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El corazón de la manzana dice adiós

Steve Jobs, enfermo de cáncer, anuncia que se retira como presidente de Apple. Los analistas no esperan cambios en la compañía pero dudan de su capacidad de innovar en el largo plazo.

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'Gracias por todo, Steve. Tu visión y tú me habéis cambiado la vida'. 'Siento que he perdido un amigo. Por favor, Steve, recupérate'. 'Pocas personas han influido tanto en mi vida profesional y personal como tú. Eres un héroe'. La página web de Macworld, hogar de muchos fans de Apple, hierve con centenares de mensajes de homenaje a Steve Jobs, el presidente de la compañía, que acababa de anunciar su retirada. El tono de los mensajes muestra que Apple no ha perdido un simple ejecutivo; se ha quedado sin su líder. Jobs es el hombre que ha conseguido renovar, ampliar y controlar toda una industria. Es el carismático y controvertido fundador de la compañía más valiosa de la tecnología. Es el hombre de negocios a quien algunos veneran como un profeta, y que ha convertido a Apple en una religión.

Steve Jobs lleva luchando contra un cáncer de páncreas desde el otoño de 2003, pero hoy reconoció que había llegado el día en el que ya no puede cumplir con sus 'obligaciones y expectativas'. En una carta abierta, Jobs recomendaba 'encarecidamente' nombrar sucesor a Tim Cook, que lleva ya años trabajando a su sombra. 'Creo que los días más brillantes e innovadores de Apple están aún por llegar. Y espero ver y contribuir a su éxito desde esta nueva función', concluía la carta.

Apple quiso tranquilizar a los mercados, y Jobs seguirá al frente del Consejo de Administración, pero los inversores reaccionaron robando 10.000 millones de dólares a su cotización. Las bolsas no suelen tomarse con alegría los cambios, pero las dudas que genera este, en particular, son enormes. Es el precio que Apple tiene que pagar por el culto a la personalidad que ha desarrollado en torno a Jobs. 'Crear un mito es rentable, pero puede pasar factura', resume Enrique Dans, profesor de IE Business School.

El tamaño de este mito es gigantesco. 'Es el Miguel Ángel de la era digital', aseguraba Jeff Wiener, presidente de Linkedin, a Reuters. Eric Schmidt, presidente de Google y amigo de Jobs, resumía en un comunicado: 'Es uno de los mayores líderes de la historia empresarial americana'.

Steve Jobs es un personaje único, con una impresionante visión creativa y tecnológica, y un increíble olfato para el diseño, el marketing y los negocios. El fundador de Apple, en todo caso, nunca ha estado solo. A su lado siempre ha tenido a ingenieros capaces de desarrollar todo aquello que su imaginación era capaz de inventar. Cuando construyó el primer ordenador realmente personal, el Macintosh, fue Steve Wozniak. Cuando fue humillantemente despedido de Apple por el hombre que había contratado, John Sculley, Jobs se llevó a todo el equipo responsable del Macintosh y juntos inventaron NeXT, la máquina en la que Tim Berners-Lee desarrollaría, años más tarde, la World Wide Web. Después fundaría Pixar con el animador John Lasseter, recibiendo un Oscar por Toy Story. Y solo más tarde, cuando ya había demostrado al mundo que era la mente más brillante del sector mientras Apple agonizaba en su ausencia, decidió volver para salvarla de una muerte segura.

Jobs también tiene un lado oscuro. Tan brillante como tiránico, la leyenda dice que despide a todo el que no sea capaz de justificar su trabajo en un viaje de ascensor. También es legendaria su arrogancia, esa que le impidió construir clones de Mac y por la que perdió la carrera de la informática personal con el PC. 'Es la compañía más cerrada y exclusiva del mercado', dice Jaime García Cantero, analista independiente del sector. 'Es una empresa deliberadamente oscura', añade Dans.

Jobs ha recibido críticas de la comunidad de código abierto porque cierra su software cuando le conviene; de los programadores que hacen aplicaciones por sus tiránicas condiciones de trabajo; de los periodistas por su secretismo; y de muchos clientes por su mojigatería, al no permitir, por ejemplo, aplicaciones pornográficas. 'Pero la gente sigue amando esta compañía; su éxito no es tecnológico ni económico, sino sociológico', añade García Cantero.

Si Apple es más que una empresa, Jobs es mucho más que un empresario. Cuando volvió a Apple, en agosto de 1997, la acción rondaba los cinco dólares. Hoy vale 376. Ha inventado tres de los productos con más éxito de la historia de la tecnología -el iPod, el iPhone y el iPad-, revolucionando sus respectivos negocios -música, telefonía móvil e informática-. 'Jobs no crea productos, inventa mercados', resume García Cantero.

¿Sobrevivirá Apple sin Jobs? La respuesta mayoritaria es sí, al menos a corto plazo. La compañía tiene un plan de lanzamientos para dos o tres años. Además, 'Jobs ha dejado implantada su cultura y filosofía de trabajo; hay toda una generación de directivos que, antes de actuar, piensa: ‘¿qué haría Steve?', dice Dans. Apple tiene 'la mayor concentración de genios en tecnología, diseño y marketing, de Silicon Valley', decía en The New York Times el periodista David Pogue, que también reconocía, sin embargo, que ninguno de ellos tiene la brillantez, el olfato, la personalidad, el carisma y la capacidad de persuasión que han hecho legendario a Steve Jobs y a Apple y, de rebote, a toda una industria. Si no inventa Jobs, ¿quién lo hará? 'Debe de haber mucha gente llorando en la competencia', bromea García Cantero.

Es el largo plazo, por tanto, lo que inquieta a inversores y empleados. Pero, por ahora, Jobs sigue vinculado a Apple, como lo ha estado desde que la fundó, con 21 años, e incluso durante el tiempo que se fue. En 1985, después de salir de Apple, confesaba a Playboy: 'Siempre estaré conectado a Apple. Puede que haya unos años en que no esté ahí, pero siempre volveré'.

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