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Un duelo anónimo por conquistar el espacio

'Space Race' rememora la carrera espacial entre EEUU y la URSS

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El 4 de octubre de 1957, un pitido inexplicable comenzó a escucharse en receptores de radio de todo el mundo. Aquel bip bip machacón no eran interferencias, sino señales de radio emitidas desde el espacio por el mítico Sputnik. Significaban que la URSS se había convertido en el primer país del mundo en poner un satélite artificial en órbita, para bochorno de EEUU.

Fue el primer hito de la carrera espacial que ambos países llevaban corriendo en secreto durante más de una década.

Un ex oficial de las SS acogido por EEUU y un ingeniero ruso que pasó años encerrado víctima de las purgas de Stalin lideraban los esfuerzos de cada país, como relata Space Race, un documental dramatizado producido por la BBC que Público comenzará a entregar a sus lectores a partir de este domingo.

Del lado estadounidense estaba Wernher von Braun, quien diseñó los temibles cohetes V-2 con los que Alemania bombardeó Londres y otras capitales europeas durante la II Guerra Mundial matando a miles de personas. A pesar de su pasado nazi, Von Braun se convirtió en un popular ciudadano que salía en televisión para contar sus sueños de conquistar el espacio y colaboraba con Walt Disney en programas para niños.

Su rival soviético era un hombre sin identidad del que solo se conocía un sobrenombre, el diseñador jefe. Fue el padre del Sputnik, de las primeras naves que llegaron a la Luna y también de las que llevarían al espacio al primer animal, la perra Laika, y el primer hombre, Yuri Gagarin, en 1961, para sorpresa de sus rivales yanquis.

Solo después de su muerte por enfermedad, en 1966, la URSS reveló el nombre del diseñador jefe: Sergei Koriolov. Hoy llevan su nombre un cráter de la Luna, otro en Marte y la ciudad rusa desde la que el país controla todas sus misiones espaciales.

La cuarta entrega de la serie muestra cómo Von Braun alcanzó al final la gloria cuando su cohete Saturn V logró enviar la primera misión tripulada a la Luna a bordo del Apolo 8 (1968) y asegurar que los astronautas de EEUU pudiesen plantar la bandera de su país en el satélite un año después.