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"Contra la financiación pública de las pseudomedicinas"

Carta abierta

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El Aula de Divulgación Científica de la Universidad de La Laguna ha enviado al presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, y a todas las instituciones públicas del archipiélago, una carta de denuncia por el apoyo que le dan a la homeopatía , una práctica a la que se refieren como 'pseudomedicina'.

En esta carta abierta, que incluye un anexo 'en defensa de una medicina de calidad con terapias científicamente probadas' (un manifiesto escrito hace tres años), los docentes universitarios expresan su 'estupor y creciente temor' por la intención de los grupos políticos de avalar en el Parlamento canario esta práctica , porque 'los fondos públicos no pueden destinarse a la difusión de las pseudociencias y el oscurantismo' y por la presencia del presidente canario en unas jornadas de homeopatía , en las que expresó que era una práctica se 'ha ganado su lugar dentro de la medicina'.

Los científicos aseguran en su misiva que se ven 'en la obligación moral de recordar al Gobierno y al Parlamento de Canarias que la homeopatía es una pseudomedicina donde las pruebas tangibles y contrastadas de su eficacia terapéutica brillan por su ausencia'. 

A continuación, reproducimos la carta íntegra.


Desde su fundación, en el año 2003, el Aula Cultural de Divulgación Científica de la Universidad de La Laguna ha asumido como tareas principales de su existencia la divulgación del conocimiento científico, del pensamiento crítico y de la identificación de las pseudociencias. Uno de los aspectos concretos de esta labor ha sido el periódico recordatorio que sus integrantes se han visto obligados a hacer, ante la participación de instituciones públicas en eventos dirigidos a sembrar la confusión en el seno de la sociedad, dando marchamo científico a unas prácticas que carecen de tal condición. En particular, han sido dos las ocasiones en las que, ante la celebración de eventos de promoción de prácticas incorrectamente designadas como médicas, se ha remitido un escrito que se anexa a la presente carta.

Tres años  y medio después de nuestra primera protesta, contemplamos con estupor y con temor creciente que instituciones de la importancia del Gobierno y el Parlamento canarios manifiestan una actitud claramente acogedora de prácticas que, como la homeopatía, carecen por completo de base científica alguna. Como científicos, como docentes y como miembros de una sociedad que debe ser informada de forma veraz, nos vemos en la obligación moral de recordar al Gobierno de Canarias (cuyo máximo representante ha asistido en fechas recientes a los actos conmemorativos del vigésimo quinto aniversario de la implantación en las islas de las asociaciones de defensa de la pseudomedicina homeopática) y al Parlamento de Canarias (cuyos tres grupos parlamentarios pretenden que la sanidad insular financie los tratamiéntos homeopáticos) que la homeopatía es una pseudomedicina donde las pruebas tangibles y contrastadas de su eficacia terapéutica brillan por su ausencia.

Desde el Aula Cultural de Divulgación Científica de la Universidad de La Laguna queremos, en definitiva, manifestar una vez más que la única alternativa a la medicina es una medicina mejor, añadiendo además que difícilmente puede tenerse ésta si se le detraen recursos para despilfarrarlos en unas pseudoterapias carentes del más mínimo valor médico. Apelamos a la responsabilidad de quienes ocupan las más altas magistraturas de las instituciones gubernativas de las islas para recordarles que, sean o no tiempos de crisis, los fondos públicos no pueden destinarse a la difusión de las pseudociencias y el oscurantismo.

En La Laguna, a 1 de diciembre de 2010

 



El próximo lunes, 23 de julio de 2007, arrancará en La Laguna el Primer Congreso de Medicina y Salud Natural, organizado bajo los auspicios de diversas instituciones públicas, entre las que destacan el Cabildo Insular de Tenerife y la Universidad de La Laguna. Su objetivo, según destacan en la página oficial, no es otro que tratar sobre las principales terapias complementarias, desde terapias occidentales como la Homeopatía y la Osteopatía, a medicinas ancestrales como Ayurveda de la India, Medicina Tradicional China y Shiatsu desde Japón, con los objetivos de favorecer la adquisición de una visión general en las diferentes terapias médicas no convencionales, su evolución histórica, estado actual y perspectivas de futuro; obtener conocimientos en aspectos científicos y socioculturales relacionados con la salud y las terapias; promover un espíritu de colaboración entre profesionales e investigadores, con el objetivo de mejorar la salud de la población.

El congreso, por lo que parece, intenta establecer nexos de unión y colaboración entre una serie de terapias alternativas, englobadas todas ellas bajo el siempre socorrido cuño del carácter 'natural'. Entre el grupo de ponentes hay destacados nombres vinculados a la investigación y a la docencia en la Universidad de La Laguna, con una trayectoria intachable. Precisamente por esto, y por contar con la bendición de una de las dos instituciones académicas superiores del archipiélago, es por lo que resulta preocupante que, bajo el paraguas que dan éstas y aquéllos, se sitúen una serie de pretendidas terapias que sólo pueden ser etiquetadas como pseudomedicinas.

