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Una decena de fuentes tóxicas acecha al Danubio

Sus riberas albergan balsas de minas, refinerías y otras amenazas, según WWF

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La balsa de residuos tóxicos que ha acabado con la vida en varios afluentes del Danubio, y que ha arrasado poblados como Kolontar, Devecser y Somlovasarhely no es única. En Hungría hay otras instalaciones que acumulan unos 50 millones de metros cúbicos de residuos de similares características, cerca de ríos y de zonas de acuífero kárstico. En las cercanías del Danubio se encuentran las balsas de Almásfüzito, a unos 80 kilómetros de Budapest. Según explica la organización WWF, siete estanques de un tamaño de 40 hectáreas albergan 12 millones de toneladas de fango rojo producidas entre 1945 y 1995.

Una organización local ha denunciado en varias ocasiones las condiciones de almacenamiento de los productos tóxicos. Entre ellas, destaca que no se ha impedido que se produzcan fugas en las balsas y que el líquido está prácticamente en contacto con las aguas subterráneas, e indirectamente con el Danubio. 'Es responsabilidad de Europa prestar atención a los residuos que se generan allí, pero cada país debe aplicar la directiva europea y en algunos casos no se está haciendo correctamente', explica la responsable del área de aguas de WWF España, Eva Hernández.

Hungría acumula unos 50 millones de metros cúbicos de residuos

En Serbia, las autoridades ya han preparado medidas ante la llegada del vertido tóxico de Ajka al caudal del Danubio. Pero este país, según WWF, también debería prestar atención a las dos refinerías de petróleo que se encuentran cerca del Danubio. Una de ellas está ubicada a dos kilómetros del río, en la ciudad de Pancevo. Su capacidad está en torno a los 4,8 millones de toneladas anuales. En 1999 fue bombardeada por la OTAN y un equipo de WWF ya alertó entonces de la contaminación. Muestras del agua y del suelo revelaron cantidades considerables de mercurio y otras sustancias tóxicas como dioxina. 'Aunque está claro que una guerra agrava el problema en zonas productoras de residuos, esa contaminación ya estaba allí', añade WWF.

Aunque la organización reconoce que el Gobierno de Serbia ha realizado esfuerzos en los últimos años para mejorar estas instalaciones, otra seria amenaza es la refinería de Novi Sad, la segunda ciudad más grande del país, que tiene una capacidad de 2,6 millones de toneladas anuales y también fue bombardeada.

El Danubio transcurre por 450 kilómetros de Bulgaria. WWF recuerda que este país acoge casi 20 balsas y que, aunque algunas ya no están en funcionamiento, los metales siguen en contacto con el suelo y representan una seria amenaza. Una de esas balsas está situada cerca de la ciudad de Chiprovtsi, en el río Ogosta, uno de los principales afluentes del Danubio en Bulgaria. 'Las balsas abandonadas son el mayor problema explica Hernández porque no hay nadie a quien exigir responsabilidades y se desconoce si están contaminando suelos y acuíferos'.

'Hablan de empleos, pero los campos quedan arrasados', dice WWF

En el inicio del delta, en Rumanía, se encuentra la planta productora de aluminio de Tulcea, que dejó de operar durante dos años, y que produce grandes cantidades de lodo rojo rico en metales pesados. Sus residuos cubren más de 20 hectáreas. A esta contaminación se suma la planta de acero de ArcelorMittal, en Galati, a las orillas del Danubio. La organización WWF denuncia que la planta no cumple con la normativa básica de medio ambiente. Produce mil toneladas de residuos al día, y estos cubren cien hectáreas.

La mina de oro Rosia Montana, en Rumanía, ha sido diseñada como la más grande de Europa. Ciudadanos y activistas se oponen al proyecto desde 2002. Aunque en un principio todo apuntaba a la paralización de las obras, finalmente la Comisión Europea no las prohibió. La construcción de esta mina implica el movimiento de todos los habitantes de esta ciudad. Además, el oro se separará usando cianuro de sodio, a lo que habría que sumar los metales pesados y el dióxido de azufre.

Mientras, la compañía propietaria alega que impulsará el empleo. 'Siempre argumentan los empleos que se van a generar, pero después los ríos permanecen contaminados durante años, y los campos que quedan arrasados después de un desastre ya son estériles. Se ha avanzado en cuanto a regulación, pero se podría haber hecho mucho más. Lo que se necesita es que los políticos sean valientes', resume Hernández.

En enero de 2000 el fallo de un muro de contención en la mina de oro de Baia Mare (Rumanía) arrojó un veneno de cianuro y metales pesados a afluentes del Danubio. La tragedia se extendió por la cuenca del río Tisza al Danubio, afectando a Hungría, Serbia y Bulgaria. Hubo más de mil toneladas de peces muertos y se contaminó la fuente de agua potable de 2,5 millones de personas. Tras el derrame de Baia Mare, Bruselas presentó una nueva directiva sobre gestión de residuos, donde se exige que la concentración de cianuro en las balsas “se reduzca al nivel más bajo posible”. Los opositores de la mina de oro de Rosia Montana se han apoyado en la experiencia sufrida en Baia Mare para negarse a su construcción. Antes del desastre, Baia Mare ya estaba catalogada por la OMS como punto conflictivo.