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España irrumpe en el Egipto de hace 3.000 años

Un grupo de arqueólogos descubre parte del ajuar funerario de un sacerdote del año 1000 a.C. y el pozo funerario de Hery, un misterioso personaje enterrado con lujo en la antigua Tebas  

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El pasado enero, unos días antes de que estallasen las revueltas en Egipto, un equipo de arqueólogos españoles desenterró un tesoro que no había visto la luz desde hacía 3.000 años. Eran más de 80 figurillas de barro que formaban parte del ajuar funerario de un sacerdote de Tebas durante la XXI dinastía, en torno al año 1000 antes de Cristo. Estos shabtis de unos 15 centímetros de alto eran siervos. Unos llevaban pintados aperos de labranza y otros tenían el aspecto de capataces. En caso de tener que trabajar en el más allá, su dueño, Su-en-amon, se serviría de ellos para evitar mancharse las manos.

'A lo mejor nos está esperando su ataúd a pocos centímetros de donde hemos excavado', explicó ayer a este diario el egiptólogo español José Manuel Galán, horas después de la presentación en Madrid de los últimos resultados del proyecto Djehuty, que él dirige. Lo mejor es que las miniaturas están en tierra virgen, 'una zona que parece no tocada por los ladrones de tumbas del siglo XIX ni los arqueólogos del XX, que son a veces peor que ladrones', celebró ayer Galán. 'A partir de este nivel podemos retroceder en el tiempo y entrar en una zona virgen del año 1500 a.C., de 2000 a.C. e incluso más antigua', se relamió el egiptólogo, al frente de uno de los seis proyectos de excavación españoles en Egipto.

Se han desenterrado más de 80 figurillas de barro de la tumba de Su-en-amon

Djehuty era escriba y ministro de Hacienda de la faraona Hatshepsut, que reinó en torno a 1470 a.C. Junto a la de Hery, otro dignatario que vivió 50 años antes, la tumba de Djehuty es el foco principal del proyecto, situado en la necrópolis de Dra Abu el-Naga, en la antigua Tebas, hoy Luxor.

El estallido de las revueltas en El Cairo el pasado 25 de enero puso un fin prematuro a la campaña. Pero antes de cerrar, el equipo hizo otro hallazgo que puede ser clave: un nuevo pozo funerario lleno de escombros que podría contener la momia de Hery, un influyente y misterioso personaje que fue enterrado en el año 1.500 a.C. Además, ha aparecido un santuario y un enterramiento de halcones, ibis y otros animales momificados de época grecorromana. Un graffiti apunta la fecha: 128 años antes de Cristo. 'Salvando las distancias, somos como el Atapuerca de Egipto', resumió Galán, que es investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

El foso, lleno de escombros, podría contener aún la momia

Esclarecer la identidad de los muertos es 'como un caso policiaco', señala Galán, pero sin el gusto por el morbo del cadáver. 'La momias no son mi plato favorito. La mayor información está en los textos, ahí es donde está la chicha', confesó ayer.

Pero los textos también se resisten a desvelar todo su misterio. Es lo que sucede con la tumba de Hery. El sepulcro es muy valioso, porque sólo se conocen tres tumbas de este periodo. Pero además contiene una imagen del banquete funerario de su morador que rompe todos los esquemas. Junto al mandatario aparece la madre, y no la mujer, como era costumbre, y que fue relegada a uno de los extremos de la mesa. El padre desaparece por completo, algo aún más raro.

Esta imagen desconcertante puede contener la explicación de por qué Hery, que ocupaba el modesto oficio de supervisor de los graneros, tuvo una tumba similar en dimensiones y lujo a las del ministro Djehuty, que está justo al lado. Según la inscripción, la madre de Hery era Heru-nesu, Adorno del Rey, explicó Galán. 'Es la única vez que se ha encontrado referencia a este cargo en todo el antiguo Egipto', apuntó el experto, que especula que la influencia de la madre en la corte del faraón aupó posiblemente a su hijo en la escala social.

Las excavaciones en la necrópolis de Tebas cumplen su primera década

Tal vez la campaña de 2012 pueda desentrañar el misterio. Todos los hallazgos hechos hasta el momento, incluidas piezas únicas como la Tablilla del aprendiz, son sólo la punta del iceberg en este monumental cementerio tebano que hoy está bajo colinas y a orillas del Nilo.

'La necrópolis tebana se organiza en calles y las tumbas son como chalets adosados que se agrupan en paralelo', explicó ayer Galán. Hasta ahora, además de las sepulturas adosadas de Djehuty y Hery, el equipo ha dado con otros dos enterramientos, pero Galán espera que haya hasta diez tumbas de la época de Djehutyy Hery y más antiguas.

'Podríamos estar cien años trabajando', enfatizó ayer el egiptólogo, que ha recibido permiso para dos años más de trabajo por parte del Servicio de Antigüedades de Egipto, aunque la financiación es incierta. El enero próximo Galán espera regresar a Luxor para terminar el trabajo que interrumpieron las revueltas.'La arqueología es un culebrón por entregas, siempre queda el caramelo para el año siguiente', concluyó.

Dama blanca

Los egipcios reutilizaban constantemente los enterramientos antiguos. El ataúd y la momia de la Dama Blanca, sin inscripciones, fueron depositados en la entrada de la tumba de Djehuty 500 años después del primer enterramiento. 

Tablilla del aprendiz

Las primeras campañas sacaron a la luz una plancha de madera hecha añicos. Una vez recompuesta resultó ser una especie de pizarra de dibujo de un aprendiz que contenía la única representación frontal conocida de un faraón. 

Iqer, el arquero

Uno de los restos más antiguos y mejor conservados del conjunto es el sepulcro de un arquero. En su ataúd estaba pintado su nombre, Iqer, y sobre su momia, de hace 4.000 años, dos grandes arcos. Cerca había cinco flechas que, a pesar de los embates del tiempo, conservaban hasta las plumas. 

Djehuty

Una de las características más relevantes de esta tumba es que sus paredes están cubiertas con pasajes del ‘Libro de los Muertos', incluida una representación de la diosa Nut.

Su-en-amon

La última campaña ha desvelado la tumba de Su-en-amon. No se ha hallado su ataúd, pero los egiptólogos confían en encontrarlo en próximas campañas.