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Un éxito inesperado

El superventas ‘El cisne negro’ recomienda acostumbrarse a lo improbable

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A muchas personas les gusta pensar que sus vidas son bastante predecibles. Que pueden elaborar planes para el futuro en función de lo que saben del pasado y conocen del presente; que las cosas están, más o menos, bajo control. Pues no. Lo improbable, lo extraordinario, lo increíblemente inesperado afecta sus destinos mucho más de lo que están dispuestas a admitir.

Esto asegura Nassim Nicholas Taleb (Amiun, Líbano, 1960) en su libro El cisne negro (Paidós). Y debe de haber tocado alguna fibra. Ha vendido millones de ejemplares en EEUU (libro más vendido en Amazon.com en 2007) y se ha traducido a más de 20 idiomas. Su inesperado éxito le autoriza para hablar sobre un asunto en principio tan manido como el del inexorable peso del azar en la vida humana.

El autor está encantado con el impacto que ha causado su libro; sobre todo, en los medios académicos, que no lo han recibido muy bien. “Lo considero como una validación de mi teoría, he descubierto que si los expertos te atacan, es bueno. Al principio muchos economistas intentaron desacreditarme; llegó la crisis de las subprime (las hipotecas de alto riesgo que han desestabilizado Wall Street) y la gente empezó a tomarme más en serio”.

La historia, cuenta Taleb, no evoluciona de forma lineal, sino por “saltos”, fruto de la “tiranía de lo singular y de lo accidental”. “Solemos atribuir nuestros éxitos a nuestras aptitudes y nuestros fracasos a eventos que no podemos controlar”, revela, y advierte de que ya es hora de que la gente aprenda a esperar lo inesperado.

“La información no es neutral, da una falsa sensación de confianza. Hicieron un experimento con varios psiquiatras y un enfermo mental y a medida que iban sabiendo más cosas sobre el caso, su diagnóstico no iba mejorando, todo lo contrario. La información les daba una confianza que a su vez inducía a errores. Es un círculo vicioso”, ejemplifica.

Hasta hace un par de años, Taleb no tenía vocación de profeta iracundo. Nacido en una familia ortodoxa griega, en un Líbano que dejó siendo adolescente, estudió economía en la prestigiosa Wharton School de la Universidad de Pensilvania y dedicó su vida al análisis financiero. Ahí se dio cuenta de que el asunto no tenía mucho sentido y de que era necesario buscar respuestas justo en lo que no se podía anticipar.

En 2001 publicó su primer libro, Fooled by Randomness, con unas premisas similares a las de El cisne negro. Poco a poco se convirtió en un éxito en Wall Street. Sus teorías parecían adaptarse bien a una ciudad traumatizada por los atentados. Pronto, su éxito rebasó los círculos del dinero.

“Mis lectores son gente anti académica, anti establishment”, dice Taleb, “porque aquí la gente presta más atención a lo que dices que a tu origen”. No cree que su libro, en el que los seres humanos bordean casi siempre el abismo de la incertidumbre, y en el que parecen, más que actores de sus vidas, peleles del destino, sea pesimista, al contrario.

Ahora, prepara su nuevo libro. “Quiero destruir a Karl Marx porque ha domesticado el concepto de la suerte y quiero rescatar a los autores que desaparecieron en el siglo de las luces porque no eran bastante racionales”. Magna empresa que no sabe muy bien cuándo terminará. Eso también es impredecible.

El animal que da título al libro ‘El cisne negro’, que existe en algún lugar de Australia, es un ejemplo de que la idea que la gente tiene de la realidad –en este caso, la presunción de que todos los cisnes son blancos– es una falacia. Enfrentados a eventos incongruentes, lo habitual es justificarlos a posteriori.