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El GPS europeo pone un pie en el espacio

La UE lanza hoy los dos primeros satélites del sistema Galileo, que se completará en 2020

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Europa lanza hoy los dos primeros satélites del sistema de posicionamiento Galileo, una versión superior del GPS de EEUU con el que los 27 quieren ganar independencia política y ofrecer a sus ciudadanos un servicio gratuito de navegación más preciso que el actual.

El lanzamiento desde el puerto espacial europeo de Kourou (Guayana francesa) está previsto para las 12:34 hora peninsular española. Si el tiempo lo permite, el despegue del cohete ruso Soyuz con los dos primeros artefactos inaugurará una larga cadena de lanzamientos que concluirá en 2020. Ese año, con 30 satélites en órbita, Galileo ofrecerá servicios esenciales a escala planetaria. Permitirá, por ejemplo, que un madrileño encuentre en su móvil un café donde ha quedado con su amante con un margen de error un metro. En ese mismo instante, un náufrago en el océano Índico recibirá un mensaje diciendo que un bote de salvamento está en camino, mientras un especulador programa una operación de venta en la Bolsa de Nueva York que desencadene la nueva crisis. 'La civilización occidental no puede existir hoy por hoy sin servicios de posicionamiento', resumen fuentes del sector espacial español, que hasta ahora ha sido responsable de más de un 9% de la construcción de Galileo.

El lanzamiento de mañana es un hito para el proyecto, que llega con una década de retraso sobre el calendario previsto e importantes sobrecostes. Concebido como una iniciativa público-privada, Galileo estuvo a punto de irse a pique en 2007 por descoordinación con la industria, lo que obligó a la UE a refundarlo con fondos 100% públicos.

Si hay una palabra que explique Galileo es soberanía. Hasta ahora, Europa ha dependido del GPS (Global Positioning System), creado por el Ejército de EEUU y puesto en marcha en 1994. Hoy, su señal se ofrece en abierto y la reciben millones de usuarios de aparatos GPS y móviles de todo el mundo. Esto no quita que el Pentágono siga usándolo para guiar misiles en Afganistán y aviones no tripulados en Libia, por citar dos ejemplos. El país se reserva el derecho de alterar la señal para que pierda precisión, o incluso apretar el botón rojo y dejar a Europa y al resto del mundo a oscuras. A finales de los noventa, la UE decidió acabar con esta dependencia. Lo mismo había decidido antes Rusia, que hoy en día ultima los preparativos para encender su propio sistema de posicionamiento, el Glonass de herencia soviética. China es el otro gran jugador en el tablero con su sistema Compass, que, no por casualidad, también espera estar listo en 2020.

Así las cosas, la Comisión Europea y la Agencia Espacial Europea (ESA), responsables de Galileo, han apretado el acelerador para comenzar a funcionar en 2015 a medio gas. El primero que llegue al mercado será también el primero que comience a amortizar los costes del proyecto.

El sistema se implementará en tres fases. La primera, que comienza mañana, es la verificación operacional. Tras el despegue de los dos primeros satélites este año, se lanzarán otros dos a mediados de 2012. En 2015, con 18 artefactos en el aire, se inaugurarán los tres primeros servicios: uno gratuito de localización, otro de búsqueda y salvamento que, por primera vez, permitirá avisar al accidentado de que la ayuda está en cami-no, y un tercer 'servicio público regulado' para control aduanero, protección civil y otros servicios a estados. Si todo va bien, el Galileo tendrá sus 30 artefactos en órbita (27 operacionales y tres de reserva) en 2020. Será entonces cuando ofrezca servicios comerciales a empresas y estados con una capacidad de resolución mucho mayor que la del servicio público.

Los actuales aparatos GPS y los móviles de última generación no pueden recibir señales de Galileo. Para ello tendrán que llevar un nuevo chip que, tras un acuerdo entre Europa y EEUU, será capaz de recibir y mezclar las señales del GPS actual y del nuevo sistema de la UE, que tiene un margen de error hasta diez veces menor que su antecesor. 'La nueva generación de aparatos incluirá ambos sistemas, solo habrá que cambiar de aparato, tal y como hoy cambiamos de móvil cada uno o dos años', explicó ayer Javier Ventura-Traveset, portavoz de la ESA, durante una jornada de presentación del proyecto Galileo.

EEUU y Europa no siempre han sido tan buenos compañeros. A principios de siglo, cuando Galileo daba sus primeros pasos, EEUU veía el sistema como una amenaza para su soberanía y su potencia militar, por lo que intentó pararlo. Al contrario que el GPS, el Galileo nació como sistema civil, pero no dejaba de suponer la independencia del 'hermano europeo', según describen fuentes del sector espacial. 'Su estrategia era la de siempre: ¿para qué te vas a construir un caza si ya te lo podemos vender nosotros?' Pero cuando ven que Europa se empeña y que el sistema se implementará, quieren compartir recursos', señalan.

El lanzamiento de hoy será 'un hito histórico para la UE', señaló ayer Álvaro Herrero, director técnico del Ministerio de Fomento, el departamento al que corresponde representar a España en el consorcio Galileo. 'Será la primera infraestructura comunitaria propiedad de la Comisión Europea', señaló. Las estimaciones son que el sistema aporte unos 70 millones de euros en beneficios al año.

Uno de los grandes caballos de batalla de España ha sido tener en su suelo uno de los centros de seguimiento del sistema. Su apuesta le llevó en 2007 a dilatar hasta el último momento su compromiso final en el proyecto. La jugada tuvo éxito y el país logró alojar el Centro de Servicios GNSS, 'una de las cuatro estaciones de seguimiento de Galileo, que estará en Torrejón de Ardoz, Madrid', según Herrero.

España ha sido el quinto país europeo que más ha contribuido al proyecto hasta el momento. Por delante están Alemania, Francia, Italia y Reino Unido. La contribución ha supuesto '150 millones de euros a empresas nacionales', según explicó ayer Jorge Lomba, jefe de programas del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI). 'Galileo ha permitido demostrar que España puede participar en un proyecto estrella europeo con una contribución superior a la que le corresponde por su PIB', destacó.