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La ciencia como forma de vida

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Carl Sagan entendió la ciencia como la mejor forma de estar vivo. Para aquel chico nacido en Brooklyn (Nueva York) en 1934, el método científico no acababa en el laboratorio, sino que servía para afrontarlo todo, desde el insondable misterio de la vida en la Tierra hasta la lucha contra la estupidez de los políticos. Su actitud le granjeó envidias y problemas con la policía, pero también le convirtió en uno de los científicos más populares del mundo.

'En la década de los años sesenta, cuando Carl daba una charla en Harvard, no quedaba nunca ni un asiento libre, y muchos profesores mayores envidiaban toda la atención que atraía', explica a Público Bishun Khare, el astrobiólogo de la NASA con el que Sagan compartió 30 años de carrera científica. Dos décadas más tarde, cuando Sagan ya se había colado en millones de hogares con su serie de televisión Cosmos, Khare seguía en el laboratorio intentando convertir las ideas de su compañero en experimentos científicos.

El convencimiento de Sagan sobre la existencia de vida extraterrestre marcó sus contribuciones a las misiones de la NASA en las que colaboró, hasta el punto de lograr que las sondas Pioneer hacia Júpiter llevasen una placa con un mensaje de amistad interplanetaria. Esa voluntad de concordia hizo que Sagan recibiese importantes premios oficiales a uno y otro lado del Telón de Acero. También le llevó a ser arrestado en dos ocasiones entre 1986 y 1987, cuando intentaba trepar la valla de un campo de pruebas para bombas atómicas en Nevada (EEUU) como protesta contra la carrera nuclear entre su país y la URSS.

Para entonces, Sagan ya era uno de los científicos más famosos del mundo. Siguió siendo un divulgador incansable hasta su muerte y, con los años, sus escritos se hicieron más críticos con las intromisiones de la religión en la ciencia. Sabía que el mejor antídoto era el saber, el participar de las certezas e incertidumbres del universo a través del método científico. En la última entrevista televisiva que concedió antes de morir en 1996 por una preleucemia, Sagan volvió a promover que todo el mundo participe de la ciencia y el pensamiento crítico para poder controlar un futuro cada vez más basado en la investigación y la tecnología. 'Si no lo hacemos así, nunca controlaremos al Gobierno, sino que el Gobierno nos controlará a nosotros', advirtió.