Público
Público

El inmenso poder de la equivocación

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

El mayor poder de la ciencia es su capacidad para cometer errores, aprender de ellos y seguir avanzando sin más. Eso es, en último término, lo que la convierte en una vía de adquisición del conocimiento superior a todo dogma, doctrina y superstición.

Con La armonía de los mundos, el tercer episodio de Cosmos, Carl Sagan nos introduce en este concepto mediante la vida de un hombre singular: Johannes Kepler. Contemporáneo de Galileo, Kepler había recibido una fuerte formación religiosa protestante que incluía una serie de ideas filosóficas inamovibles sustentadas sobre Platón y Aristóteles. Interesado en materias celestiales, fue educado también en los conceptos precientíficos de su tiempo, que entremezclaban astrología, astronomía y religión. Así, se convirtió en matemático, astrólogo y profesor.

Sagan introduce el concepto de ciencia mediante la vida de Kepler

Su primer trabajo de importancia fue también la primera defensa publicada del sistema copernicano, que ponía definitivamente al sol en el centro del sistema solar. Sin embargo, Kepler creía entonces que los planetas se apoyaban sobre los cinco sólidos platónicos clásicos. También adoptó un sistema predictivo de fuerte base astrológica. En todo caso, el comportamiento de los planetas tenía que ser una muestra más de la perfección divina. Convencido de ello, trabajó durante décadas para demostrarlo, en cooperación con Tycho Brahe.

Buscando la verdad, Kepler tuvo que ir dejando de lado todas esas doctrinas en las que fue educado, que amaba y respetaba profundamente como signos claros de la obra de Dios, para deducir las leyes del movimiento planetario. Tuvo que luchar en contra de sus mejores opiniones, anhelos y sentimientos para entender la existencia de las fuerzas físicas subyacentes al comportamiento de los planetas. De ese modo, descubrió cómo funcionaba el sistema solar. Fue entonces cuando comenzamos a comprender que esas mismas leyes regían la Tierra y a quienes vivimos en ella, pero no tenían nada que ver con dioses ni adivinaciones.

Al abandonar sus creencias y convicciones más queridas en favor de la verdad que se evidenciaba ante sus ojos, Kepler se convirtió en el último astrólogo científico y en el primer astrofísico moderno. Así, dio los primeros pasos para una nueva concepción del universo que nos ha traído hasta hoy.