El congreso pretende facilitar la obtención de conocimientos científicos vinculados a la salud, pero se da la paradoja de que ninguna de  las terapias mentadas ha conseguido aportar pruebas fiables de su eficacia mediante el empleo del método científico.

En el caso de la terapia occidental más popular, la homeopatía, en agosto de 2005, la revista médica The Lancet publicó un profundo metaestudio de numerosas pruebas clínicas a las que se han sometido las terapias homeopáticas, determinando de manera clara que la homeopatía no tiene una eficacia superior a la de cualquier placebo. Los practicantes de esta terapia no han aportado investigaciones, hallazgos, descubrimientos ni terapias originales, niegan de forma dogmática la existencia de organismos patógenos microscópicos, como serían las bacterias y virus, además de realizar afirmaciones sobre el 'espíritu curativo' de ciertas sustancias que no han conseguido probar. Igualmente, niegan los conocimientos que tenemos sobre la química al enseñar que los efectos de una sustancia son mayores cuanto menor sea su cantidad, cuando es fácilmente demostrable que en el mundo real sucede exactamente lo contrario. La doctrina homeopática contradice buena parte de los conocimientos que nos han aportado disciplinas como la física, la química, la biología o la medicina (la medicina real), conocimientos que han supuesto una gran mejora de la salud y el bienestar de los ciudadanos. Lo que acontece con esta pseudoterapia puede hacerse extensivo a cualquiera de las mencionadas en el programa del congreso.

Más allá de la tradicional (y falaz) distinción entre medicina 'oficial' y medicinas 'alternativas', la filosofía del evento parece incidir en el ámbito de la complementariedad, sobre la base de que las segundas son una buena herramienta para afianzar la eficacia de la primera, idea ésta que choca con el problema ya citado: no han logrado demostrar su eficacia en condiciones objetivas. Como se preguntara Alfonso López Borgoñoz, (miembro de ARP-Sociedad para el avance del pensamiento crítico y artífice del manifiesto por una sanidad que proteja nuestra salud sólo mediante terapias de eficacia comprobada) respecto del polémico decreto catalán sobre medicinas alternativas, ¿cómo puede ser beneficioso para las instituciones sanitarias acoger bajo su manto unas prácticas ineficaces? ¿No será más bien un grave riesgo para la salud pública el proporcionar autoridad a una serie de personas poco preparadas que usan una serie de técnicas terapéuticas que jamás han demostrado que sirvan para nada?

Lo que importa a la salud pública, en realidad, es que hay terapias que curan y terapias que no curan. No hay terapias oficiales y alternativas. Y todas las que se demuestra que curan son siempre incorporadas por la medicina que se ha dado en llamar oficial. Y sólo se sabe si unas curan de verdad o no lo hacen, exigiendo a las mismas que cumplan una serie de protocolos y comprobando su eficacia mediante una serie de ensayos clínicos controlados lo más objetivos posibles. Lo que será del mayor interés social no será tanto el defender un tipo de medicina en sí u otra, o situarlas -como se plantea en el congreso- en una armónica relación colaboradora, sino potenciar tan sólo aquellas terapias que hayan podido demostrar de forma clara que realmente proporcionan beneficios para la salud pública, más allá de la fe de los que las ejercen o de los que las reciben, o de sus comentarios particulares, sin relevancia estadística. No podemos olvidar que los recursos públicos son limitados, por lo que no entendemos lógico que se malgasten financiando terapias de eficacia no contrastada.

No nos negamos a las novedades. La ciencia es eso, novedad continua. No nos negamos a nuevas terapias curativas, la medicina basada en la ciencia es precisamente eso. No se trata de defender privilegios ni de defender ningún tipo de medicina en concreto, sino sólo aquella cuya aplicación esté acreditado que cura, y por acreditado nos referimos a estudios realizados en las condiciones debidas y que sean contrastables por otros equipos de investigación. De hecho, como ya hemos dicho, se debe pensar que la medicina actual ‘oficial', se basa en la búsqueda y demostración continua de mejores terapias, de fármacos con más posibilidades de actuación. No es un conocimiento estancado, fosilizado, como el de las terapias alternativas que se enumeran en el programa del congreso. Criterios como la antigüedad de una terapia o la autoridad moral de quien primero la hizo servir, han sido felizmente retirados de la praxis médica en muchos países desde hace mucho tiempo, lo cual ha significado un notable crecimiento en la mejora de la calidad de vida de miles de millones de personas de forma objetiva y demostrable, así como un incremento notable en la esperanza de vida de la población de la mayor parte de países.

Por todo ello, manifestamos nuestra sincera preocupación por el hecho de que, bajo el paraguas institucional y junto a los representantes de la ciencia, se sitúen actividades que contradicen formalmente los principios que rigen lo primero (destacando sobremanera el interés social) y frontalmente los métodos y resultados propios de la segunda. No existen medicinas oficiales y alternativas, sólo una, la que cura. Y, como se ha dicho tantas veces, su única alternativa es una medicina mejor.'