Publicado: 29.08.2011 08:00 |Actualizado: 29.08.2011 08:00

Un depósito en Madrid para muertos que querían seguir viviendo

Una asociación recién creada en España quiere construir un almacén de 500 cadáveres humanos congelados con la esperanza de revivirlos en el futuro, si la ciencia lo permite

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La Comunidad de Madrid podría contar con un depósito de cadáveres congelados en los próximos años si un grupo de partidarios de esta técnica experimental, permitida en EEUU, logra vencer todas las trabas burocráticas, legales y éticas a las que se enfrenta. La recién creada Asociación Iberoamericana de Criopreservación, con sede en la capital de España y un centenar de miembros, según sus cifras, pretende construir un centro de investigación de conservación de tejidos vivos en frío en un pueblo de la Sierra Norte de Madrid. El centro incluiría "un albergue de pacientes", un eufemismo para hablar de un almacén de humanos congelados, con capacidad para 500 cadáveres, a la espera de que la ciencia halle una manera de revivirlos.

La Asociación cree que puede aprovechar una triquiñuela legal para conservar cuerpos donados a la ciencia y asegura que un alcalde ya ha mostrado su "buena disposición" para ceder un terreno municipal, según explica su portavoz, Francisco Roldán. La criónica, muy discutida por la comunidad científica, consiste en conservar un cuerpo a la temperatura del nitrógeno líquido, 196 grados bajo cero, inmediatamente después de su muerte, con la esperanza de revivirlo en el futuro.

El proyecto imita a uno de EEUU que lleva anunciándose desde 2004

De momento, según explica uno de los pocos científicos españoles que trabajan en criopreservación de mamíferos, Ramón Risco, es ciencia ficción. "Conservar un cadáver congelado con la esperanza de que se pueda revivir en un futuro no tiene sentido", afirma tajante. Risco es responsable del grupo de Criopreservación de Tejidos y Órganos de la Universidad de Sevilla. Su equipo ha logrado revivir un organismo muy sencillo: el Caenorhabditis elegans. Este gusano, con aparato digestivo y reproductor, vive unos diez días. Si se congela cuando tiene cinco días y se mantiene durante meses a 196 grados bajo cero, al volverlo a calentar vive los cinco días de vida que le faltaban. Pero, a diferencia de los humanos, se congela cuando todavía está vivo.

"A día de hoy, cobrar a alguien por congelar su cadáver es un timo, porque no está probado que funcione ni siquiera en una rata", añade. En cinco décadas de investigación, la ciencia, explica Risco, sólo ha logrado revivir un riñón de conejo y un útero de rata. Ahora se trabaja para conseguirlo en organismos más complejos, como la mosca de la fruta.

La Asociación Iberoamericana de Criopreservación, sin embargo, confía ciegamente en los futuros avances. "La ciencia es nuestra religión", admite Roldán. Su plan para la Sierra Norte de Madrid sigue el modelo de Timeship, un proyecto de centro para conservar 10.000 personas congeladas que se ha planeado en EEUU.

"Conservar un cadáver congelado no tiene sentido", critica un científico

Allí, dos empresas, Alcor y Cryonics Institute, conservan más de 200 muertos a 196 grados bajo cero. También emplean la argucia legal de aceptar cuerpos donados a la ciencia, según explica Roldán. Alcor guarda 106 cadáveres en Arizona, incluyendo la hija de la empresaria española Eulalia Castillejo, fallecida a los 21 años. Cryonics Institute, en Detroit, conserva otros 106. Ambas son organizaciones sin ánimo de lucro, aunque cobran más de 100.000 euros por "paciente", como denominan a los cadáveres. El importe se satisface normalmente a través del seguro de vida.

Timeship ("máquina del tiempo") sería una tercera instalación, con capacidad para 10.000 cuerpos. Sus promotores lo llaman "el Fort Knox de los materiales biológicos". En 2004 anunciaron su inminente construcción como "las instalaciones más seguras y tecnológicamente avanzadas del mundo para el almacenamiento de materiales biológicos, incluyendo órganos para trasplantes, ADN y personas viajando a un futuro en el que podrán ser reanimadas para disfrutar de vidas saludables sin envejecer".

La asociación de criopreservación cobraría 60.000 euros por paciente'

El complejo, además del edificio principal de 25.000 metros cuadrados, incluía laboratorios de investigación, un centro de conferencias, un hotel y una residencia para los enfermos terminales que esperan su muerte para criopreservarse. El proyecto dio la vuelta al mundo gracias a su aparición en los principales medios de comunicación. Luego se esfumó. Y sigue parado. Sus promotores, el fundador de la Life Extension Foundation, Saul Kent, y el arquitecto Stephen Valentine, aseguran que siguen buscando un emplazamiento adecuado. En los últimos días, la prensa local sitúa el complejo en el condado de Kendall, en Texas.

"Nuestro proyecto será algo similar al Timeship, pero más pequeño", explica Roldán, que anuncia un concurso internacional de arquitectura para diseñar el complejo "en unos meses". Asegura que han elegido Madrid por estar "en el centro de la península Ibérica y en una zona de baja actividad sísmica". Cobrarían unos 60.000 euros por cuerpo, según sus cálculos iniciales. El dinero para construir el centro, "entre 30 y 40 millones de euros", no será problema, asevera. "En la asociación hay personas con un nivel adquisitivo muy alto. Y nos corre prisa, por egoísmo personal. Estamos, evidentemente, en una carrera contra el tiempo", señala Roldán, de 51 años.

La Asociación Iberoamericana de Criopreservación sigue los pasos de la Sociedad Española de Criogenización, cuyo presidente, Andrés Albarrán, murió el año pasado de un paro cardiaco sin poder criopreservarse. Tenía 76 años. Ambas organizaciones hacen presión para que esta técnica experimental sea legal en España. Actualmente, una persona sólo tiene tres opciones tras su muerte: ser enterrado, ser incinerado o donar su cuerpo a la ciencia. En sus estatutos, la Asociación Iberoamericana de Criopreservación se pone como misión "promover la implantación" en España de la criónica, como "alternativa ética y racional a la eutanasia y a los servicios funerarios tradicionales".

Roldán explica que uno de los ingenieros de la asociación, Alberto Sarmentero, ha desarrollado y patentado una contenedor portátil propio, denominado Ion-Dewar, que emplearían en las instalaciones de Madrid. El aparato, con un generador de nitrógeno líquido, también podría instalarse en los nichos de los cementerios, según sus creadores.