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"La medicina es cada día más impersonal"

Charla con Aaron Ciechanover

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Aaron Ciechanover (Haifa, Israel, 1947) estudió medicina por ser una profesión con futuro y le fascina la posibilidad de poder curar enfermedades. La medicina era demasiado descriptiva y decidió probar con la investigación básica, por curiosidad. En una época en la que la comunidad científica estaba preocupada por descubrir cómo se construían las moléculas de la vida, él, junto a Abraham Hershko, decidió embarcarse en la aventura de descubrir cómo se destruían las proteínas.

Años después de caracterizar la degradación de proteínas, que le llevaría a recibir el premio Nobel, este ha acabado explicando un amplio abanico de enfermedades, desde diversos tipos de cáncer a patologías neurodegenerativas como el párkinson. El conocimiento de cómo se regula el sistema del proteasoma, la trituradora celular de proteínas, está permitiendo obtener fármacos específicos que hoy se prueban en ensayos clínicos contra el mieloma, la leucemia crónica, el cáncer de próstata o el de páncreas. Ciechanover participó recientemente en el encuentro anual de premios Nobel en Lindau (Alemania).

La degradación de proteínas ha acabado explicando muchas enfermedades

El lema del congreso es 'Educar, inspirar y colaborar'. ¿Cómo fue su educación y cómo se empezó a interesar por la ciencia?

Mis padres viajaron desde Polonia a Israel como inmigrantes, escapando del holocausto. Venían de un país pobre donde lo único que podías hacer era aprender. Israel es un país pequeño pero donde las universidades ofrecen grandes posibilidades de estudiar y aprender. Estudié medicina y entonces comencé a sentirme atraído por la ciencia.

¿Y la inspiración?

«Aprecio mucho la relevancia clínica de mi trabajo y poder formar a médicos»

Como dije durante mi charla [en el encuentro de premios Nobel], recogí mucha inspiración de los mentores que me rodeaban. Al acabar medicina y obtener el doctorado me marché a EEUU, un país con universidades de gran calidad donde hay una inspiración continua para investigar. Pude elegir a mi mentor y él me propuso investigar algo que nadie estudiaba. Normalmente la gente te incita a estudiar el cáncer o el cerebro, pero él me dijo: 'Estoy estudiando algo que no sé lo que es'. Me atrajo aquel misterio, el seguir la senda de las sorpresas, lo inesperado. Aunque como tenía una profesión segura, inicialmente iba y venía entre la medicina y la investigación.

¿Qué valoraba más en esos comienzos, la libertad para investigar o una tutela estricta?

Yo encontré los dos casos extremos, y creo que el balance final fue bueno. Para mi primer mentor, AbrahamHershko, fui uno de sus primeros estudiantes, así que cada día me decía exactamente qué tenía que hacer siguiendo sus instrucciones. Había una cierta fricción, pero eso también te obliga a buscar tu salida. Un caso contrario fue el de mi segundo laboratorio, en EEUU. Era tan grande que mi jefe siempre estaba lejos y no podía dedicarme tiempo. No pude contactar con él en un año. Pero allí tuve más libertad y eso fue importante en mi carrera.

¿Qué opina de que la medicina se esté convirtiendo en algo tan institucionalizado?

No sólo institucionalizada, sino también fría y cara. Se está compartimentando demasiado. Hay gente en cardiología que trabaja sólo en válvulas, o en arterias, o en ultrasonidos. Incluso las especialidades están subdivididas. Para mí la medicina significa vida y los pacientes necesitan dedicación. Esto ocurre porque no hay suficientes médicos y tienen que repartir demasiado su tiempo. Lamento no tener una solución para ello, pero la medicina personalizada cada día es más impersonal.

Sus descubrimientos sobre la degradación de proteínas han acabado teniendo una gran relevancia clínica. ¿Esperaba estas implicaciones en la medicina cuando empezó sus investigaciones?

En absoluto, uno se deja llevar por su corazón y su curiosidad. Yo no tenía intención de curar el cáncer o las enfermedades del cerebro. Sencillamente, quería resolver un problema biológico, y creo que lo mejor para ello es olvidarse de objetivos alejados, de soluciones al final del camino. No puedes mirar tan lejos. No debes mirar a más allá de un milímetro de tus narices. Pero luego, si tu investigación es importante, abrirá el camino para otros. Soy médico, así que aprecio mucho esta relevancia clínica de mi trabajo que me permite ir y volver sobre la medicina y formar a médicos en mi laboratorio.

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