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Cazadores de tornados

Un ejército de 100 científicos a bordo de 40 vehículos recorre las grandes llanuras de EEUU persiguiendo a estos fenómenos esquivos y destructores 

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La temporada de tornados ha comenzado en las grandes llanuras de Estados Unidos. Hace unas semanas se abrió la veda y más de un centenar de científicos de una docena de universidades se han echado literalmente a la carretera para cazar a uno de los fenómenos meteorológicos más destructivos a la par que desconocidos de la Tierra. Montados en una flota de 40 vehículos con la tecnología más avanzada, recorren un trayecto de 1.500 kilómetros a la caza de uno.

La misión VORTEX 2 (siglas en inglés de Experimento de Verificación del Origen de la Rotación en Tornados) se puso en marcha el pasado 1 de mayo y recorre hasta el 15 de junio las planicies desde Texas, al sur, hasta Minnesota, al norte. Los estados que hay entremedias y los limítrofes, como Nuevo México y Colorado, al oeste; Misuri y Iowa, al este, y Oklahoma, Kansas, Nebraska y Dakota del Sur, en el corredor central, forman el llamado callejón de los tornados.

 

Estos diez estados están en mal sitio. Forman un gigantesco valle entre las cordilleras de las Montañas Rocosas, al oeste, y los Apalaches, al este, y sobre sus cielos chocan las corrientes de aire que vienen de Canadá y las zonas polares con las que suben desde el tórrido golfo de México: aire frío contra caliente, la explosiva mezcla de la meteorología. La primavera y el verano son las estaciones de mayor diferencia de temperatura, convirtiendo a la zona en la de mayor concentración de grandes tornados del mundo.

'Sabemos mucho y apenas sabemos de los tornados', explica el investigador del Centro para la Investigación de Meteorología Extrema (CSWR) y responsable de VORTEX2, Josh Wurman (ver entrevista). Con esta expedición quieren responder a las grandes cuestiones que suscitan los tornados: cómo, cuándo y por qué se forman estas violentísimas corrientes de aire con su característica forma de espiral ascendente.

La expedición duerme cada noche en una ciudad diferente

Para conseguirlo cuenta con un centenar de científicos de 12 universidades de EEUU. También participan expertos en meteorología de Italia, Holanda, Reino Unido, Alemania, Canadá y Australia. Este ejército no tiene base fija y, como en la película Twister, se mueve continuamente a la caza del tornado. Duerme cada noche en un motel diferente.

 

Lo primero que hacen al levantarse es ver el parte meteorológico. Allí donde se presume una tormenta, se lanzan con todo su arsenal. 'Conducimos hasta ella, revisamos la previsión y la seguimos hasta adelantarla cuando está en formación. Entonces la cercamos, aguantando hasta ver si degenera en un tornado o no. Luego acabamos en otro hotel y ciudad y empezamos de nuevo', relata Wurman.

Los tornados de magnitud F5 se conocen como el dedo de Dios'

Es una ofensiva en toda regla. Por la mañana, los científicos analizan la información y diseñan un plan. En su versión resumida, se trata de rodear al tornado y obligarlo a revelar todos sus secretos. Para ello, VORTEX2 cuenta con todo un arsenal a bordo de la flotilla de coches, todoterrenos y camiones. Desde un vehículo convertido en comando central de operaciones, lanzan el ataque. Una avanzadilla clava en el terreno centenares de estaciones meteorológicas, sondas y cámaras. Tras la infantería, una treintena de vehículos se acerca lo más posible a la tormenta. Llevan a bordo instrumental para medir datos como la temperatura, humedad, presión, velocidad o dirección del viento, e incluso detalles tan pequeños como el grosor de las gotas de lluvia.

'Necesitamos rodear las tormentas tornádicas con un gran conjunto de instrumentos para poder observar tanto la tormenta en su conjunto como sus más pequeños detalles, y observarlos durante el tiempo suficiente', explica.

Una decena de radares móviles a lomos de otros tantos camiones forman la división acorazada de esta cacería. Rastrean los vientos y las lluvias con un detalle no conseguido hasta ahora. Los radares operan en distintas bandas (C, Ka, X o W) para cubrir la mayor cantidad de longitudes de onda posibles. Estos radares ofrecen una resolución de hasta 30 metros, actualizada cada diez segundos. La estrella de estos acorazados es el Rapid-Scan DOW, un radar Doppler que envía seis haces de rayos de forma simultánea. Con su rebote sobre el fenómeno, los científicos pueden crear casi en tiempo real una imagen tridimensional del tornado.

