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Un cerebro dañado puede controlar un PC

Un sistema usa las ondas cerebrales para manejar el equipo

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A veces no es necesario saber qué son unos complejos algoritmos matemáticos y sí para qué sirven. Es el caso de un sistema diseñado por un profesor de computación que permite comunicarse a las personas con daño cerebral severo y sin movilidad. Ahora, el experto busca dinero para que su prototipo pueda fabricarse en serie.

El investigador de la Universidad británica de Portsmouth , Paul Gnanayutham, ha creado un interfaz cerebro-máquina que permite manejar un ordenador a personas que tienen una lesión cerebral y son incapaces de hablar o moverse, usando los escasos sentidos de los que disponen.

La base del sistema es una cinta con electrodos colocada en la cabeza que recoge tres tipos de señales. Por un lado, graba las ondas cerebrales mediante electroencefalografía. Otro sensor capta los impulsos eléctricos de los músculos (electromiografía). Por último, un tercer electrodo controla los movimientos del ojo. Entonces es el momento de las matemáticas. Este profesor ha creado una serie de algoritmos que traducen las señales a palabras cómo , no o gracias.

Paul Gnanayutham reconoce que la idea de manejar un ordenador con la mente no es nueva. Pero pocos la han probado con personas de verdad con problemas de comunicación reales, y nadie ha combinado las ondas cerebrales con las señales musculares y las oculares. 'He trabajado con gente con daños cerebrales traumáticos, parapléjicos y que no pueden hablar, para darles voz', explica.

Gnanayutham ha trabajado durante casi un año con varios lesionados en hospitales británicos. 'El personal del hospital está pendiente de ellos, les alimenta, les lava, pero ellos no tiene voz, no tiene forma de decir que no apaguen la luz o que ese día no quieren recibir a nadie', recuerda el profesor. Aunque su prototipo sólo es capaz de reproducir cuatro o cinco órdenes simples, Gnanayutham cree que con poco dinero se podría mejorar.

Pero no está muy convencido de conseguirlo. 'Son muchos los que están investigando en los laboratorios, pero nadie lo está haciendo para la gente que realmente lo necesita'. Gnanayutham también expresa otra reflexión descorazonadora: 'Muchos de los cuidadores, e incluso las familias, no quieren dar voz a los pacientes. Es más fácil cuidarles si ellos no pueden expresar un deseo, quejarse o pedir que las cosas se hagan de otra forma'