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Dinosaurios, reyes por accidente

Un estudio sugiere que su éxito no se debió a una mejor evolución, sino a la extinción azarosa de sus competidores

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¿Quién no ha oído hablar de los dinosaurios? En cambio, ¿quién ha oído hablar de los crurotarsales? Ambos grupos emparentados fueron feroces rivales durante 30 millones de años. De hecho, los segundos iban ganando la partida de la evolución y todo apuntaba a que se impondrían finalmente con comodidad. Pero no fue así. Los dinosaurios se convirtieron en los reyes de la creación y de la fantasía infantil, mientras que la única referencia reconocible de los crurotarsales es que sobrevivió un pequeño grupo residual, del que descienden los cocodrilos actuales. Todo ello, afirma un estudio publicado en Science, no se debió a otra causa que la suerte.

La visión tradicional y el cine han extendido la idea de que los dinosaurios fueron los dueños del planeta durante los 180 millones de años que duró la era mesozoica, y que sólo el impacto de un asteroide provocó un cataclismo que logró acabar con estas perfectas máquinas de la naturaleza. Tras la gran extinción, los mamíferos, hasta entonces escondidos bajo tierra y al abrigo de la noche, aprovecharon el hueco libre en los ecosistemas para crecer y multiplicarse.

Pero si los mamíferos fueron oportunistas, no fueron los únicos. En el amanecer de los dinosaurios, el periodo Triásico (de 251 a 199 millones de años atrás), los crurotarsales eran más abundantes que sus famosos primos, según el registro fósil. La misma idea se corrobora en el nuevo estudio de la Universidad de Bristol (Reino Unido). Steve Brusatte y sus colaboradores han comparado 437 rasgos anatómicos en esqueletos de 64 especies de dinosaurios y crurotarsales para analizar dos parámetros: la disparidad (diversidad de formas, tamaños, dietas y estilos de vida) y la tasa evolutiva (velocidad de aparición de nuevas especies).

Golpe de timón evolutivo

Los resultados son claros: los crurotarsales eran más diversos en formas, tamaños y hábitats, mientras que la tasa evolutiva era similar en ambos grupos. Según Brusatte, “si hubiéramos estado presentes al final del Triásico y nos hubiesen preguntado qué grupo dominaría el mundo los siguientes 130 millones de años, todos habríamos apostado por los crurotarsales”.

¿Por qué la evolución sufrió este golpe de timón? “No tenemos la respuesta, pero sospechamos que no fue más que suerte, llana y simplemente”, dice Brusatte. “Los dinosaurios no sólo tuvieron suerte una vez, sino dos”. El científico explica que se produjeron dos grandes extinciones, hace 228 y 200 millones de años. Ambos grupos lograron sobrevivir a la primera, pero la segunda, ocasionada por un rápido calentamiento global al final del Triásico, acabó con la mayoría de los crurotarsales por razones que Brusatte achaca al azar. Los dinosaurios, sin embargo, capearon la crisis climática y poblaron la Tierra.

El director del trabajo, Michael Benton, apunta: “Nos gusta pensar que la evolución es progresiva, como las mejoras en los modelos de coches; por eso cuesta aceptar que el azar juegue un papel”.

 

Hace 240 millones de años, en los albores de la edad de los dinosaurios, todas las masas terrestres del planeta estaban agrupadas en un único supercontinente llamado Pangea. La Antártida, más cálida que hoy, lindaba con la actual Suráfrica. En ambas regiones se ha encontrado una rica variedad de fósiles que comparten muchos rasgos comunes.

El último hallazgo de la antigua fauna antártica ofrece un rasgo anatómico inédito hasta ahora: dientes en el paladar, tan grandes como los del filo de la mandíbula. El portador de esta temible arma era ‘Kryostega collinsoni’, un anfibio de casi cinco metros, con un cráneo de casi un metro y de aspecto parecido a los actuales cocodrilos. Los científicos de EEUU y Alemania, que describen la especie en ‘The Journal of Vertebrate Paleontology,’ concluyen que debía tratarse de un feroz depredador acuático. Según Christian Sidor, director del estudio, era “el mayor animal antártico del Triásico”.