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Finaliza el 'Gran Hermano marciano'

Pisan tierra los seis tripulantes de la misión simulada a Marte, después de un año y medio de aislamiento

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No les recibió el presidente de los Estados Unidos, ni la Nasa retransmitió su aterrizaje. Sin embargo, los seis 'martenautas' que han viajado simuladamente al planeta rojo han pisado tierra este viernes. Por fin, se han abierto las escotillas después de año y medio de asilamiento.

Los héroes, calificados así, todos los voluntarios que han permanecido casi año y medio encerrados en la estación situada en la sede el Instituto de Problemas Biomédicos de Moscú, 'serán sometidos a revisión médica y estarán tres días en cuarentena en las próximas horas. 'Seguiremos el mismo protocolo que si se tratara de cosmonautas recién llegados de la Estación Espacial Internacional. No podemos correr ningún riesgo', dijo.

Los seis voluntarios, que han recibido los elogios de Martin Zell, jefe del departamento de investigaciones de la Agencia Espacial Europea (ESA), deberán permanecer en Moscú hasta el 4 de diciembre, fecha en la que concluirá oficialmente el experimento. Bielakovski subrayó que 'todos los integrantes de la tripulación se comportaron como auténticos profesionales y como un equipo bien compenetrado, pese a las diferencias de origen, cultura, educación, religión e idioma'.

'No ha habido ni un conflicto. Su estado físico y psicológico está dentro de lo normal. Todos los equipos funcionaron a la perfección. Hemos cumplido con todos los objetivos que nos marcamos', indicó.

'Todos los integrantes de la tripulación se comportaron como auténticos profesionales' En particular, destacó al ítalo-colombiano Diego Urbina, ingeniero de formación de 28 años, al que calificó de 'gran profesional y buena persona, con un carácter abierto'. Urbina -nacido en Colombia de madre italiana, pero que emigró a Italia en 2002 para estudiar Ingeniería en Turín, tras lo que adquirió la ciudadanía de ese país europeo- manifestó hace unos días que un viaje simulado es mucho más difícil que uno real.

La Agencia Espacial Europea y la rusa Roscosmos lanzaron en 2004 este ambicioso proyecto, el mayor de la historia, al que se sumó posteriormente China, mientras países como Estados Unidos o España también cooperan con experimentos científicos.

Los voluntarios del proyecto, considerado un precursor de los vueltos interplanetarias, realizaron más de un centenar de experimentos científicos y reacción ante averías y efectuaron incluso caminatas simuladas en el planeta rojo.

Con unas reservas de varias toneladas de agua y comida, los seis neófitos astronautas vivieron en condiciones similares a las de una expedición real en el interior de cinco módulos espaciales de 180 metros cuadrados sin ventanas y con la misma composición del aire, presión y nivel de ruido que en una nave interplanetaria.

El módulo de vivienda incluyó una cocina con mesa-comedor y unas minúsculas habitaciones forradas de madera de tres por dos metros cuadrados para los tripulantes con cama, mesa y armario, retrete y una ducha, que sólo pudieron usar una vez cada diez días. Además de Urbina, otros cinco voluntarios se embarcaron en el proyecto el 3 de junio de 2010: los rusos Alexandr Sitev, Alexandr Smoléevski y Sujrob Kamolov, el francés Romain Charles y el chino Wang Yue.

Su odisea espacial ha intentado recrear las futuras expediciones interplanetarias y se propone estudiar la resistencia del ser humano en condiciones de aislamiento prolongado. Según los organizadores del proyecto, el momento más difícil fue el retorno simulado a la Tierra, pues para entonces la misión ya había sido un éxito, pero los voluntarios debían seguir realizando experimentos durante varios meses.

Además, su experiencia servirá para comprobar la compatibilidad psicológica entre los integrantes de una tripulación y permitirá perfeccionar la construcción de las naves espaciales que viajarán a Marte, la prioridad de las agencias espaciales de Rusia y EEUU.