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Jóvenes, investigadores y optimistas

Tres científicos premiados en Europa critican el "funcionariado" en la investigación pero creen que España es competitiva

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La Organización Europea de Biología Molecular (EMBO) acaba de reconocer el nivel de la ciencia de España. Tres de los 12 considerados como mejores investigadores jóvenes del año 2008 por esta institución son españoles: Jesús Gil, del Centro de Ciencias Clínicas MRC del Imperial College; Juan Martín Serrano, del King's College; y Óscar Fernández-Capetillo, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO).Gil investiga la proliferación celular relacionada con el cáncer, mientras Martín Serrano trabaja sobre determinadas proteínas ligadas del virus del sida y Fernández-Capetillo, por su parte, estudia los fallos moleculares que impiden la regeneración del ADN.

Pero el hecho de que sólo uno de ellos investigue en España ha vuelto a despertar el debate sobre la idoneidad del sistema de contratación científico y las posibilidades que tienen los científicos más jóvenes para desarrollar su trabajo en España.

'Cuando eres un investigador habituado a malos contratos y sucesivas becas descubres que fuera de España hay muchas más opciones de investigar, y que, incluso, muchos centros luchan por tenerte o te proponen trabajar para ellos', explica José Antonio López, del Centro de Biología Molecular y antiguo investigador del Centro Alemán de Investigación del Cáncer. 'Incluso, te puedes ver en el extranjero liderando un grupo, cuando en tu país no tendrías siquiera la opción de superar tu precariedad laboral', añade.

Uno los premiados, Óscar Fernández-Capetillo, coincide con este diagnóstico: 'El concepto funcionarial y jerárquico corta muchas carreras en España. Hay gente que, cuando llega, pasa de liderar un grupo, de hacer cosas realmente valiosas que pueden cambiar la vida de la gente, a pelearse por ser el último profesor asociado a un catedrático que no siempre tiene muchas ganas de trabajar'.

La mayoría de los investigadores coincide, sin embargo, en que las cosas han cambiado. Gil, por ejemplo, explica que se han establecido 'diversos programas de reinserción de investigadores en el extranjero, y hay una serie de institutos que tienen más flexibilidad para contratar tanto jóvenes como científicos en general'.

Es el caso de institutos punteros como el catalán Centre de Regeneración Genómica o el madrileño Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas. Ambos dependen de fundaciones privadas y han renunciado al funcionariado: sus científicos no tienen la plaza asegurada, sino que esta depende del resultado de sus investigaciones. A cambio, cuando se incorporan no sólo disponen de un laboratorio perfectamente equipado y llave en mano, sino que además pueden elegir su propio equipo.

En los centros de la vieja escuela, el equipo humano viene impuesto y el laboratorio puede tardar meses en estar a pleno funcionamiento. 'Yo me puedo considerar un privilegiado', confirma Fernández-Capetillo, que trabaja en el CNIO, 'porque centros como el mío ofrecen unas condiciones de contratación muy similares a las de Europa'.

'Estos centros nuevos rompen con el concepto funcionarial', explica Luis Serrano, coordinador del Programa de Biología de Sistemas del CRG. 'No creo que todos los centros tengan que ser como el nuestro, porque también es necesario que exista una cierta seguridad laboral y una continuidad, pero sí es cierto que otras instituciones, como el CSIC o la universidad, tienen que flexibilizarse', añade.

En todo caso, estos jóvenes investigadores no tienen tampoco complejos a la hora de compararse con sus compañeros europeos o estadounidenses. Según Serrano, y aun admitiendo que en España 'queda mucho por mejorar, también es un lugar de excelencia en la investigación: 'España no tiene nada que envidiar al resto de países europeos o a Estados Unidos'.