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Los oasis del Sistema Solar

Los glaciares de Marte podrían servir como fuente de agua para futuras misiones de colonización

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En los últimos días se ha anunciado el descubrimiento de dos nuevos oasis en el Sistema Solar, que podrían alimentar extraterrestres o dar de beber a las futuras generaciones de exploradores del espacio.

En 2005, la sonda Cassini sobrevoló Encelado, la sexta luna de Saturno. El satélite, que en principio debía ser un mundo congelado e inerte, reveló una intensa actividad. En su polo sur, varios chorros de vapor de agua y partículas de hielo se elevaban decenas de kilómetros sobre el terreno congelado. Encelado se convertía así en candidato a contener en su interior la fórmula mágica de hidrógeno y oxígeno en estado líquido.

Tras varios estudios previos, la semana pasada, un artículo publicado en Nature afirmaba que la potencia y la magnitud de los chorros de vapor requieren que exista una gran cantidad de agua líquida en el subsuelo de la luna. Si el hecho se confirma, Encelado sería uno de los puntos de interés donde podría existir vida extraterrestre.

'En la exploración espacial, cuando se buscan lugares habitables, se sigue la premisa de ir tras el agua líquida. No obstante, aunque su presencia es una condición necesaria, pero no es suficiente', puntualiza Olga Prieto, investigadora del Centro de Astrobiología (INTA-CSIC). Además de agua, harían falta elementos como el carbono, el hidrógeno o el fósforo, que actuarían como nutrientes. Y por último, sería necesaria una fuente de energía. En la Tierra, el sol es el motor principal de los procesos biológicos, pero en Encelado, la vida tendría que refugiarse en el subsuelo lejos del ambiente radiactivo de la superficie y cerca del agua líquida. Allí, los organismos tendrían que buscar otro combustible distinto del Sol. 'Un planeta muerto no podría aportar nada, pero en Encelado hay criovulcanismo. Además, las mareas provocadas por la gravedad de Saturno crean unas tensiones en el interior de la luna que pueden ser una fuente de energía para los microorganismos', apunta Prieto.

Otra luna helada como Encelado, el satélite de Júpiter Europa, contiene el que probablemente sea el océano subterráneo más grande del Sistema Solar. También en el sistema de Júpiter se encuentra Calixto, otro objeto que podría contener un océano de agua salada. 'Se sabía que muchos de estos satélites contenían agua, pero se creía que estaba helada', afirma Javier Ruiz Pérez, geólogo del Centro de Biología Molecular (UAM-CSIC). 'Ahora, se piensa que la cantidad de océanos subterráneos en el Sistema Solar pueden ser muchos y se ha encontrado incluso evidencia de que Ceres [un planeta enano entre Marte y Júpiter] pude tener un pequeño océano. 'Los satélites de hielo [de Júpiter y Saturno] son los que más posibilidades tienen de poseer ambientes habitables', concluye Prieto.

En otro artículo publicado en noviembre, en este caso en Science, se anunciaba el hallazgo gracias a la sonda Mars Reconnaissance Orbiter de otro gran depósito de agua fuera de la Tierra. Se trata de inmensos glaciares de hasta 800 metros de grosor que se extienden a lo largo de decenas de kilómetros. 'Juntos, estos glaciares representan casi con seguridad la mayor reserva de agua helada en Marte fuera de los casquetes polares', aseguró John W. Holt, autor principal del estudio. Los glaciares no servirían para alimentar ningún tipo de vida en la actualidad, pero serían muy útiles para los futuros colonizadores del planeta rojo. Al encontrarse además, en latitudes medias, las colonias podrían instalarse en lugares donde las condiciones meteorológicas no sean tan hostiles como en la cercanía de los polos.

Los glaciares marcianos son una muestra de los cambios climáticos que el planeta sufrió en el pasado. Hace unos 100 millones de años, la inclinación del eje orbital de Marte estaría mucho más inclinado que en la actualidad y eso permitió que el hielo cubriese latitudes habitualmente más cálidas.

Además de proporcionar información sobre la evolución del clima marciano, los glaciares son un dato más para averiguar qué pasó con las grandes cantidades de agua líquida que un día cubrieron el planeta rojo. 'La idea original decía que el agua se acabó perdiendo en el espacio', explica Javier Ruiz, que ha participado en un estudio que afirma que un tercio de la superficie marciana estuvo cubierta de agua en el pasado. La débil atmósfera marciana y la ausencia de magnetosfera habría facilitado la fuga. 'Sin embargo, también hay investigadores que pensaban que parte del agua se introdujo en el subsuelo y esta postura gana apoyo con hallazgos como el de los glaciares, que indican que hay más agua en Marte de la que se pensaba', añade Ruiz.

Una mayor cantidad de agua helada sobre Marte hace también más factible la hipótesis que plantea que los cambios climáticos marcianos puedan ser de ida y vuelta. 'Sería necesario que Marte tuviese aún actividad magmática en su subsuelo, que fundiría el hielo y permitiese que en futuro volviese a haber agua líquida en la superficie', apunta Ruiz.
El agua, objeto central de la búsqueda en la exploración espacial, incrementa el interés por los lugares en que se encuentra. En Marte, los glaciares amplían los espacios habitables.

En las lunas heladas de Júpiter y Saturno, el agua líquida puede convertirlas en las futuras estrellas emergentes de la búsqueda de vida fuera de la Tierra. En los próximos años, los científicos decidirán entre Europa y Encelado-Titan para enviar una nueva sonda que desentrañe sus secretos.