirán a otros tres yacimientos de la sierra, incluida la Sima de los Huesos, el lugar más tenebroso y profundo del yacimiento.

'Es un sitio incómodo y espectacular', resumía ayer Juan Luis Arsuaga, codirector de Atapuerca, poco antes de enfundarse el mono para bajar al pozo que más y mejores fósiles de Homo heidelbergensis ha aportado al mundo. Es como una acrópolis de la evolución humana cuyos protagonistas son hasta 30 individuos cuyos huesos se han encontrado mezclados con los de osos y otros animales. De allí salió la calavera de Miguelón, una de las más completas, y el cráneo de Benjamina, una niña que murió a los 10 años y que nació con la cabeza deformada. Sus descubridores achacan que llegase a esa edad como una de las primeras pruebas de un impulso muy humano: cuidar de los más débiles.

Llegar a esta sala del tesoro no es fácil. 'Se entra por una gran cueva por la que hay que caminar un kilómetro. Luego hay que seguir arrastrándose o agachados hasta una sala amplia en la que aparece una fosa. A la sima [de 13 metros de profundidad] se baja por una escala', relata Arsuaga, que compara el lugar con un enorme 'calcetín'. 'Allí trabajamos ocho personas en cuclillas, turnándonos, y usando todos los adelantos posibles, incluido un escáner', relata Arsuaga, que, desde la sima, planea darle la vuelta a la tortilla de la evolución.

Apunta que los cadáveres, hasta ahora descritos como heidelbergensis, no lo son. 'Quizás habría que crear una especie nueva', reconoce el experto.

Hasta ahora se ha pensado que los heidelbergensis son parientes primitivos de los neandertales 'clásicos', es decir, los más recientes, explica Martinón-Torres. Los restos de la sima son de hace hasta 500.000 años. Desde entonces, los expertos creían que estos humanos que habitaron Atapuerca y otros lugares de Europa cuando el continente estaba infestado de leones, rinocerontes y otras bestias de la sabana habían pasado por un proceso de 'acreción'. Como en una cinta de montaje, los heidelbergensis fueron puliendo su robustez -no eran raros los que superaban los dos metros- hasta dar, unos 450.000 años después, con el 'neandertal clásico'. Se trataba de otra especie humana ya diferenciada y que desapareció por razones aún misteriosas.

Pero la versión de Atapuerca es otra. 'Se supone que las poblaciones antiguas tendrían rasgos menos neandertales y las más recientes un mayor parecido con los clásicos', señala Martinón-Torres. Pero la dentadura de los individuos de la Sima, unos de los más antiguos, 'es más neandertal que la de muchos neandertales' posteriores, señala. Esto significaría que, en contra de lo que dicen los libros de texto, en esta época, el Pleistoceno Medio, había más de un linaje humano, uno con características neandertales y otro sin ellas, viviendo (y tal vez conviviendo) en Europa.

El equipo de Atapuerca pretende presentar estas nuevas conclusiones por todo lo alto. Será en Leipzig (Alemania) el 23 y el 24 de septiembre, durante la primera reunión de la recién creada Sociedad Europea para el Estudio de la Evolución Humana (ESHE, en inglés). La organización ha sido impulsada por un puñado de paleoantropólogos europeos entre los que está José María Bermúdez de Castro, también codirector de Atapuerca. Allí se adelantará un veredicto sobre si los cadáveres de la Sima de los Huesos eran una especie nueva o 'los padres de todos los neandertales'.

'Es aún muy aventurado decirlo y, aunque es la línea que seguimos actualmente, aún hay disensión', reconoce Martinón-Torres. Para Arsuaga sólo es cuestión de tiempo, 'acabaremos nombrándolo como nueva especie', aventura, aunque no sabe cuándo.

Por ahora, prefiere centrarse en los nuevos hallazgos de la llamada Galería de las Estatuas, también en Atapuerca. Allí están apareciendo herramientas y restos de animales devorados por neandertales de hace 50.000 años. Comían ciervo, uro (una especie extinta de toro salvaje) y caballos. 'No fueron los últimos neandertales, pero sí fueron coetáneos con los de El Sidrón', señala Arsuaga, en referencia a los hallados en la cueva asturiana de cuyos fósiles se extrajo ADN para construir el primer genoma de esta especie en 2010.

Antonio R. Hidalgo, investigador del IPHES en Atapuerca.

1. ¿Qué estudia en Atapuerca?

Los restos de fauna que hay en el yacimiento de la Gran Dolina. Aunque aún no hay conclusiones, parece que fue un campamento base de cazadores y recolectores. Vivieron hace unos 400.000 años y eran Homo heidelbergensis.

2. ¿Qué cazaban?

Sobre todo ciervos, caballos y rinocerontes. Aunque hay un nivel especial, llamado TD10 2, en el que se han hallado muchos restos de bisontes. Aún no sabemos si se trata de un campamento de cazadores especializados en bisontes, un evento puntual de caza masiva o los restos de una gran trampa para animales.

3. ¿Es duro el trabajo en Atapuerca?

Nos levantamos a las ocho y excavamos hasta las dos. Después de comer pasamos un par de horas en el laboratorio clasificando el material. Hay quien se puede echar la siesta; cada uno lleva el ritmo que quiere, porque aquí hay desde estudiantes de carrera de 20 años a catedráticos de 65.

4. ¿Cuál ha sido el descubrimiento que más recuerda?

Fue en 2003, cuando excavábamos en TD6 [un nivel profundo al que se llegó con una cata en el terreno]. Allí encontramos varios restos de Homo antecessor, en concreto el húmero de un niño de 3 o 4 años. Es una sensación muy rara. Al principio no te das cuenta de qué tipo de hueso estás sacando pero antes de terminar todo el mundo lo tiene claro. Es raro pensar que es un ancestro nuestro de hace un millón de años y que sus huesos seguirán en un museo dentro de cien años, cuando yo esté muerto.