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La patata transgénica avanza hacia la sartén

BASF solicita a la UE la aprobación para consumo humano

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Un español podrá hacer una tortilla de patatas transgénicas en 2014 si todo sale según calcula la mayor empresa química del mundo, BASF.

La multinacional alemana solicitó ayer a la UE la aprobación para consumo humano y animal de su patata Fortuna, cuyos genes han sido modificados en laboratorio para ser resistente al tizón tardío. Esta enfermedad, provocada por el hongo Phytophthora infestans, arruina el 20% de las cosechas de patata en todo el mundo, según las cifras de BASF. Es el mismo patógeno que disparó la Gran Hambruna irlandesa, entre 1845 y 1849, causando cientos de miles de muertos y un éxodo de la población hacia EEUU y Canadá.

La empresa aseguró ayer en un comunicado que 'la introducción en el mercado se espera para 2014 o 2015'. Sin embargo, los antecedentes invitan al escepticismo. Antes, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) tendrá que evaluar la seguridad de la patata transgénica para los seres humanos, los animales y el medio ambiente. Y luego tendrá que llegar el visto bueno de Bruselas, que se concede con cuentagotas.

Desde 1998, cuando se aprobó el cultivo de maíz transgénico de Monsanto resistente a la plaga del taladro, la UE sólo ha aprobado otra variedad, la patata Amflora, también de BASF y con un uso residual para obtener almidón para la industria. Bruselas se enfrenta a un atasco de 74 transgénicos a la espera de autorización. Una veintena de ellos ya ha superado el examen de la EFSA.

La química alemana calcula que Fortuna estará en los mercados en 2014

La Asociación Europea de Bioindustrias, el lobby de las multinacionales en la UE, denunció a mediados de octubre la 'lentitud' del proceso de autorización y su parálisis de facto. Las aprobaciones del maíz BT11, resistente a larvas de mariposa, y del maíz Herculex I, blindado contra el gusano cogollero, están congeladas desde 2001, pese al informe favorable de la EFSA. La patata de BASF podría seguir el mismo camino.

Juan Felipe Carrasco, portavoz de Greenpeace, cree que el caso de la patata Fortuna es 'especialmente grave' al tratarse de un producto para consumo humano, cuyos efectos para la salud podrían ser 'irreversibles'. Carrasco, cuya organización sí apoya los organismos con genes modificados para uso médico en ambientes confinados, subraya además que 'la ciudadanía no quiere transgénicos'. Según el último Eurobarómetro, de 2010, sólo el 35% de los españoles apoya su cultivo.

Pese a su mala imagen pública, el Ministerio de Medio Ambiente sigue asegurando que 'no existe ningún estudio científico que demuestre que estos alimentos sean perjudiciales para la salud'. Recientemente, 25 premios Nobel firmaron un manifiesto en defensa de la biotecnología agraria. En España, el mayor productor de la UE, se plantaron en 2011 casi 100.000 hectáreas del maíz de Monsanto, para consumo animal.