Efecto Doppler

Este tipo de radares aprovecha un efecto de distorsión conocido como Doppler. De la misma manera que el tono de un sonido emitido por un objeto en movimiento se hace más o menos agudo según se acerque o aleje del que lo escucha, las ondas emitidas por un radar cambian de frecuencia al pasar por un tornado. Las variaciones registradas permiten estudiar elementos de su estructura como su radio, altitud desde el suelo hasta la nube de la que parece colgar, la velocidad de movimiento del viento, o la de su desplazamiento sobre el terreno. Detalles que, sin el concurso de esta tecnología, no se pueden conocer o no se vive para contarlos.

Una red de 250.000 voluntarios participa en el sistema de alertas

Pero la tarea no es fácil. Los tornados son uno de los fenómenos meteorológicos más imprevisibles. La teoría los define como una violenta columna de aire en rotación que cuelga de una nube cumuliforme y, en su vórtice, toca o casi el suelo. Aunque se dan en todas las latitudes, el callejón de los tornados concentra a los más destructivos. El problema es que no siempre una de estas nubes genera una aparatosa tormenta eléctrica y menos aún desencadena un tornado.

Para su catalogación se usa la escala Fujita-Pearson mejorada (EF), que los clasifica según sus daños desde cero a cinco. Los F5, bautizados por la sabiduría popular como el dedo de Dios, son los más potentes. Llevan en su vientre vientos en rotación que superan los 330 kilómetros por hora. En 1999 se produjo el más fuerte en Bridge Creek (Okla-homa) llegando a los 500 km/h.Pueden durar desde unos instantes a horas y, con una velocidad de traslación de hasta 95 km/h., castigar a una pequeña área o recorrer enormes distancias. A su paso, los coches aprenden a volar y los árboles se convierten en misiles. El más devastador de los registrados en EEUU tuvo lugar en 1925. Bautizado como Tri-state, viajó 350 kilómetros por Misuri, Illinois e Indiana matando a 695 personas.

El ejército de VORTEX2 aún no se ha topado con ninguno en el mes que lleva recorriendo las grandes llanuras de EEUU. Le quedan aún 10 días para cazarlo. Con la información que obtenga, espera desentrañar los secretos de este fenómeno y, a medio plazo, mejorar los sistemas de alerta de tornados. A pesar de que la red de voluntarios SkyWarn tiene 250.000 cazadores de tornados, la Administración sólo es capaz de avisar 13 minutos antes de que golpeen y, para desazón de la población, en el 70% de los casos acaban en falsas alarmas.

Josh Wurman. Científico jefe de VORTEX2

¿Qué falta por saber de los tornados?

Conocemos los trazos gruesos. Sabemos cómo se forma una tormenta de supercélula y por qué rota. Pero no comprendemos los detalles de la formación de un tornado. ¿Por qué la mayoría de las supercélulas no desencadenan tornados y sólo una minoría, el 25%, sí? O ¿por qué algunas tormentas crean tornados tan fuertes?

¿Por qué han elegido la zona de las grandes llanuras?

Tienen una geografía única que las convierte en las de mayor generación de tornados del mundo.

¿Cómo se gobierna a un ejército de 100 científicos?

Es como una operación militar y tenemos que mantener una férrea disciplina para tener todas las piezas en el lugar correcto y en el momento adecuado. Debemos ser agresivos pero, al mismo tiempo, mantener a todos nuestros científicos seguros y con vida.

El pasado año, sólo atraparon un tornado. ¿Qué aprendieron de él?

Estamos aún estudiando cómo la tormenta formó el tornado. Investigamos el papel de un segundo frente frío y una fuerte corriente de aire vertical en su generación.

¿Qué harán después del 15 de junio?

Ese día acaba la fase sobre el terreno de VORTEX2. Luego regresaremos a los laboratorios y pasaremos dos o tres años analizando los muchos terabytes de información que hemos recogido.

¿Se podrán prever los tornados algún día?

Sí, si entendemos mejor cómo se forman. Confío en que VORTEX2 nos ayude a hacer mejores predicciones para el futuro.