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Cancún aborda un pacto más ambicioso del previsto

Los países industrializados estudian a reducir las emisiones entre un 25% y un 40% en 2020 para evitar una subida de la temperatura de más de dos grados. El acuerdo no incluye a EEUU, que no firmó Kioto

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Los ministros y embajadores de 194 países intentaron ayer salvar la cara en la cumbre del clima de la ONU en Cancún. In extremis, la presidencia mexicana del cónclave presentó un texto para un posible acuerdo que reconoce que los compromisos de reducción de emisiones de CO2 actuales son insuficientes para evitar que la temperatura del planeta se dispare más allá de los dos grados, el umbral más allá del cual habría un desastre ecológico, según la comunidad científica. El documento, pendiente de aprobación en el plenario de la ONU en la madrugada en España, establece el objetivo de que los países industrializados recorten sus emisiones agregadas entre un 25% y un 40% en 2020 respecto a 1990. Este rango evitaría la subida de los dos grados. La meta actual, un 18%, condena al planeta a una subida de unos cuatro grados.

Además, los países industrializados salvo EEUU se comprometerían de manera vinculante a prorrogar “lo antes posible” el protocolo de Kioto, que expira en 2012. En la práctica, el nuevo Kioto se tendría que aprobar en la próxima cumbre del clima, en diciembre de 2011, en Durban (Suráfrica). Fuentes de las negociaciones señalaban ayer que el acuerdo podría incluir detalles para materializar el fondo de 100.000 millones de dólares al año para 2020 que los países ricos prometieron a los pobres en Copenhague para ayudarles a evitar los peores efectos del cambio climático.

Al cierre de esta edición, algunas ONG ecologistas tildaban los avances de “satisfactorios”, ya que desbloqueaban la cumbre, enfangada durante 12 días por el inmovilismo de EEUU. Washington llegó a la cumbre del clima de la ONU con la boca llena de buenas palabras y las manos vacías de compromisos. La delegación de Barack Obama aterrizó en la ciudad balneario mexicana con una propuesta para reducir un 4% sus emisiones de CO2 en 2020 respecto a 1990. En el mismo periodo, la UE ha prometido un recorte del 20% que muy probablemente aumentará hasta el 30%.

Ayer, la comisaria europea de Acción por el Clima, Connie Hedegaard, abandonó durante unos minutos las negociaciones a pocas horas del final de la cumbre para lanzar un mensaje: “Queremos que quede claro que los compromisos de reducción de emisiones que hay sobre la mesa no son suficientes para evitar una subida de la temperatura de dos grados”, el umbral del desastre según la comunidad científica. Como es habitual, la comisaria no mencionó a EEUU. Las filtraciones de Wikileaks mostraron, a través de un cable de la embajada de EEUU en Bruselas, que esa es la estrategia de la UE. “[Hedegaard] espera que EEUU valore que la UE está silenciando sus críticas a EEUU, para ser constructivos”, afirmaba el despacho.

El atasco de la cumbre se produjo en tres frentes: el recorte de emisiones de CO2, la forma de entrega de los 100.000 dólares anuales prometidos para 2020 por los países industrializados a los países en desarrollo para compensar los efectos del cambio climático y la verificación de que las emisiones que declaran las naciones no están desinfladas. En los tres asuntos Washington bloqueó los avances. “EEUU ha llegado a Cancún para decir que no se mueve de su sitio”, afirma una fuente de la delegación europea.

Así las cosas, Japón y Bolivia han cargado con la culpa del fracaso de la cumbre. Japón, tras 40 años como segunda economía mundial y a las puertas de una nueva recesión, está a punto de ser superada por China. El primer ministro nipón, Naoto Kan, busca en la reactivación económica una salida a su grave crisis interna, por lo que los delegados japoneses llegaron a Cancún con un mandato: no comprometerse a una reducción de emisiones.

Japón alumbró en 1997 el nacimiento del protocolo de Kioto. 37 países firmaron el compromiso, que caduca en 2012. Estaban todos los grandes emisores del momento excepto EEUU, que durante más de una década siguió disparando su CO2 mientras el resto de países desarrollados intentaba cambiar su modelo económico. Y Japón ha dicho basta en México.

Su delegado en Cancún, Akira Yamada, proclamó en voz alta lo que no se atreve a decir la UE: no tiene sentido prorrogar Kioto más allá de 2012 sin EEUU y China. Los países dentro del protocolo emiten el 20% del CO2 mundial. EEUU y China, sin riendas legales, el 40%. Rusia, Canadá y Australia apoyaron a Japón. Incluso la ministra belga de Medio Ambiente, Joke Schauvliege, respaldó de refilón a Yamada en Cancún.

“EEUU no ha tenido un papel positivo”, lamenta la responsable de cambio climático de WWF México, Vanessa Pérez-Cirera, hablando por una coalición que agrupa a 550 ONG medioambientales de todo el mundo, Climate Action Network. A su juicio, “una de las tácticas de la cumbre ha sido enfocar la artillería hacia Japón”, cuando el compromiso de reducción de emisiones de Estados Unidos es “ridículo”.