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Duplican la vida de ratones que envejecían prematuramente

Una mutación incrementa la capacidad de producir nucleótidos para reducir la fragilidad del genoma y contrarrestar el envejecimiento prematuro de los ratones mutantes.

Dos ratones sobre un pedazo de queso.

EUROPA PRESS

Investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) han conseguido duplicar la esperanza de vida de ratones que envejecían más rápido de lo normal, gracias a una mutación que incrementa la capacidad de producir nucleótidos para reducir la fragilidad del genoma y contrarrestar el envejecimiento prematuro de los ratones mutantes.

El trabajo, publicado en la revista 'Genes&Development', es la continuación de un trabajo publicado en 2009 que describió que los ratones con niveles reducidos de la proteína ATR, involucrada en la reparación del genoma, envejecían más rápido de lo normal.

En este caso, el equipo liderado por Óscar Fernández-Capetillo ha conseguido duplicar la esperanza de vida de estos ratones frenando su envejecimiento prematuro. Y lo han conseguido precisamente mediante la introducción de una mutación que incrementa la capacidad de producir nucleótidos, los 'ladrillos' que componen el ADN.

Los autores partieron de trabajos previos realizados en el organismo unicelular 'Saccharomyces cerevisiae', levadura en la cual se había visto que un nivel elevado de nucleótidos era capaz de mejorar la viabilidad de células mutantes para la proteína ATR.

"Si bien la levadura no envejece propiamente, nosotros habíamos visto que la mutación de ATR en ratones también era patológica, lo que nos hizo explorar si un incremento en los nucleótidos también podría aliviar el envejecimiento prematuro observado en estos animales", dicen los investigadores.

Para saber si los resultados en mamíferos podían estar en sintonía con los de la levadura, crearon un ratón con una doble alteración genética, es decir, además de la mutación original en ATR causante del envejecimiento prematuro, los animales contenían también múltiples copias de Rrm2, gen clave para la síntesis de nucleótidos.

De 24 a 50 semanas

Los resultados mostraron cómo el nuevo ratón revertía en gran parte los defectos en longevidad, incrementando la supervivencia de 24 semanas de media a 50 semanas.

Estos ratones mutantes estaban basados en una enfermedad llamada Síndrome de Seckel, u originariamente "enanismo de cabeza de pájaro", e independientemente del envejecimiento, los síntomas asociados a esta enfermedad también mejoraron con esta novedosa estrategia.

El genoma de todo ser vivo contiene ciertas zonas frágiles, que se definen así por su tendencia a romperse espontáneamente, y que pueden ser fuente de alteraciones en el funcionamiento de las células, e incluso de enfermedad.

Los estudios descritos en este trabajo demostraron que aquellos ratones con copias adicionales de Rrm2 sufrían menos roturas en estas zonas frágiles, siendo este el primer mamífero descrito que presenta un genoma con menor fragilidad que el de un ratón normal.

"La pregunta que nos hacemos ahora es si un incremento en la capacidad de producir nucleótidos podría también incrementar la esperanza de vida en animales normales, sin envejecimiento prematuro"

Siguiente paso

Sin embargo, aún queda por descubrir si estos resultados tienen relevancia en el contexto del envejecimiento normal, en vez del prematuro. En cualquier caso, los autores apuntan que una práctica estándar en medicina es la de dar suplementos de ácido fólico (o vitamina B12) en personas de avanzada edad para retrasar o paliar sintomatologías degenerativas asociadas a la vejez.

Teniendo en cuenta que el ácido fólico es, entre otras cosas, una molécula precursora en la síntesis de nucleótidos, los resultados indican que la escasez de nucleótidos podría contribuir al proceso de envejecimiento en humanos.

"La pregunta que nos hacemos ahora es si un incremento en la capacidad de producir nucleótidos podría también incrementar la esperanza de vida en animales normales, sin envejecimiento prematuro", dice Fernández-Capetillo.

Por ello, encontrar la respuesta está ahora en manos de Andrés López-Contreras, primer firmante del artículo, que continuará sus investigaciones liderando su propio laboratorio en la Universidad de Copenhague (Dinamarca).

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