Publicado: 02.12.2014 17:00 |Actualizado: 02.12.2014 17:00

Caso cerrado: el esqueleto del aparcamiento es de Ricardo III

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Ricardo III ya era muy famoso. Fue el último rey inglés fallecido en combate, en 1485, en una batalla dinástica que significó el final de los Plantagenet y el principio de los Tudor. Tenía fama de cruel y así lo reflejó 100 años después Shakespeare en uno de sus dramas más populares. Ahora se ha convertido también en el personaje más antiguo identificado por ADN hasta el momento.

Hace dos años los investigadores desenterraron un esqueleto a muy poca profundidad en un aparcamiento de la ciudad británica de Leicester y solo ahora la genética, la genealogía y la historia han permitido presentar un sólido caso forense para certificar, más de 520 años después, que los restos son de Ricardo III. Algo parecido a lo que se investiga sobre los restos de Cristóbal Colón en la catedral de Sevilla, pero estos estaban identificados y Colón murió más tarde, en 1506.

La investigación ha recurrido a expertos historiadores, genealógicos y genéticos de varias universidades de distintos países. Se ha conseguido identificar a dos personas vivas, un hombre y una mujer, que son descendientes directos por vía materna de Ricardo III. Se llaman Wendy Duldig y Michael Ibsen, son primos lejanísimos y su material genético se ha utilizado para confirmar el parentesco de ambos con los restos hallados en el aparcamiento.

Sin embargo, la investigación de la vía paterna ha dado un resultado negativo e inquietante. Al menos hubo un caso de falsa paternidad en la línea que va de Ricardo III a Henry Somerset, el quinto duque de Beaufort y antecesor común de los cinco descendientes vivos estudiados. Al menos un padre no era el padre verdadero en 19 generaciones, algo, por otra parte, estadísticamente normal, según los investigadores. En todo caso, la bastardía no tuvo efectos en el linaje.

Ricardo III era rubio, al menos de niño, y tenía los ojos azules con una muy alta probabilidad, según el análisis de su ADN. Aunque no se han conservado retratos hechos durante su vida, el que más se parecería sería el que tiene la Sociedad de Anticuarios de Londres, pintado varias décadas después de su muerte.

 

El hallazgo del esqueleto no fue una casualidad, sino el fruto de un ambicioso proyecto de investigación arqueológica iniciado en agosto de 2012 tras muchos años de estudios que tuvo un éxito mayor y más temprano que el que los propios investigadores esperaban. Se desenterró no solo el convento de Greyfriars (los franciscanos), destruido por Enrique VIII, sino un esqueleto que presentaba huellas de graves heridas y una desviación pronunciada de la columna, como la que los historiadores atribuían a Ricardo III.

No hubo que desplazarse muy lejos para hacer el estudio de ADN. El concepto de "huella genética" de un individuo lo inventó Alec Jeffreys, en los años ochenta, precisamente en la Universidad de Leicester y desde entonces existe allí un fuerte departamento de genética.

En febrero de 2013 los investigadores anunciaron que los primeros análisis genéticos indicaban que se trataba del rey inglés, pero reconocían que hacían falta más pruebas, la mayoría de las cuales se presentan este martes en la revista Nature Communications. "Nuestro estudio comprende todos los análisis genéticos y genealógicos utilizados para identificar los restos del Esqueleto 1 del yacimiento de Greyfriars de Leicester y es el primero que reúne todas las líneas de evidencia para llegar a la conclusión sobre la identidad de estos restos", señala la genetista Turi King, que ha codirigido la investigación.

Como todo esto tiene lugar en el Reino Unido, con una antigua tradición monárquica y una experiencia ya dilatada en explotarla, en el que se sabía la ubicación de los restos de todos los reyes excepto este y otro, Ricardo III será enterrado solemnemente en la catedral de Leicester el próximo mes de marzo, dando por cerrado así el caso del esqueleto en el aparcamiento y la búsqueda de un rey perdido.