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La calabaza que demostró la leyenda de Luis XVI

Investigadores del CSIC analizan la sangre del monarca guillotinado

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Durante más de 100 años, una familia aristocrática de Bolonia (Italia), que ha pedido preservar el anonimato, ha mantenido en su poder en el interior de una cámara acorazada una calabaza pirografiada con imágenes de varios protagonistas de la Revolución Francesa. El fruto albergó, en su día, un pañuelo mojado en la sangre del guillotinado monarca francés Luis XVI, un recuerdo de este acontecimiento que, según los historiadores, adquirieron muchos testigos del ajusticiamiento.

En concreto, la prenda de la calabaza italiana pertenecía a un hombre llamado Maximilien Bourdaloue que, según explica en la pirografía, sumergió su pañuelo en la sangre del rey guillotinado el 21 de enero de 1793 y lo introdujo en una calabaza vacía de la especie Cucurbita moschata, originalmente empleada para guardar pólvora.

Por lo que parece, el testigo que mandó decorar la calabaza al artista parisino Jean Roux no conservó el pañuelo sólo por la trascendencia histórica del momento. A pesar de que la inscripción asegura que pretendía regalar la calabaza al Águila —el apodo juvenil de Napoleón—, también dice que esperaba obtener 500 francos por ella.

Más de un siglo después, la familia propietaria decidió preguntarse por la veracidad histórica y contactó con un equipo de investigadores dirigidos por el biólogo del CSIC Carles Lalueza-Fox, según explicó ayer este a Público. 'A pesar de todos los textos inscritos, ellos no sabían qué había allí exactamente, por lo que nos pidieron nuestra colaboración', comenta este experto que, aunque suele centrarse más en investigación evolutiva, no es la primera vez que trabaja en identificación de personajes históricos a través del ADN. 'En su día, demostramos por esta técnica que el cráneo enterrado en la tumba de Petrarca no coincidía con el cuerpo que le acompañaba; debió de ser robado y sustituido por otro'.

Explica Lalueza-Fox que lo primero que había que hacer con la calabaza de la familia italiana era demostrar que la sustancia marrón que tenía dentro era sangre humana, como se vio tras efectuar un test bioquímico, 'como los que se hacen en CSI', dice. Después, los investigadores procesaron el ADN y analizaron genes mitocondriales y el perfil genético del cromosoma Y. Tal y como publican en la última edición de Forensic Science International, los resultados demostraron que se trataba de la sangre de un varón 'con un perfil genético raro para la época' y con la mutación que determina los ojos azules, rasgo de Luis XVI, según se aprecia en los retratos del monarca.

Lalueza-Fox reconoce que sus datos no demuestran al cien por cien la pertenencia de la sangre al monarca. Para ello, habría que compararla con una muestra de sus herederos. 'Varios genealogistas nos confirmaron que no había descendientes vivos por línea paterna', explica. 'Existe la posibilidad de compararlo con el presunto corazón de su hijo Luis XVII, cuyos restos momificados se conservan en la catedral de Saint Denis, en París, pero estoy convencido de que los franceses no nos dejarán hacerlo', concluye el investigador.