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"Una cárcel, en psiquiatría, es un quirófano contaminado para operar "

Fernando Guillén Cuervo presenta el documental 'Fuera de lugar' sobre personas con problemas psíquicos en prisión

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Alrededor de 28.000 personas encarceladas en España sufren trastornos mentales, a menudo relacionados con el consumo de drogas, una patología dual que hace más difícil la convivencia tras las rejas y prácticamente imposible la reinserción de dichos enfermos. Ese es el telón de fondo del documental Fuera de lugar, dirigido por el actor y realizador Fernando Guillén Cuervo, que se pone de nuevo tras las cámaras tras la realización de una filmación de similar índole en barrios deprimidos de Haití.

Ahora, de la mano de la Obra Social de Caja Madrid y de la Fundación El Manantial, entre otros patrocinadores, ha centrado su objetivo en esas dolencias psíquicas que merecerían la atención de un psiquiatra antes que la de un funcionario de prisiones: más allá del ámbito de Cataluny a, que cuenta con las competencias exclusivas en materia penitenciaria dentro de su territorio, tan sólo existen dos psiquiátricos penitenciarios en todo el país, los de Alicante y Sevilla. En las cárceles convencionales, más del ochenta por ciento de los reclusos, según diferentes informes y un claro dictamen de la Organización Mundial de la Salud, tendrían que recibir atención especializada. Y no lo hacen. Un extremo a poner de relieve el 10 de Octubre, Día Internacional de la Salud Mental. A juicio de Fernando Guillén Cuervo, atender problemas psiquiátricos en prisión vendría a ser lo mismo que 'ver en un pasillo de urgencias a alguien que necesita que le instalen un bypass'.

¿Por qué este documental?

'Entré en contacto con la fundación manantial para un programa de corte social de TVE, que se titula 'En movimiento', tuve oportunidad de ser conductor de ese programa y entrevistar a varios enfermos mentales en programas de la Fundación Manantial, mas dirigidos a la rehabilitación social que al encierro. Nació de ellos la idea de encargarme este documental, en el que han participado un publicista, David Salaices, y un fotógrafo, Omar Ayyashi. Se trata de un trabajo multidisciplinar, visual, fotográfico y documental, tres afectados con afecciones psiquiátricas y a los responsables de la fundación'.

Los tres protagonistas del filme, Alberto, Iván y Elisa, llegan a prisión con sus problemas psiquiátricos a cuestas, pero ya han encontrado una salida al callejón. Ella estudia geriatría y Alberto ya está en libertad. Sin embargo, sorprende que un problema tan grave parezca tan fuera de control por parte de las instituciones.

Alberto, Iván y Elisa significan tres casos diferentes de gente que ha estado en prisión. Cuando grabamos, Alberto estaba a punto de la libertad total y han tenido ayudas alternativas a la prisión gracias a este programa de la fundación Manantial, dirigido a la prevención, a la formación de juristas, o de abogados de oficio. Y es que un problema fundamental es la detección del problema antes de entrar en el proceso penal. Hay una gran limitación en los centros alternativos y los centros penitenciarios psiquiátricos de Alicante y Sevilla se encuentran sobredimensionados.

El retrato robot de la mayoría de los presos que han sufrido o sufren trastornos psiquiátricos es el mismo. Depresión económica y social, falta de medios y carencias asistenciales a lo largo del proceso judicial. En su película, se denuncia claramente que muchos de estos enfermos no son diagnosticados como tales antes de entrar en prisión. ¿Quiere decir que tenemos leyes que pueden ampararles pero carecemos de recursos para aplicarlas?

Están las leyes pero no está el tejido social y administrativo y falta el acuerdo entre los diferentes actores sociales para que esto se haga realidad, que se atienda el problema de miles de personas. Todo ello, exigiría la coordinación de sanidad, justicia, instituciones penitenciarias para que la detección del problema sea eficaz. Hay que ir a la formación de abogados, de peritos, a que haya más asistencia técnica en las cárceles y más centros donde derivarlos.

La prisión es la casa de la patología dual. Cuando se mezclan problemas psiquiátricos con la adición a estupefacientes, el resultado puede ser explosivo. Usted ha llegado a decir que derivar un problema psiquiátrico a prisión es como colocar en los pasillos de urgencias a alguien que necesita que le instalen un bypass en un quirófano. No parece que la cárcel sea una buena mesa de operaciones.

La cárcel resulta un quirófano bastante contaminado para operar en materia de Psiquiatría. Primero por las drogas, lo que termina provocando un nivel de estress en la convivencia muy alto. Existe un alto grado de peligrosidad y de carencia de derechos que muchos presos tienen. Los presos enfermos, por ejemplo, no pueden tener acceso a los permisos de fin de semana porque su salida al exterior se supone que es peligrosa. Pero, claro, todo esto no sólo afecta a España, en el resto de los países también está ocurriendo.

A pesar de abordar un asunto tan escalofriante, ¿se ha sentido cómodo tras la cámara?

Me he sentido cómodo detrás de la cámara, con mucho respeto. Ya tuve experiencia como documentalista en Haití, un lugar muy duro socialmente. Son enseñanzas que uno va adquiriendo pero no deja de ser una experiencia dura, que te conciencia de los problemas de los demás.