Publicado: 18.03.2016 16:01 |Actualizado: 18.03.2016 16:01

Los habitantes de Oceanía conservan ADN del homínido de Denísova

Un estudio revela ahora que los habitantes de Melanesia, en Oceanía, albergan en su genoma entre el 1,9% y el 3,4% de herencia procedente de los denisovanos, otra especie extinta de Homo de la que sólo se conservan restos de un individuo hallado en Siberia.

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Grupo de niños melanesios. / Wikipedia

Grupo de niños melanesios. / Wikipedia

Los antepasados de los humanos modernos se aparearon con otras especies de homínidos que ya se han extinguido, como los neandertales y los denisovanos. Un equipo científico internacional, liderado por la Universidad de Washington (EE UU), ha analizado las secuencias del genoma de 1.523 individuos de todo el mundo para conocer la influencia genética de estas dos especies de Homo extintas sobre los humanos de hoy.

“Desarrollamos un método estadístico para identificar el ADN en estos individuos que fue heredado de antepasados ​​arcaicos –tanto neandertales como denisovanos–. Esta es una innovación importante, porque nos ha permitido identificar el 40% del genoma de neandertal y el 10% del genoma denisovano que está presente en los humanos modernos en la actualidad”, explica a Sinc Benjamin Vernot, autor principal del estudio e investigador de la Universidad de Washington.

El hecho de trazar el fluido genético de las secuencias genéticas supervivientes de estas especies ayuda conocer más sobre los patrones de la evolución humana y de cómo la han afectado estos cruces que tuvieron lugar en el pasado.



Los melanesios tuvieron que llegar a Oceanía desde África, pero no estamos del todo seguros de qué ruta llevaron

Los resultados de esta investigación muestran que todas las poblaciones no africanas heredaron entre un 1,5% y un 4% de sus genomas de los neandertales, pero los melanesios –los habitantes de Oceanía que viven desde el occidente del mar de Arafura hasta el sur de Australia– son los únicos que también tienen una ascendencia genética denisovana significativa, que representa entre el 1,9% y el 3,4% de su genoma.

Falange del homínido de Denísova. / Wikipedia

Falange del homínido de Denísova. / Wikipedia

La explicación de por qué estos individuos que habitan hoy la Melanesia tienen la mayor ascendencia genética de denisovanos del mundo aún es una incógnita. “Es una buena pregunta porque solo conocemos un homínido de Denísova encontrado en Siberia, pero está claro que había muchos más. No se sabe mucho acerca de su área de distribución geográfica. Del mismo modo, los melanesios tuvieron que llegar a Oceanía desde África, pero no estamos del todo seguros de qué ruta llevaron. Así que, aunque el hueso denisovano se encontró muy lejos de los melanesios actuales, es plausible que se cruzaran en algún momento”, añade el científico.

Cruces en varios tiempos

En este punto, los investigadores trazaron el flujo genético de secuencias neandertales y denisovanas y encontraron que la mezcla neandertal ocurrió, como mínimo, tres veces distintas en la historia humana moderna. En cambio, parece que la mezcla denisovana solo sucedió una vez.

Parece que la mezcla denisovana solo sucedió una vez y no se ha repetido

“Del primer cruce con los neandertales procede probablemente la mayor parte de nuestra ascendencia de estos homínidos. Sin embargo, parece que algunas poblaciones recibieron herencia neandertal adicional después de que se separaran de otros no africanos”, asegura Vernot.

Por lo que saben los investigadores, la ascendencia denisovana estaba presente en una sola población ancestral de Papúa. “Aunque la cantidad de ADN de homínido Denísova varía entre las distintas poblaciones, parece que procede simplemente de esta región. Esta es una conclusión bastante nueva, sin embargo, y podría cambiar en el futuro”, concreta.

Un análisis más profundidad reveló que ciertas regiones del genoma humano moderno carecen de estos linajes arcaicos, inclusive los que juegan un papel en el desarrollo del córtex y el estriado del cerebro adulto. Son, en definitiva, investigaciones que proporcionan nuevas pistas sobre la evolución humana y su flujo genético.