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Una guerra donde ganan los civiles

  

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Redondeando un poco, hay 330.000 programas para los teléfonos avanzados, una decena de sistemas operativos y otras tantas tiendas de aplicaciones sólo en España. El usuario que quiera comprarse uno de esos terminales que los anglosajones se empeñan en llamar 'teléfonos inteligentes' se va a volver poco menos que loco.

Sin embargo, 20 años atrás la situación no era muy distinta si lo que uno quería comprar era un ordenador. IBM había iniciado la era del ordenador doméstico con su Personal Computer. Apple lanzaba casi a la vez dos líneas diferentes, el Lisa y el Macintosh, también estaban los Spectrum y Amstrad de Sinclair, los Amiga de Commodore... Cada uno tenía sus propios sistemas operativos y programas, incompatibles entre sí. Para visitar la tienda había que ir acompañado de un informático.

El tiempo fue aclarando el camino. El Commodore 64 o el Spectrum son pieza codiciada por los coleccionistas. Y qué decir del IBM PC. La empresa de ordenadores más importante del mundo en 1980 ya ni los fabrica.

Aquella guerra sólo la ganaron tres: Apple, Microsoft y los usuarios. El primero se hizo un hueco estable con sus bellos pero caros Macintosh que quedaron para diseñadores, arquitectos y artistas. El segundo, que sólo hacía software, acabó con el sueño de IBM de dominar el mercado doméstico cuando voló por su cuenta, lanzando su sistema operativo Windows. Su filosofía permitió el florecimiento de decenas de fabricantes de hardware. Los usuarios se encontraron un mercado de ordenadores que, siguiendo la Ley de Moore, doblaban su potencia cada 18 meses, repletos de aplicaciones y a mitad de precio.

El panorama actual es similar. Apple, con su iPhone, sigue a la suya. Nokia, como le pasó a IBM, se juega su futuro. Android, con su filosofía abierta, puede ser el Microsoft de los 80 (sólo LG lanzará diez modelos con Android este año). Con terminales cada vez más potentes, ricos en aplicaciones y baratos, los verdaderos vencedores de esta guerra serán los civiles.