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Palomares: un parque temático para olvidar las bombas

El alcalde y el codirector de Atapuerca presentan un proyecto para construir un museo recreativo en la zona. Los vecinos esperan que los técnicos de EEUU, que llegan hoy, se lleven la tierra contaminada

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Si hay una cosa en la que están de acuerdo en Palomares (1.500 habitantes, Almería) es en que sienten hartazgo. Después de 45 años soportando la cruz de las bombas termonucleares de EEUU que cayeron en su localidad, están hartos de los políticos (exceptuando a los locales) y sus eternas promesas. Están cansados de los técnicos que sólo ahora empiezan a abandonar su oscurantismo. Rehúyen también a la prensa, por la imagen que ha dado del pueblo. Y a la delegación estadounidense, que llega hoy para estudiar la limpieza de la zona, sólo le piden una cosa: que se lleve la tierra contaminada de una vez. No les vale otra opción. Cuando lo haga, el Ayuntamiento anunció ayer que se levantará un parque temático sobre la historia de la tecnología, desde la Edad del Bronce hasta la era nuclear.

'Palomares sufre un estigma social y económico', dijo el alcalde pedáneo del pueblo (que pertenece al término de Cuevas del Almanzora), Juan José Pérez, en la presentación del proyecto para construir el Parque de las Civilizaciones Mediterráneas y sus Tecnologías. El complejo, mitad museo y mitad área recreativa, se levantará en la zona donde cayó una de las cuatro bombas aquel 17 de enero de 1966, cuando chocaron en pleno vuelo sobre el cielo de Palomares un enorme bombardero B-52 y el avión nodriza que iba a reabastecerlo de combustible.

Flanqueada por zonas de cultivo al norte y al sur, una urbanización al oeste y el cementerio del pueblo al este, la zona de unas 40 hectáreas está vallada y varios carteles del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat) del Gobierno prohíben la entrada. 'Fuera, pasas un medidor Geiger y no hay radiación', explica el representante en la zona de Ecologistas en Acción, Igor Parra. 'Pero dentro, según las zonas, aquello sí silba', añade, flanqueado por el alcalde de Palomares y el paleontólogo y premio Príncipe de Asturias de Investigación Eudald Carbonell.

El codirector de la Fundación Atapuerca podría ser el primer responsable del futuro parque. 'Por ahora sólo es un proyecto de ideas', aclara Carbonell, que espera que con la vuelta a la actualidad de Palomares, el proyecto despegue. 'Soy especialista en tecnología prehistórica pero muy interesado en el cambio de las civilizaciones a través de las tecnologías', comenta. La zona de Palomares está en pleno corazón de la cultura de El Argar, la civilización urbana más avanzada sobre territorio europeo hace 4.000 años. El recorrido histórico del parque arrancaría allí y acabaría con la energía nuclear. Sus responsables quieren que haya un viejo B-52 y, al menos, réplicas de las bombas de plutonio caídas. Pero antes de construir el parque hay que descontaminar el área. Los estadounidenses quieren limpiarla, y los españoles, que se la lleven. 'La salida de los materiales es responsabilidad del Gobierno de EEUU pero también del español', opina Carbonell. Para él, es la única forma de compensar el daño infligido a este territorio.

De la misión técnica que llega hoy se sabe poco más que su composición. Vienen funcionarios del Departamento de Energía de EEUU, encabezados por el director de la Oficina de Salud, Seguridad y Protección, Glenn Podonsky, y del Departamento de Defensa, además de personal de la embajada. Por parte española, llegan 12 personas, la mayoría del Ciemat, con su director general, Cayetano López, al frente. La visita será rápida, unas horas en Palomares y, ya por la tarde, regresarán a Madrid, donde seguirá el trabajo técnico. Sin el dinero que dejó de enviar EEUU, las delegaciones estudiarán las dos alternativas posibles: la descontaminación sobre el terreno, con el gran despliegue logístico que necesitaría la operación, o su envío a instalaciones de EEUU.

'Esta visita es una señal positiva, pero ¿se llevarán los americanos lo que tienen que llevarse?', pregunta el ecologista Parra. 'Estamos a punto de entrar en el momento de la compensación', añade. Según Parra, tras la caída de las bombas, los estadounidenses se llevaron 'un sexto del problema, unos 1.500 metros cúbicos de tierra'. Ahora tendrían que llevarse más de 6.000. 'Pero la solución de Palomares no es un problema presupuestario, es un ejercicio de justicia histórica y eso no tiene precio', comenta este ecologista y vecino de la zona.

En el pueblo desconfían de todo. En un bar del barrio de El Comportillo, varios vecinos ven en la televisión las noticias sobre la construcción del parque y la visita de los técnicos de EEUU. 'Que vengan y se lleven la tierra, que ya ha hecho bastante daño', dice Andrés, el hijo del dueño de la cafetería 102 Tapas. Pero el daño al que se refiere no es el de la radiación del plutonio. Tampoco la del material, el americio, en el que se está descomponiendo, un elemento aún más radiactivo, emisor de rayos gamma, y mucho más volátil. Él habla del prestigio de la zona, que anda por los suelos. 'Yo soy de aquí, como toda mi familia, y todos estamos sanos. Mis abuelos murieron a los 90 años, de viejos', cuenta. Sin embargo una clienta, Elisabeth

Uribe, dice que la gente 'tiene miedo'. Está de paso; ha venido a vender una casa que tiene a medias con su hermano. Sabe que la va a malvender, pero desconoce si los bajos precios están provocados por la crisis o por el incidente.

A Eve, una británica que lleva en la zona casi una década, le han contado más de una vez la historia de la bomba, pero ella dice estar tranquila. De hecho, su hijo va a la escuela que hay en la rotonda que lleva al cementerio y, tras él, a la zona de seguridad vallada por el Ciemat. Pero son los mayores los que están más molestos. Ya lo había advertido el alcalde por la mañana. 'Tenemos a los medios aquí todo el día y de todos los países. Los vecinos están hartos', dice Juan José Pérez.

A mayor edad, mayor es el recelo. 'Pero no es oscurantismo, es cansancio', asegura Pérez. Es el caso de un hombre ya jubilado que no quiere ni dar su nombre de pila. A la puerta del Hogar del Pensionista se queja del daño que se le está haciendo a su pueblo. 'A mí las bombas me pillaron haciendo la mili en Lorca, y después me pasé más de 30 años trabajando en Francia como emigrante', dice. Regresó hace tiempo y, con el dinero ahorrado, se compró varios apartamentos para alquilar, pero le está costando hacerlo. 'Que se lleven la tierra, y a algunos políticos con ella', añade.

Jesús Caicedo, alcalde de Cuevas del Almanzora -donde está Palomares-, reclamó ayer al Gobierno que sea España quien limpie los residuos radiactivos si EEUU no se decide a hacerlo. Lo exigió, en calidad de senador del PP, en una pregunta a la ministra de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez. 'Háganlo ustedes y háganlo de inmediato', espetó Caicedo, quien reclamó plazos de limpieza a Jiménez. La ministra le recordó que 'el único Gobierno que se ha preocupado de este asunto ha sido el socialista' y se remitió a la hoja de ruta que acuerden EEUU y España durante la visita que tiene lugar estos días.