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Un compuesto tapa el 'arpón' que usa el VIH para infectar

Científicos españoles esperan obtener una versión clínica de un antiviral natural del propio organismo

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Aunque parece que el foco científico en el campo del VIH está puesto en el logro de una vacuna terapéutica o preventiva, o de algún otro método de prevención que complemente al uso del preservativo, la farmacología frente al virus todavía requiere de avances.

Actualmente se dispone de multitud de fármacos antirretrovirales, pero existe una problemática común a todos ellos: el posible desarrollo de resistencias (que hace necesario que los seropositivos tengan que cambiar de terapia cada cierto tiempo) y los efectos secundarios.

Su acción dificulta al virus encontrar atajos, lo que evita resistencias

Por esta razón, es una buena noticia la publicación hoy en la revista Science Translational Medicine de un estudio con participación española en el que se define una nueva molécula que es capaz de evitar la replicación del VIH o, lo que es lo mismo, de controlar la carga viral para que el paciente no desarrolle sida, lo mismo que logran con éxito los antirretrovirales ya en el mercado.

Aunque el fármaco ha sido probado con éxito en 18 seropositivos que no habían sido tratados hasta el momento (los llamados pacientes naïve), los autores del estudio reconocen que no se podrá utilizar en su actual versión, porque es intravenoso y muy caro, ya que su elaboración es costosa y la molécula es aún 'muy grande', explica a este diario uno de los autores del trabajo, el investigador del Centro de Investigaciones Biológicas (CSIC) Guillermo Giménez.

No está claro que el equipo español que ha coordinado Giménez vaya a participar en el ensayo de fase III, que probará la molécula en un número elevado de seropositivos. Sin embargo, el equipo sí está trabajando en el desarrollo 'más preliminar' de otro fármaco similar, según adelanta el investigador.

Otra ventaja es que apenas provoca efectos secundarios y solo de tipo leve

El nuevo compuesto está basado en un péptido (una proteína pequeña) producido por el organismo de forma natural que se denomina VIRIP y que fue descrito en la revista Cell en 2007 por el equipo alemán que ha participado en este estudio. Lo localizaron por un curioso sistema, según explica Giménez: 'En Alemania utilizan un sistema de diálisis distinto al que aplicamos aquí; es más rápido, pero se pierden más sustancias y la pequeña compañía detrás de este estudio, Pharis un spin-off de la Universidad de Hannover recoge todas esas sustancias para identificar péptidos como este'.

Se observó que el VIRIP, que impedía que el VIH inyectase su contenido a través de la membrana celular, no servía por sí solo como medicamento. 'El organismo lo tiene también para otros virus', comenta Giménez. Entonces se abordó un 'segundo paso': crear 600 variantes del péptido hasta dar con una similar a otros antirretrovirales.

El elegido después de los tuneos, el VIR576, se adhiere al extremo de la proteína del VIH gp41, que el virus usa para entrar en la célula e infectarla. Es, por lo tanto, un inhibidor de la fusión, una familia que ya existe en los fármacos antirretrovirales. Sin embargo, presenta diferencias con los dos medicamentos de este tipo desarrollados por laboratorios: maraviroc y enfuvirtide T20. 'El primero solo sirve para un subtipo del VIH-1, el que se acopla al receptor secundario [una llave de ayuda para entrar en la célula] CCR5; no es eficaz para los que utilizan el receptor secundario CCR4, aproximadamente la mitad', subraya Giménez. En cuanto al T20, que difiere del nuevo fármaco en la vía por la que se impide la entrada del virus en la célula, tiene como principales problemas que debe ser administrado por una inyección subcutánea y que se asocia al desarrollo rápido de resistencias.

'En Alemania utilizan un sistema de diálisis distinto al que aplicamos aquí'

Evitar las resistencias parece, precisamente, una de las mayores ventajas del VIR576 y está propiciada por su particular mecanismo de acción, que Giménez define así: 'El fármaco envuelve la punta de una especie de arpón que el virus clava en la célula que va a infectar. Como la punta del arpón no puede ser alterada por el virus, este no puede encontrar fácilmente atajos para hacerse inmune a VIR576 y pierde, por lo tanto, su capacidad de infectar'.

Otra de las ventajas de la molécula, que esperan replicar en la versión 'pequeña' que la convertirá en un fármaco para uso clínico, es la escasez de efectos adversos. En los ensayos clínicos de fase I y II, los 18 seropositivos que aportó el equipo alemán apenas los sufrieron: tan solo se registraron algunos casos de alergia en la piel, estreñimiento o dolor de cabeza.