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"No es cierto que tengamos una respuesta para el VIH"

El experto considera que los medicamentos básicos deberían estar fuera de las leyes de propiedad intelectual, y critica a gobiernos y laboratorios

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La prosperidad de la industria farmacéutica mundial se basa sobre todo en las leyes de propiedad intelectual, que permiten a los laboratorios recuperar el dinero invertido en el desarrollo de medicamentos mediante la concesión de patentes. El epidemiólogo Francisco Rossi (Bogotá, 1955) no comulga con esta teoría y, como director de la Fundación Ifarma centrada en el desarrollo de políticas de salud pública que garanticen el acceso a los medicamentos de los países latinoamericanos, critica que ni la Unión Europea ni EEUU sepan poner freno a la ambición de los laboratorios, aunque ésta le pueda costar la vida a millones de enfermos de todo el mundo. Rossi estuvo recientemente en Madrid para participar en unas jornadas.

'El sistema de innovación actual no sirve a los países del tercer mundo'

¿Cuál es la posición de su país, Colombia, sobre la industria farmacéutica?

El país ha realizado muchas concesiones a favor de las grandes compañías y de los países que las están impulsando, que antes era EEUU y ahora es la Unión Europea. Para ambos, los ingresos de las multinacionales farmacéuticas cuentan, como lo hace su lobby. La industria tiene acceso a los que negocian los precios y va modulando su postura; al final, los negociadores hablan como si fueran de la industria o peor, consideran que eso es legítimo y correcto.

¿Cree que tienen prioridad los intereses de la industria sobre los de los ciudadanos?

'La industria ha logrado resultados a costa del sistema de salud de EEUU'

En las negociaciones comerciales siempre hemos participado en representación de salud pública, un área que, paradójicamente, no está invitada. A nadie le interesa oír hablar de salud pública. Los medicamentos son un negocio y, como tal, tienen unos intereses. Las dos partes gobiernos y laboratorios van a unas mesas para negociar intereses comerciales. ¿Que los medicamentos tienen importancia para la salud? Eso no está en la mesa ni en el debate. No hay problema en decir que en la declaración de Doha [un acuerdo que se alcanzó en la ciudad del mismo nombre para responder a las preocupaciones sobre lo que supondrían los derechos de propiedad intelectual para el acceso a fármacos de los países pobres] se acordó que la salud estaba por encima de todo, pero eso, al final, es sólo una declaración. Hay asuntos, y en esto estará de acuerdo cualquier profesional de la salud, que no deberían estar en negociación. Y uno de ellos es el acceso a medicamentos.

Usted se ha pronunciado sobre un caso concreto de antirretroviral al que no puede acceder un porcentaje amplio de la población latinoamericana: Kaletra, de los laboratorios Abbott. ¿Qué tiene este caso de especial?

En Colombia le concedieron una patente discutible a este producto porque es muy similar a otro antirretroviral ya existente. Una vez que tiene la patente, el laboratorio puede entrar al mercado en condiciones de monopolio y el precio medio es de 4.500 dólares por persona al año. Como es tan caro y en Colombia la terapia antirretroviral de alta eficacia (TARGA) está cubierta por la seguridad social pero a través de aseguradoras privadas, a nadie le interesa gastar tanto dinero. Al final, la gente lo deja de tomar o lo paga de su bolsillo.

'Con el precio y la presión se consigue que el paciente deje de tomar el fármaco'

Uno de los objetivos del milenio de la ONU es el acceso universal a TARGA. ¿Cree usted que este problema sólo se da en África?

No hay más remedio que asumir que, como especie, somos un fracaso. El 80% de los que necesitan TARGA no lo recibe. Si nos visitara alguien de otro planeta, ¿cómo le explicamos que hay solución para el VIH? Tenemos una respuesta para una minoría en el planeta y el problema se reproduce país a país. En Colombia tenemos un 25% de pacientes que no la recibe, y la gente se muere de sida. La mayoría en África, pero también en muchos otros países. El sistema de innovación actual sobre medicamentos no sirve al tercer mundo, no resuelve ningún problema.

En general, ¿ponen menos trabas los laboratorios europeos que los de EEUU, donde la economía siempre ha sido más liberal?

Para nuestra sorpresa, y esperamos que también para la de ustedes, lo que está pidiendo Europa es mucho más agresivo. En las negociaciones el lenguaje es espectacularmente agresivo, nos está ofendiendo con la propuesta de propiedad intelectual. De hecho, lo que nos ha traído aquí [Madrid] es que estamos buscando con desesperación aliados en la sociedad civil europea que hagan pública la negociación con la Unión Europea, porque una de las percepciones que tenemos es que la UE no rinde cuentas a la sociedad civil, probablemente porque el acceso a medicamentos es más universal en los países europeos.

Pero muchas multinacionales farmacéuticas son estadounidenses...

No, están Abbott y Pfizer, pero hay muchos grandes laboratorios en Europa, desde Glaxo a Aventis. Además, hay otro problema y es que los laboratorios europeos se están especializando en medicamentos biotecnológicos, que son los fármacos del futuro. Y para esos productos se está reclamando aún más protección. Los laboratorios más grandes van a ser los europeos, si es que la crisis no cambia el panorama.

Parece que la crisis no está afectando en exceso a la industria farmacéutica...

Yo soy optimista, en el sentido de que la industria farmacéutica ha sido muy ciega. Han logrado estupendos resultados a costa del sistema de salud de EEUU y ahora Obama, aunque no quisiera, tiene que reformar ese sistema de salud porque tiene claro que no puede pagar el coste de los fármacos y tampoco se lo puede trasladar a los usuarios. A la industria le esperan tiempos difíciles.