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En busca de exolunas aptas para la vida

Los más de 300 planetas extrasolares detectados hasta ahora son difícilmente compatibles con la posibilidad de que haya vida en ellos

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El catálogo de los más de 300 planetas extrasolares detectados hasta ahora habrá decepcionado a los que esperan con impaciencia un primer signo de vida extraterrestre: todos estos planetas son excesivamente masivos, con gravedades aplastantes, y la mayoría son cuerpos gaseosos como Júpiter, difícilmente compatibles con una biología tal como este concepto se define en la Tierra.

Pero ni mucho menos se trata de que todos los exoplanetas estén cortados por este patrón, sino que las limitaciones técnicas actuales restringen la posibilidad de detección a objetos de gran tamaño.

Hasta que los nuevos telescopios permitan un cribado más fino, los adictos a la búsqueda alienígena deberán esperar. Sin embargo, el trabajo de un científico del University College de Londres podría ofrecer un interesante atajo.

Según publica David Kipping en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, igual que la observación de alteraciones en el movimiento aparente de una estrella lejana ayuda a deducir la presencia de un exoplaneta, un “bamboleo” de este durante el tránsito frente a su estrella puede delatar la presencia de un tercero en discordia: una luna.

Aunque suele decirse que un satélite gira en torno a un planeta, en realidad los dos orbitan alrededor del centro de gravedad del sistema que ambos forman. Kipping propone que las eventuales alteraciones en la velocidad y la posición del planeta revelarán la existencia de una luna, su masa y su distancia al planeta.

La hipótesis de Kipping permitirá definir sistemas de satélites en órbita alrededor de exoplanetas. Pero el estudio tiene una implicación aún más sugerente. Según Kipping, “tendremos la capacidad de detectar una luna de masa similar a la terrestre alrededor de un planeta gaseoso de masa similar a Neptuno”.

Dado que, dice el estudio, unos 30 exoplanetas ya catalogados ocupan la franja alrededor de su estrella que puede considerarse habitable, es cuestión de tiempo que se halle una luna rocosa, de un tamaño parecido a la Tierra, en una órbita con temperaturas moderadas. En resumen, una combinación propicia para la vida.