A las empresas ya no les basta un anuncio mondo y lirondo para vender sus productos. Necesitan pasmar al ciudadano. La marca de aperitivos Doritos emitió en junio el primer spot intergaláctico, destinado a “posibles clientes alienígenas”, y Red Bull construyó, hace un año, un logotipo de 11.000 metros cuadrados, el más grande del mundo, para que pudiera ser contemplado por satélite. Ahora, el marketing da un nuevo brinco: bautizar con un eslogan
a un ser vivo.
La firma de telecomunicaciones Nokia ha pagado 6.300 euros para nombrar con su lema Connecting People a una nueva especie de gusano marino típico de las costas de California. Según el InstitutoScripps de Oceanografía, responsable del descubrimiento de la especie, el eslogan se fusionará en una sola palabra latinizada: nectopopulus.
El bautismo publicitario forma parte del programa Nombra una especie, lanzado en abril por el Scripps para recaudar fondos ante los crecientes recortes presupuestarios en el ámbito de la investigación oceanográfica. Actualmente, el organismo adscrito a la Universidad de California (EEUU) oferta los derechos para nominar a otros gusanos marinos y un molusco nudibranquio del sureste de Australia por una cantidad que oscila entre 3.000 y 30.000 euros. Hasta la fecha, han vendido cuatro nombres, tres a particulares y el cuarto a Nokia.
Para el biólogo Miguel Ángel Alonso, miembro del comité ejecutivo de la Comisión Internacional de Nomenclatura Zoológica, encargada de supervisar la designación científica de los animales, el sistema de mecenazgo no es una mala práctica. No obstante, a su juicio, denominar un ser vivo con un eslogan es “meter la gamba, porque la zoología no está para hacer publicidad”. Para Alonso, que ha cristianado a un gorgojo manchego con el nombre Phrydiuchus quijote, la Comisión dará, previsiblemente, su visto bueno. “Mientras el nombre esté latinizado, no podemos, ni debemos, hacer nada, siempre que no sea ofensivo”, afirma. El código ético de nomenclatura zoológica prohíbe proponer nombres insultantes, pero no dice nada de consignas publicitarios. “Lo que no se puede hacer es llamar Jesucristo o Mahoma a un escarabajo pelotero”, ilustra Alonso, jefe de las colecciones de entomología del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC).
El investigador Greg Rose, del Instituto Scripps de Oceanografía, no entiende la polémica sobre el gusano Connecting People. “No veo la diferencia con el mono GoldenPalace.com”, defiende. Este tití, descubierto en Bolivia en 2004, fue bautizado con el nombre de una casa de apuestas por Internet tras una subasta pública. GoldenPalace.com pagó 400.000 euros a la Wildlife Conservation Society, responsable del hallazgo del mono, para denominar al animal con su marca en latín, aureipalatii. El dinero se destinará a fines conservacionistas.
Esta vía de financiación ha sido acogida como un bote salvavidas por los taxónomos, los encargados de llevar a cabo el inventario de la biodiversidad mundial. La iniciativa alemana Biopat, por ejemplo, permite desde 1999 nombrar nuevas especies mediante el pago de 2.600 euros, y ya ha recaudado más de 450.000 euros con este método. Lo importante, según aseguran los especialistas, es conectar a la sociedad con la conservación
del medio ambiente.
La coordinadora del proyecto Fauna Ibérica, María Ángeles Ramos, echa cuentas. En España se describen unas 250 especies animales cada año. Y su programa bautiza un 40% de ellas. Si vendieran los derechos para nombrar las nuevas especies descubiertas, podrían conseguir una financiación adicional de unos 500.000 euros, un monto que triplica el presupuesto anual de sus grupos de investigación. "No nos hemos planteado aplicar un programa similar al del Instituto Scripps de Oceanografía, pero todo se andará", señala.
En su opinión, los nombres no tienen importancia, siempre que respeten las normas del Código Internacional de Nomenclatura Zoológica. Su grupo ha bautizado nueve especies, la mayoría con nombres de los padres de los investigadores. "Si una empresa te financia una investigación, es lógico cederles los derechos del nombre, no es acientífico", argumenta. Sin embargo, Ramos reconoce que el sistema de mecenazgo se puede utilizar como ariete en rencillas personales.
El propio padre de la nomenclatura científica, el naturalista sueco Carlos Linneo, denominó ‘Bufo bufo' al sapo común, en 1758, para humillar a su rival, el botánico francés Georges Louis Leclerc, conde de Buffon. Hoy, cualquier persona que disponga de 3.000 euros puede apellidar a un gusano ‘rajoy' o ‘zapatero'.
El mecenazgo de ese tipo no es ninguna novedad. BIOPAT, fundada en Alemania en 1999 se dedica a buscar patrocinadores para el estudio de la biodiversidad. A cambio de dinero, se puede "adoptar" una especie nueva y elegir su nombre. El 2006 escribí un artículo sobre las especies en adopción y recuerdo que las más "baratas" de bautizar costaban 2.600 euros. Otra entidad organizaba subastas con la misma finalidad y el dinero recaudado se dedicaba a la gestión de una reserva natural en Bolivia. (Hablo del 2006, cuando busqué informaicón para mi artículo; no sé si se sigue haciendo.)
Estaría bién que a las especies en extinción se les diera la oportunidad de cambiar el nombre genérico por el de una empresa importante que se encargara a cambio de su preservación. Tendríamos el Corte Inglés ocelado, el Repsol ibérico, la Telefónica bastarda, etc., y los veríamos proliferar por todos lados.
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