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Cinco especies de atún están amenazadas

La inclusión de los túnidos en la Lista Roja sacude al sector pesquero español

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Unos días después de que Sanidad recomendara a los niños menores de 3 años y a las embarazadas no comer atún rojo y pez espada por sus dosis de mercurio, la ciencia vuelve a sacudir al sector pesquero. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) exigió ayer una 'mayor protección urgente' para diferentes especies de atún, después de evaluar su situación por primera vez en la historia. Cinco de las ocho especies de atún han entrado de cabeza en la Lista Roja de especies amenazadas: el atún rojo del Sur, en peligro crítico de extinción; el atún rojo del Atlántico, en peligro; el patudo, vulnerable; y el rabil y el bonito del norte, en la categoría de casi amenazados.

La decisión de la UICN es un varapalo al sector atunero español, uno de los más potentes del mundo. La flota europea, compuesta por España (60%) y Francia (40%), captura cada año unas 400.000 toneladas de atún, según la propia industria. Los barcos congeladores españoles persiguen atunes tropicales (rabil, listado y patudo) en aguas internacionales y con convenios con países africanos. En 2009, la industria conservera española produjo casi 240.000 toneladas de atún, con un valor de 700 millones de euros.

En su estudio, publicado hoy en la revista Science, los científicos advierten de que las especies más amenazadas son las de mayor valor económico. El atún rojo, por ejemplo, se exporta desde España a Japón para hacer sushi por entre 6.000 y 12.000 euros cada pieza. Al tratarse de especies de vida larga, tardan años en alcanzar la capacidad de reproducirse y las poblaciones son incapaces de recuperarse de la sobrepesca.

La bióloga de la Universidad de A Coruña María José Juan Jordá, coautora del estudio, cree que la situación es 'preocupante' para las cinco especies de atunes amenazadas. 'Uno de los grandes problemas es la sobrecapacidad de la flota, todos los barcos quieren su cuota de pesca pero los recursos son limitados', denuncia. A su juicio, la solución no es cerrar las pesquerías de las especies amenazadas, 'por las consecuencias económicas que tendría la decisión', sino reducir el tamaño de la flota atunera y el tiempo que pueden estar faenando.

Fuentes del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino señalan que las medidas de gestión de las pesquerías se adoptan 'en el ámbito de regulación multilateral' de las organizaciones regionales de pesca, al tratarse de especies migratorias. 'Este y otros informes científicos se verán en las próximas reuniones', aseguran. Estas organizaciones del atún se encontrarán entre el 11 y el 15 de julio en La Jolla (EEUU).

Una de ellas será la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT), formada por 48 países. El ICCAT gestionó de manera nefasta el atún rojo hasta dejar la especie al borde de la extinción y no vio la creación de un mercado negro de 4.000 millones de dólares a su alrededor entre 1995 y 2007, según desveló el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación. Ahora la situación ha cambiado gracias a un plan de recuperación aprobado por el ICCAT que ha recortado las capturas hasta un 75%.

La decisión de la UICN viene cargada de polémica. El biólogo Antonio Di Natale, que habla 'exclusivamente a título personal' aunque es científico del ICCAT, participó en este nuevo estudio de la UICN pero pidió que se eliminase su firma en el último minuto. 'Tengo dudas sobre el sistema que han empleado para evaluar la situación del atún rojo. Deberían haber usado la mortalidad por pesca y no la biomasa [la masa total de peces], que está afectada por otros muchos factores no humanos', explica. 'El caso del atún rojo es político, porque es icónico. Esto no es ciencia', opina.

El secretario general de la patronal española Cepesca, Javier Garat, acusa a la UICN de 'recibir millones de dólares del Pew Environment Group', una ONG de EEUU muy activa en la conservación de especies marinas. La UICN agrupa a 84 estados, 111 agencias gubernamentales y más de 800 ONG. 'No se puede generalizar con una especie. Habrá caladeros que estén bien, como el bonito del norte del Cantábrico, y otros que no'.