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Un mapa de semáforos para detectar células madre

Una técnica desarrollada por el equipo de María Blasco diferencia la ‘edad’ de las células por colores

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En el boyante campo científico de las células madre, la atención se centra hoy en inducir capacidad regeneradora en células que no la tienen de forma natural. Sin embargo, numerosos expertos apuestan por rescatar el potencial de regeneración que ya poseen intrínsecamente muchos órganos. Los indicios recogidos en los últimos años han confirmado que, incluso tejidos tan reticentes a repararse por sí solos como el nervioso, guardan celosamente una población de células madre. Pero para explotar estas células, antes es necesario localizarlas.

Una nueva técnica desarrollada por el equipo de la investigadora María Blasco, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), puede representar un importante avance para marcar la X en los lugares del organismo donde yace este tesoro celular. El método permite teñir secciones de tejido para que, gracias a un código de colores, las propias células madre revelen su ubicación anatómica.

Cordones con remates

Blasco ha alcanzado un gran reconocimiento internacional gracias a sus estudios sobre los telómeros, los extremos de los cromosomas. La científica suele comparar estas estructuras a los remates de plástico que llevan los cordones de los zapatos y que sirven para mantener los hilos en su lugar. A lo largo de la vida de la célula, sus telómeros se acortan, salvo cuando interviene una enzima llamada telomerasa que restaura este estrago de la edad en los cromosomas. Por ello, todo parece sugerir que las células madre –que a pesar de su nombre, son en realidad bebés celulares– deben poseer telómeros más largos.

“Hasta ahora no se había hecho un estudio riguroso de la longitud telomérica en tejidos”, explica el investigador Ignacio Flores, colaborador de Blasco y primer autor del estudio, publicado el domingo en Genes & Development. “Demostramos por primera vez que las células madre, en todos los tejidos que hemos examinado, tienen telómeros más largos”. “Además, hemos verificado que los telómeros del ratón se acortan según envejece, ratificando la relación entre telómeros y envejecimiento”, añade.

Con su enorme importancia, este hallazgo es sólo la primera aplicación de una técnica con un potencial inmenso. Para obtener estas conclusiones, los científicos han diseñado una sonda con un marcador fluorescente que se adhiere a los telómeros, con más fuerza cuanto mayor es su longitud. Esto revela una escala de intensidades de fluorescencia que, por un sistema informático, se traducen a colores, como en un diminuto semáforo celular: las células madre con sus largos telómeros aparecen en rojo, las intermedias en amarillo, y las viejas en verde. El resultado es un mapa de células coloreadas que justifica el nombre elegido por los científicos para su técnica: telomapping.

“Podemos identificar nichos de células madre en secciones de tejidos”, dice Flores. “Este estudio ha validado la técnica con nichos ya conocidos”. “El siguiente paso es descubrirlos en tejidos donde aún no se conocen”, apunta. El investigador avanza nuevos datos preliminares: “Ya los hemos localizado en la glándula pituitaria”.

 

Durante años, los científicos han debatido la hipótesis de que el cáncer cuenta con sus propias células madre, una población que sirve de arsenal y mantiene el crecimiento del tumor. Hoy existe un acuerdo general en la comunidad científica sobre la existencia de estas células. “Si no se extirpan, el cáncer continúa progresando”, dice el biólogo del CNIO Ignacio Flores. El investigador, del grupo de María Blasco, ha aplicado ya a este caso la técnica de localización de células madre ‘telomapping’. Los resultados preliminares, aún sin publicar, son prometedores: “Los tumores, en ratones y en humanos, muestran un gradiente en la longitud de los telómeros”, lo que para Flores indica que sería posible localizar esta ‘reserva celular’ del cáncer.