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La guerra de las patentes

Las empresas tecnológicas acaparan títulos como arma defensiva. Bufetes especializados acosan a los pequeños desarrolladores en los tribunales. Google ha comprado Motorola por sus 17.000 patentes

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La oficina de patentes de EEUU concedió este martes la patente ocho millones. Este país, que tardó 75 años en registrar su primer millón y 25 años en lograr el segundo, ha hecho la última cifra en sólo cinco. La mayoría de esas patentes son tecnológicas (sólo IBM registra más del doble que la industria española), y entre los 20 mayores registradores sólo aparecen dos empresas no tecnológicas: Honda y General Electric. Pero ¿significa esto que la industria de la tecnología vive una brillante era de innovación? Los expertos tienen sus dudas.

Nokia llevó a los tribunales a Apple por la infracción de diez de sus patentes en 2009. La compañía de Steve Jobs, a su vez, demandó a la empresa finlandesa, que contraatacó añadiendo a sus quejas más registros. Samsung, que vio cómo un juez alemán bloqueaba la venta en Europa de su tableta Galaxy Tab 10.1 la semana pasada (orden ya levantada), también fue llevada a los tribunales por Apple. Pero esta compañía, por otro lado, ha sido demandada por el fabricante HTC. Por otro lado, Oracle quiere que Google le pague 6.000 millones porque, supuestamente, el sistema operativo Android (de Google) usa el software Java (de Oracle). Y Microsoft tiene pendientes casos contra Motorola y cobra hasta cinco euros por cada HTC que se vende. Ese es el alocado panorama de la industria tecnológica actual.

'En el sector del móvil hay una carrera armamentística en toda regla. Las patentes son almacenadas como un arsenal con el fin de obligar a los rivales a acuerdos de intercambio de licencias', dice el experto en propiedad intelectual Florian Mueller . Para este veterano activista de la lucha contra las patentes de software, reconvertido en consultor, estamos ante una reedición del concepto de destrucción mutua de la Guerra Fría, en la que ninguno de los bandos atacaba al otro porque conllevaría su propia destrucción.

Pero esta guerra es más complicada. No es un conflicto bipolar. Entre los grandes contendientes están Microsoft, y su reciente aliado Nokia, Oracle, que va por su cuenta, o Apple, con diferencia la más combativa. Google y la constelación de fabricantes que usan Android en sus aparatos centran buena parte del conflicto. Las líneas maestras de la contienda son muy sencillas: las escaramuzas empiezan en los tribunales. Apple, por ejemplo, demandó a HTC por violar dos de sus patentes. La firma taiwanesa respondió comprando en julio una empresa llamada S3 Graphics que, casualmente, había conseguido que un juez condenara a Apple por vulnerar su propiedad intelectual. Con ese movimiento, HTC se armó para el fin habitual en estos casos: un intercambio de patentes o un acuerdo de licencias compartido.

Pero hay quienes no juegan con esa lógica. En EEUU han surgido bufetes expertos en litigar por la propiedad intelectual e industrial y, peor aún, lo que se conocen como los trolls

de las patentes: individuos o empresas que casi las registran al peso. Su objetivo no es plasmarlas en un nuevo producto sino esperar a que alguien lance el suyo y demandarle por violar su idea. Y con ellos no funciona la contención ni la negociación, lo suyo es demandar para conseguir dinero. Algunos de estos trolls, como GeoTag, demandaron ellos solos a 497 compañías en 2010, entre las que estaban Google o Microsoft.

Las cifras confirman la guerra de patentes. La empresa RPX, que se dedica a los acuerdos en este campo, estima que hay un mercado que genera anualmente 50.000 millones de dólares en concepto de derechos de propiedad intelectual y pago de licencias. Sobre la base sólo de los honorarios de los abogados, los litigios mueven otros 6.000 millones de dólares. Entre 2005 y 2010 hubo 45.000 demandados en EEUU por infracción de patentes.

Es en este tablero donde hay que situar la compra de Motorola Mobility por parte de Google, que se ha hecho con sus 17.000 patentes y otras 7.000 pendientes de conceder. La empresa del buscador, que no era muy amiga de las patentes (antes de comprar 1.200 el pasado mes a IBM, apenas tenía 800) se ha puesto a la altura de Microsoft o Nokia (que rondan las 20.000) y supera a Apple, que tendría algo más de 10.000.

Pero en esta guerra de los grandes los que más pierden son los pequeños inventores. Los trolls de patentes la han tomado ahora con los desarrolladores de aplicaciones para móviles. Compañías como Lodsy, que no se atreven contra Apple o Google, están denunciado a los que crean para iPhone o Android.

'Imagine que ha iniciado un negocio, que ha trabajado duro y que ha logrado el sueño de ser su propio jefe. Entonces, vienen unos tipos y le dicen: ‘Bonito lugar el que tiene aquí, sería una pena que se quemara. Si está dispuesto a pagarnos, nos aseguraremos de que eso no suceda'. Así define el programador Mike Lee a empresas como Lodsy. Para Lee, que no está en contra de las patentes sino de su degeneración, 'en lugar de proteger a los inventores se han convertido en una herramienta mediante la que los que tienen el dinero se quedan con lo que crean los inventores'.