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De Chiquito a Kevin Bacon en tres pasos

La teoría de los seis grados de separación ha dado origen a toda una cultura popular entre la ciencia y el mito

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Quién sabe si llevado por un momentáneo arrebato de exaltación propia, en 1994 el actor Kevin Bacon declaró a la revista Premiere que él había trabajado con cada persona de Hollywood, o con alguien que había trabajado con esa persona. Lejos de California, en el Albright College de Pensilvania (EEUU), tres estudiantes se guarecían de un temporal de nieve frente al televisor, donde un imberbe Bacon tejía filigranas con los pies en Foot-loose. Al terminar la película, el mismo jovencito Bacon cambiaba las zapatillas por la bicicleta en Quicksilver.

Esta omnipresencia del actor divirtió a los estudiantes, y poco después nacía en Internet un grupo de noticias llamado Kevin Bacon es el centro del universo, donde el juego de relacionar a cualquier artista del cine con Bacon en el menor número posible de pasos se convirtió en un pasatiempo para muchos internautas. Después, la locura: el juego llamó la atención de los medios y los tres jóvenes se pasearon por varios shows televisivos, donde el mismísimo Bacon les daba la réplica. Siguieron un libro prologado por el actor, un juego de mesa y otro on line, que llegaron a ser tan populares como para inspirar anuncios publicitarios en los que Bacon parodiaba su posición central en esta telaraña.

El funcionamiento es como sigue: cada actor o actriz recibe un número Bacon que representa los pasos hasta el peculiar nudo de este universo, medidos en apariciones compartiendo cartel. Así, el propio Bacon tiene el número cero, el uno quienes han trabajado con él, y así sucesivamente.

El nombre que recibió el juego, A seis grados de Kevin Bacon, rescata un viejo concepto sobre la interconexión de las redes sociales, que el dramaturgo John Guare inmortalizó para el teatro en 1990. Los antecedentes se remontan al experimento El mundo es un pañuelo, ideado en la década de 1960 por el heterodoxo psicólogo Stanley Milgram y que consistió en enviar paquetes a destinatarios al azar, a quienes se instaba a remitirlos a algún conocido con el propósito de que todos confluyesen finalmente en un mismo individuo. Sin embargo, durante décadas se ha discutido si existe base empírica para la hipótesis de los seis grados.

El juego de Bacon continúa vivo, y la web The Oracle of Bacon computa el número de cualquier intérprete. El guarismo medio de todas las búsquedas ronda el 3, lo que ratifica el paradigma baconiano. Incluso en un caso tan diverso como el del cómico español Chiquito de la Calzada, su número Bacon es tres: el humorista actuó en Franky Banderas con Simón Andreu y este participó en Muerte en Granada, donde Andy García personificaba a Federico García Lorca. El actor latino trabajó junto a Bacon en Cuatro vidas.

En paralelo, otro ámbito lejano, el académico, se apuntaba a un juego similar. En honor al excéntrico y genial matemático Paul Erdös, prolífico en artículos, sus amigos inventaron el número que define la distancia al homenajeado en términos de compartir autoría de publicación. Era inevitable que entre profesores y estrellas surgiera la chispa para acuñar el número Erdös-Bacon (EB), la suma de ambas cifras.

Para obtener un número EB, el currículum de alguien debe incluir tanto estudios científicos como apariciones en cine o televisión. El número combinado más bajo es de tres para Dan Kleitman, matemático que firmó publicaciones con Erdös y que prestó asesoría y figuración en la película El indomable Will Hunting, donde también actuaba Minnie Driver, que trabajó con Bacon en Sleepers.

Y todo ello, ¿para qué? En lo que respecta a Bacon, le sirvió para crear su Fundación Six Degrees, que aprovecha la Red para distribuir donaciones a causas benéficas patrocinadas por estrellas de Hollywood. En el terreno científico, las teorías de redes inspiradas en el caso se aplican a la informática o a la expansión de epidemias. Pero además, el asunto pica la curiosidad popular. Recientemente, la BBC ha replicado el experimento de Milgram. La cadena británica envió 40 paquetes a personas al azar, con la intención de que acabasen en manos de un científico de Boston. Este recibió tres. Cada uno recorrió una media de seis pasos.