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El corazón de la galaxia es un agujero negro

Está a 27.000 años luz de la Tierra y su masa es cuatro millones de veces el Sol

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Una recopilación de datos durante 16 años ha permitido a un equipo de científicos del Instituto Max Planck de Física Extraterrestre (Alemania) localizar con precisión el agujero negro que preside el centro de la Vía Láctea, un objeto propuesto en numerosos estudios anteriores y cuya existencia queda ahora, según el director del trabajo, Reinhard Genzel, confirmada “más allá de toda duda razonable”. El estudio cifra la masa del agujero negro en 4,31 millones de veces la del Sol y su distancia a la Tierra en 27.156 años luz.

En la constelación de Sagitario, en el corazón de la galaxia, se encuentra una estructura llamada Sagitario A, formada por tres componentes. Uno de ellos, Sagitario A*, es un potente emisor de ondas de radio. Las observaciones de las órbitas de estrellas cercanas en torno a este elemento sugirieron que podía tratarse de un agujero negro supermasivo, un tipo de objeto que podría, según muchos astrónomos, ocupar el centro de muchas galaxias, tal vez de todas.

El testigo más útil para estos estudios ha sido S0-2, una estrella 15 veces más masiva que el Sol y que orbita en torno a Sagitario A* a una velocidad vertiginosa, tardando menos de 16 años en completar una vuelta.

Hace seis años, Rainer Schödel, del Instituto Max Planck, dirigió un estudio que recopilaba 10 años de datos orbitales de S0-2 para estimar la masa de Sagitario A* y su distancia a la Tierra.

Otro grupo, de la Universidad de California en Los Ángeles (EEUU), publica este mes en The Astrophysical Journal resultados más precisos, analizando más de una década de datos de S0-2 recogidos por el telescopio Keck de Hawai.

El último análisis hasta hoy, el de Genzel, ha ido mucho más allá, recopilando observaciones de 28 estrellas de esa región central gracias a dos telescopios del Observatorio Europeo del Sur (ESO) en Chile.

Según informa esta institución y publicará próximamente The Astrophysical Journal, la precisión de las mediciones es de 300 microarcosegundos, “equivalente a observar una moneda de un euro a 10.000 kilómetros de distancia”.

Los caballeros jedi de ‘La guerra de las galaxias’ tal vez rendían culto a un agujero negro supermasivo, si este objeto es, como hoy creen muchos científicos, la ‘fuerza’ que mantiene unida la galaxia. Una teoría propone que las galaxias conservan su cohesión gracias a la atracción gravitatoria del agujero negro supermasivo que ocupa su centro. La existencia de uno de ellos en el corazón de la Vía Láctea, cada vez más documentada, ofrece el laboratorio perfecto para estudiar estos objetos que no son observables en el espectro visible, lo que no se debe a su carácter de agujero negro –brillan gracias al torrente de gas caliente que concentran–, sino a que el polvo interestelar apantalla su luz. Sólo superan esta barrera sus rayos X, ondas de radio e infrarrojos. Los astrónomos emplean estos últimos para estudiar las estrellas jóvenes que orbitan próximas al agujero y cuyo mecanismo de formación aún se desconoce.