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La autopsia de un T-rex culpa a un parásito actual

Un patógeno común en las aves modernas pudo acabar con los tiranosaurios

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Su propio nombre indica su fiereza: rey tirano de los lagartos.¿A qué podría tenerle miedo un Tyrannosaurus rex? Según un artículo publicado hoy en PLoS ONE, los temibles dinosaurios deberían haber temblado de terror ante el Trichomonas gallinae, un parásito que actualmente es letal para las rapaces.

Si las aves descienden de los dinosaurios, los patógenos que afectan a aquellas podrían descender de los que afectaron a estos. O lo que es lo mismo, infecciones comunes entre las aves contemporáneas podrían haber tenido su equivalente en los dinosaurios. Esto es lo que pensó el equipo de paleontólogos responsable del estudio al tratar de encontrarle una explicación a los agujeros presentes en las mandíbulas de algunos fósiles de tiranosaurio, entre ellos el de Sue el espécimen completo más grande, que está en Chicago y el del ejemplar que sirvió para realizar la descripción científica de la especie, exhibido en Pittsburgh (EEUU).

Según concluyen los investigadores, estos agujeros son iguales a los que causa la tricomoniasis aviar. 'Los agujeros en las mandíbulas de los tiranosaurios se encuentran exactamente en el mismo sitio que en las aves modernas con tricomoniasis, y su forma y el modo en que se funden en el tejido que los rodea es también muy similar', explica Ewan Wolff, uno de los autores del estudio.

La presencia de estos agujeros es muy común en los fósiles de tiranosaurios, pero no en los de otras especies de dinosaurios. Según Wolff, las alteraciones en los huesos son difíciles de detectar en cualquier individuo, y las enfermedades óseas son relativamente infrecuentes, por lo que algo debió facilitar la transmisión del parásito en los tiranosaurios. En las aves modernas, las rapaces contraen la enfermedad al alimentarse de otras aves infectadas, como las palomas, que son inmunes. Al dar de comer a la progenie, el patógeno se transmite de pico a pico. Algo similar podría haber ocurrido en los tiranosaurios.

Steve Salisbury, coautor del estudio, señala que cerca del 60% de los ejemplares de T-rex muestra evidencias de mordiscos en la cara, una consecuencia de las luchas a dentelladas entre individuos. 'Esta forma de pelearse habría sido un mecanismo ideal para la difusión de la enfermedad', opina. De los individuos enfermos examinados, un 30% presentaba marcas de mordiscos.

Wolff también cree que esta es la principal causa de contagio, pero también apunta a otra posible vía de infección: 'Estudios sobre el comportamiento de los terópodos [el grupo de dinosaurios al que pertenece el T-rex] sugieren la práctica del canibalismo'.

Salisbury, australiano, compara su descubrimiento con la epidemia de cáncer de boca transmisible que hoy esquilma a los demonios de Tasmania y que se transmite en sus luchas a mordiscos. 'Es irónico pensar que un animal tan poderoso como Sue probablemente murió de una infección; ya nunca miraré igual a una paloma silvestre'.

 Hasta el momento se barajaban tres hipótesis para explicar los agujeros de la mandíbula de ‘Sue’, posible causa de su muerte : una infección por una bacteria actinomicete, otro tipo de contagio bacteriano en los huesos, o heridas provocadas por otros tiranosaurios. A diferencia de estas hipótesis, la teoría de que fue una enfermedad parecida a la tricomoniasis aviar da pistas sobre el sistema inmune de los T-rex. La infección se contiene en unos agujeros, sin extenderse al resto del hueso, gracias a un tipo de células inmunes, los heterófilos, sólo presentes en las aves. Y, quizás, en los dinosaurios.