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Hallado un último ancestro común de monos y hombres

Un nuevo cráneo retrasa la separación de ambas ramas

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El cráneo de un mono de unos 15 kilos que vivió en Arabia Saudí hace 29 millones de años acaba de aportar nuevos detalles sobre los orígenes remotos del Homo sapiens y sus parientes vivos más cercanos, los chimpancés.

Ambas especies de homínidos comparten linaje con gorilas, bonobos y orangutanes, que se separaron de otra rama de primates, los monos del viejo mundo. Debido a la falta de fósiles, los expertos aún no se han puesto de acuerdo en cuándo sucedió esta división clave ni qué aspecto tenía el último ancestro común entre ambos linajes.

Según sus descubridores, el cráneo hallado en Arabia Saudí puede responder en parte a esas preguntas. Los expertos, de la Universidad de Michigan (EEUU) y el Servicio Geológico Saudí, explican hoy en Nature que el nuevo fósil perteneció a una nueva especie llamada Saadanius hijazensis, un nombre que evoca la región del oeste de Arabia donde se halló el fósil. El espécimen compartía características que lo asemejan a los monos del viejo mundo actuales, como los papiones de África o los monos de Gibraltar. Entre ellas están un hocico prominente y unos molares anchos.

El hijazensis también tiene otros rasgos que lo acercan a monos y homínidos más modernos, como su profundo canal auditivo.

Estas características sitúan al ejemplar a medio camino entre los monos del viejo mundo y los ancestros de los homínidos, según los autores.

Basados en las características del fósil, los expertos señalan que ambos linajes se separaron hace entre 28 y 24 millones de años, una fecha mucho más reciente de lo que habían propuesto otros estudios basados en la genética, que estimaban la divergencia entre 30 y 35 millones de años atrás. Además, los expertos dicen que los restos del hijazensis confirman que la divergencia entre ambos linajes se produjo en África o Arabia.

Según los autores, el hijazensis fue un macho adulto que pesaba entre 15 y 20 kilos. Habitó una zona boscosa y cálida cerca de lo que hoy es el mar Rojo, que aún no existía hace 29 millones de años. A juzgar por sus restos, el hijazensis vivió una existencia dura. Su cráneo muestra que el mono se partió uno de sus caninos. Además, la parte de su calavera que ha podido ser rescatada muestra una gran cicatriz frontal así como una incisión en la parte derecha del cráneo que probablemente acabó con su vida, concluyen los autores.