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Sexo a ocho patas

Canibalismo, necrofilia, suicidio, todo cabe en las prácticas sexuales de las arañas, las más extremas de la naturaleza

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Entre los humanos, las prisas masculinas en el sexo pueden acarrear sanciones de las hembras, pero éstas dejarán, como mucho, un ego dañado o ganas insatisfechas de repetir la experiencia. Mucho más duro es el castigo que infligen a sus machos las arácnidas, dominatrices por excelencia del reino animal.

En un artículo publicado recientemente en Animal Behaviour, se explicaba cómo punen las arañas de espalda roja a los amantes apresurados. Según los autores del estudio, cuando un macho trata de conquistar a una hembra en solitario, antes de intentar la cópula se pasa hasta cinco horas cortejándola, dando tironcillos a su tela de araña y palmaditas en su abdomen. Para mostrar su agradecimiento, aunque durante la práctica sexual todas las hembras comienzan a devorar –literalmente– a su pareja, los dejan escapar con vida  en un 90% de los casos.

Sin embargo, la benevolencia de las arañas de espalda roja cae en picado con los indolentes. El trabajo rápido y mal hecho de los machos llega cuando existe competencia. En esos casos, el macho de menor tamaño trata de burlar a su rival para acercarse a la hembra de sus deseos y echar uno rápido antes de que el rival vuelva a ser una amenaza. En esos casos, el cortejo se ve reducido a 45 minutos. Las hembras castigan la grosería merendándose a la mitad de los machos que optan por acortar el flirteo.

Los autores, de la Universidad de Toronto (Canadá), creen que esta drástica medida puede ser un modo de medir la calidad del padre de sus hijos. “Un cortejo prolongado, probablemente, ofrece información sobre la resistencia del macho”, explicó a New Scientist Jeffrey Stoltz, uno de los autores del estudio. El asesinato de los más débiles sería una manera de impedir que puedan aparearse en más ocasiones, cortando de raíz la proliferación de genes deficientes.

Otro ejemplo de las pruebas despiadadas a las que se someten las arañas macho que pretenden tener descendencia es el de las arañas lobo. Para atraer a las hembras, los machos deben agitar sus patas delanteras de un modo que, además de fomentar su sex appeal, atrae la atención de los depredadores.

En un artículo publicado en Behavioral Ecology, investigadores de la Universidad de Miami (Ohio, EEUU) afirmaban que muy probablemente era esa actitud de los machos, desafiante ante los peligros, lo que los hacía más atractivos ante las hembras. Y parece que las arañas sabían lo que hacían: después de copular con un macho que agitaba mucho sus patas, las hembras pusieron más huevos, la incubación fue más rápida y las crías sobrevivieron mejor.

 

El intento de transmitir sus genes a la siguiente generación empuja a los machos de algunas especies de araña a sacrificios descomunales. Los machos de la especie Argiope aurantia llegan a inmolarse para asegurar el éxito de la cópula. Al finalizar el acto sexual, estos arácnidos fallecen y su cuerpo queda encajado entre los genitales de su amante.

En un artículo publicado en Proceedings of the Royal Society of London B, investigadores de EEUU y Canadá plantearon la posibilidad de que esta táctica tuviese como intención impedir que otros machos copulasen con la hembra que el interfecto acababa de cubrir.

Los autores del estudio comprobaron que, a diferencia de un gran número de casos en la famila arácnida, las hembras de Argiope aurantia no tenían responsabilidad alguna en el deceso de sus parejas.

Pese a que algunas veces las hembras retiraban a los machos de sus genitales para devorarlos, los investigadores no creen que la muerte del macho se justifique como un modo de favorecer a sus futuras crías al proporcionar una buena alimentación a la madre; los machos de esta especie son demasiado pequeños. En su opinión, el suicidio tiene el objetivo de que el cadáver haga las veces de cinturón de castidad.

Y parece que es efectivo. De 11 casos estudiados en los que otros machos trataron de desatascar los genitales de la hembra retirando el cadáver, sólo tres lo lograron. En los restantes, esta táctica extrema de jugarse las posibilidades de reproducción a una sola carta tuvo éxito.