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El caracol gigante se come Andalucía

La Junta se plantea prohibir la mascota por daños al campo y a la salud

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Vendo las crías de mis achatina fulica, tienen aproximadamente un mes y medio y ya van creciendo muy rápido, ahora son pequeñitas pero comen que da gusto...', dice un anuncio en internet. Y tanto. Pueden llegar a medir 30 centímetros de largo por 20 de alto, pesar un cuarto de kilo y vivir hasta los 9 años. Cada vez son más. Se consiguen a través de la red, en mercadillos callejeros e incluso en tiendas de animales. Y son baratas; el anunciante mencionado arriba las vende a tres euros.

Más conocidas como caracoles gigantes africanos, las achatina fulica son la nueva moda en el mundo de las mascotas. El problema, más allá de la sensación de tener un molusco enorme paseando por casa, son los estragos que este caracol, una de las cien especies exóticas invasoras más dañinas, puede causar en la agricultura e, incluso, en la salud.

Procedente del este y noreste de África, la achatina es un herbívoro que puede arrasar con más de cien especies de plantas cultivables como el algodón, las hortalizas, los bananos y los frijoles, según explica en un informe la Consejería andaluza de Medio Ambiente, que propone a las autoridades competentes incluir este molusco en futuros listados de especies prohibidas en la comunidad autónoma. De momento, Medio Ambiente ha detectado la presencia del animal en mercadillos locales, en parques zoológicos y tiene constancia de iniciativas particulares de importación y cría para la exportación.

El objetivo de la consejería es, por tanto, prevenir e impedir que se propague esta especie, capaz incluso de aprovechar las fibras vegetales que contienen las heces de las vacas, toros y caballos, un ganado abundante en Andalucía. En los países donde se ha ido estableciendo este tipo de caracol Brasil, India, Etiopía, Paraguay, Perú, Colombia, Kenia y China, entre otros ha sido localizado en cualquier sitio: jardines, calles, huertos, basureros...

Su amenaza proviene, sobre todo, de su enorme capacidad de adaptación, de su facilidad de entrada y de su potencia reproductiva: pueden poner hasta cien huevos en su primer año y hasta 500 en el segundo. Su competitividad por devorarlo todo ha llegado a provocar la reducción de poblaciones de otros caracoles de gran tamaño y otras especies de moluscos, explican los expertos.

Suponen también un riesgo considerable para la salud humanaAparte de los daños en el campo, los caracoles gigantes suponen también un riesgo considerable para la salud humana. Sus parásitos pueden convertirse en una fuente de transmisión de enfermedades infecciosas, como la meningitis eosinofílica o la angioestrongiliasis abdominal, que pueden contraerse ingiriendo la carne del caracol indebidamente preparada o transfiriendo su mucosidad a los ojos, la nariz y la boca de las personas. Esto último puede producirse simplemente tocándolos.

En el municipio brasileño de Cariacica, de hecho, ya han sido detectados dos casos de meningitis eosinofílica, recoge Medio Ambiente en su informe. No obstante, los estudios sobre su interacción con otras especies fuera de su área de origen son todavía escasos.

Las similitudes climáticas entre las zonas ya invadidas y Andalucía son 'considerables', señala Medio Ambiente en su estudio. Los puntos en común son los humedales y los ríos, fundamentales para el desarrollo de los caracoles, que se reproducen con más frecuencia en las áreas húmedas y protegidas del sol. Estas características convierten en especialmente sensibles los entornos de Aracena (Huelva) y las sierras gaditanas de Grazalema y Alcornocales.

Se reproducen con más frecuencia en las áreas húmedas y protegidas del solSegún la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, las especies invasoras constituyen, después de la pérdida de hábitat, la segunda mayor amenaza a la biodiversidad a escala global (la primera en islas) y uno de los principales motores del cambio global. Desde 2004, la Consejería andaluza de Medio Ambiente está desarrollando un programa para controlar estas especies, que incluye varias actuaciones de gestión mediante trabajos de prospección, vigilancia y seguimiento, erradicación y eliminación de las más problemáticas, además de la restauración posterior de esos hábitats.

Además, Medio Ambiente acaba de realizar un estudio pionero en España para evaluar los riesgos que conlleva la comercialización de estas especies invasoras a través de internet. Ningún portal, según el estudio, incluye avisos al usuario.