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"Tengo miedo a que esto me cambie"

Digo Urbina. Participante italo-colombiano de la misión 'Mars 500'

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El ingeniero Diego Urbina comienza mañana la mayor aventura de su vida. Este colombiano de nacimiento con nacionalidad italiana entrará mañana por la escotilla del módulo de la misión Mars 500 para no volver a ver la luz del sol en 520 días. Cada faceta de su existencia será grabada y estudiada por decenas de científicos. 'Estoy seguro de que va a ser la experiencia más difícil de mi vida', confiesa este experto en tecnología espacial de 27 años durante una conversación telefónica con Público desde el Instituto de Problemas Biomédicos de Moscú (Rusia), donde mañana comienza su prueba de fuego.

¿Qué es lo que le motivó a participar?

Ganar experiencia. Quiero ser yo el que quizá vaya alguna vez a Marte, o si no, ayudar a los astronautas que vayan.

¿Cómo espera que sea su estancia?

Va a ser la experiencia más difícil de mi vida. No me engaño a mí mismo. Habrá que hacer muchos sacrificios. Pero nuestros compañeros son personas estupendas y nos llevamos muy bien. Además trataremos de actualizarnos en cuanto a noticias del exterior, para no desconectar y evitar tener problemas psicológicos después.

¿Cómo es el módulo por dentro?

Es un espacio bastante pequeño. Dormimos en habitaciones de 3 m2 para cada uno. Hay un salón grande donde podemos sentarnos, ver películas o conversar en nuestro tiempo libre. También hay una zona especial donde podremos cultivar vegetales, porque es importante tener alimentos frescos para comer.

¿De todas las tareas que realizará, cuál es la que más le motiva?

La simulación de la llegada a Marte y trabajar con el traje espacial. Es justo a la mitad de la misión, por lo que también me animará para llegar hasta ese punto.

¿Qué van a comer?

La primera mitad [de la misión], comida de supermercado lista para el microondas. Los tres que bajamos a Marte tomaremos también la comida habitual de los astronautas rusos. Es en lata y en polvo. La segunda parte de la misión comeremos platos de todo el mundo que se preparan añadiendo agua caliente. Habrá italiana, coreana, china lamentablemente, no hay un plato español [risas].

¿Tiene miedo?

Es natural. Sobre todo, por la parte psicológica. Saber si te puede cambiar como persona haber estado encerrado tanto tiempo es mi miedo principal. Lo contrarrestaré intentando comunicarme bien con el exterior. Actualizaré mi Twitter y mi Facebook y trataré de mandar muchos mensajes. Sólo tendremos e-mail, aunque no estamos conectados a Internet. Dejamos los archivos en un fichero y el control de misión los recoge y los manda a nuestros amigos. Podemos enviar fotos, texto, audio e incluso vídeo. Pero llegará con retraso, que será mayor a medida que nos acerquemos a Marte.

¿Qué va a echar más de menos?

Mis amigos y mi familia. Y la libertad. El hecho de llamar a un amigo y decirle 'vamos a tomar una cerveza'. Es algo que no voy a tener durante más de un año y es muy duro. Pero hay recompensas por estos sacrificios.

¿Cree que viajará alguna vez a Marte de verdad?

Es bastante difícil. La NASA dice que se podrá en unos 20 o 30 años, y lo mismo dicen la agencia espacial europea y la rusa. Si sucede en esa época y no hay retrasos, quizás podría ir como comandante, porque ya tendré bastante experiencia. Si no, tal vez podría ayudar a llevar a otros humanos. Esperemos que actividades como este experimento impulsen el objetivo de llevar humanos a Marte.

¿Hay algún otro destino que le gustaría alcanzar?

La Luna no estaría mal.