Publicado: 14.12.2015 00:05 |Actualizado: 14.12.2015 07:00

Las huellas dactilares tienen sexo

Una nueva técnica química permite saber si la traza pertenece a un hombre o a una mujer

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Clasificación de huellas dactilares por género en laboratorio. / PAUL MILLER

Clasificación de huellas dactilares por género en laboratorio. / PAUL MILLER

De un laboratorio universitario de química ha salido una técnica que permite saber si la huella dactilar dejada por una persona sobre una superficie pertenece a un hombre o a una mujer. Algo que puede ayudar mucho a descartar sospechosos en el caso de investigaciones criminales y que supone un paso más en el aprovechamiento forense de este método de identificación que no cae en desuso, a pesar de que se utiliza desde hace más de un siglo.

La técnica se basa en datos bien conocidos sobre que el sudor femenino presenta unos niveles de aminoácidos que casi duplican los del sudor masculino, además de una distribución ligeramente distinta debida en su mayor parte a diferencias hormonales, informa la Universidad de Nueva York en Albany. Cuando alguien deja su huella también deja sus aminoácidos y la nueva técnica los extrae de forma sencilla transfiriéndolos a una lámina plástica que luego se calienta para que pasen a una solución (son solubles en agua) en la que se pueden medir.

Los investigadores en bioquímica forense, liderados por el checo Jan Halámek, han probado el método con huellas dejadas por tres mujeres en cinco superficies distintas, como un picaporte o un ordenador, y han obtenido un 99% de fiabilidad, explican en la revista Analytical Chemistry, donde publican los resultados.

“Uno de los objetivos más importantes de este proyecto fue avanzar en el análisis del contenido químico de la huella dactilar, en vez de basarse solamente en su imagen, que es como se han tratado hasta ahora”, señala Halámek. “No queremos competir con el análisis genético ni como las bases de datos utilizadas para identificación, sino que pretendemos encontrar las diferencias entre grupos demográficos y, sobre todo, aprovechar huellas dactilares que están deformadas o manchadas o que no se sabe a quién pertenecen”.



Pasar del laboratorio a la escena del crimen es el siguiente paso, que puede tardar más o menos, en función de los fondos disponibles y del interés existente por parte de las fuerzas del orden. “Saber si la huella pertenece a un hombre o a una mujer puede acotar las posibilidades en un grupo de sospechosos”, han declarado los investigadores a la revista Forensic Magazine. “Además, este tipo de análisis lo podría utilizar cualquier agente no entrenado, ya que queremos desarrollar un dispositivo tipo tira reactiva, que cambiaría de color al contactar con la huella digital, de forma similar a las pruebas de embarazo o los medidores de glucosa.

A pesar del auge de otros métodos de identificación, de las huellas digitales se sigue intentando continuamente sacar más información. Se avanza en su análisis para obtener datos sobre el posible contacto anterior del individuo con explosivos o drogas, y también una reciente investigación preliminar ha indicado que sería posible obtener datos sobre la etnia de la persona, algo que está en discusión.

También está en discusión la posibilidad de conocer el aspecto de una persona -obtener un retrato robot- a partir de su huella genética. Una empresa estadounidense llamada Parabon ya ha empezado a ofrecer este servicio y la policía lo ha empezado a utilizar. En un caso en Coral Gables (Florida) la policía ha hecho público un retrato robot poco detallado de un agresor sexual en serie que siempre mantiene su cara tapada, por lo que ninguna de sus víctimas le ha podido ver. De su ADN se deduce que tiene el pelo y los ojos oscuros, los pómulos salientes y la barbilla puntiaguda, y que su ascendencia es latina. Pocos datos (nada sobre su estatura o su edad, por ejemplo) para un retrato robot que cuesta 4.500 dólares y que, según los críticos, se basa en unos conocimientos que todavía no están maduros para su aplicación forense. Pero, mejor es eso que nada, parece pensar la policía, a pesar de que la técnica no vaya a servir luego en el juicio.