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Los beneficios naturales de ser un buen padre

Un estudio prueba que los babuinos amarillos que pasan tiempo con sus crías tienen más nietos

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Los mamíferos no son los mejores padres de la naturaleza. En menos de un 10% de las especies el macho se ocupa del bienestar de sus crías. Entre los primates –orden al que pertenecen los humanos– es más habitual que el padre se haga cargo de su prole; pero, en muchos casos, el comportamiento no busca el bien del pequeño, sino una compensación carnal por parte de la madre.

El desapego por la descendencia es aún más común en las sociedades donde las hembras se emparejan con muchos machos, ya que hace más difícil para ellos saber si alguna cría es suya (y luego adivinar cuál). Los machos que ahorran tiempo en la paternidad tienen, por último, más oportunidades de buscar nuevas hembras con las que copular.

Pese a todo lo anterior, no es inútil ser un buen padre. Un nuevo estudio dirigido por investigadores de las universidades de Duke y Princeton, en EEUU, indica que dedicar atención a los hijos puede tener ventajas insospechadas para el progenitor. Según el artículo, publicado en PNAS, los babuinos amarillos (Papio cynocephalus) que pasan algún tiempo con sus crías durante su infancia tienen más nietos.

Larga vida reproductiva
La explicación tiene que ver con el efecto beneficioso que la presencia paterna ejerce sobre sus hijas. Según el estudio, cuanto más tiempo pasa el padre con sus pequeñas, antes comienzan éstas a menstruar. “Una hembra que comienza antes, tiene una vida reproductiva más larga”, explica la profesora de Duke y coautora del estudio Susan Alberts.
Los investigadores proponen varios motivos para justificar la maduración precoz de las jóvenes babuinas. En primer lugar, el padre proporciona su apoyo en las relaciones competitivas con otros congéneres, y en el caso de los recién nacidos, impide los infanticidios, un riesgo bastante común para muchos primates.

En segundo lugar, los padres pueden ayudar a que sus crías consigan más y mejores alimentos. Por un lado, la presencia de los progenitores evita que los pequeños sean interrumpidos mientras comen y, por otro, los jóvenes pueden aprender cómo conseguir mejores alimentos, observando a adultos experimentados.

Los autores del estudio señalan la paradoja de que en otros mamíferos –entre ellos, los humanos– la presencia de los padres no acelera la maduración de las crías, como sucede con los babuinos, sino que la ralentiza. Este retraso en la maduración se ha interpretado como un mecanismo para evitar el incesto, o la competición entre
el padre y su hijo.

Hasta ahora, “el dogma científico decía que los machos no contribuyen a la aptitud de sus crías”, asegura Albers. El estudio indica que la labor del padre aún debe analizarse mejor.

La paternidad animal, que suele consistir en proteger y alimentar a las crías, es sobre todo habitual entre los pájaros y los peces (y en menor medida, entre los insectos). Los mamíferos macho, como recuerda el artículo de ‘PNAS’, lo tienen más complicado para aportar su granito de arena, debido, en parte, a la gestación interna de los hijos y el periodo de lactancia tras el parto, dos etapas en las que sólo la hembra está preparada para participar. Además, la existencia de sociedades promiscuas produce la aparición de modelos familiares en los que el padre no siempre cuida de sus genes. En varias sociedades de babuinos y macacos se ha comprobado que el macho que cuida de una cría no siempre es su padre. En estos casos, es el interés en ganarse el favor sexual de la madre el motivo de las atenciones por su hijo. En sociedades cooperativas, como los tamarinos, tanto los machos dominantes como los subordinados cuidan de los hijos que suelen engendrar los primeros. En otros casos, como el de los monos de Gibraltar, el cuidado de las crías suele servir como medio para mejorar las relaciones entre machos; así, los machos que muestran una inclinación por asociarse entre ellos suelen cuidar de la misma cría.