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Pelea en Galicia por la construcción de una enorme laguna

Los ecologistas censuran el proyecto y un geólogo advierte del peligro de desbordamiento en caso de seísmo

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El inmenso cráter horadado en la tierra durante tres décadas para extraer carbón ya no ofrece un aspecto fantasmagórico. La apariencia lunar del socavón que fue la mina de cielo abierto que Endesa explotó hasta 2007 en As Pontes de García Rodríguez (A Coruña) ya sólo permanece en el imaginario colectivo de los vecinos del pequeño municipio.

Hace ahora dos años que la empresa de energía promovió la inundación del hueco minero para crear un gigantesco lago artificial 'como única solución viable para rehabilitar la zona afectada por la excavación', según la compañía. Los terrenos aledaños que albergaban los escombros estériles de la explotación han sido además regenerados con la plantación de 600.000 árboles y en la zona convive fauna como jabalís, venados, corzos y nutrias.

El paisaje del municipio, indefectiblemente unido a la central térmica más contaminante de España y a las inmensas chimeneas del complejo propiedad de Endesa, inició su metamorfosis en junio de 2008, cuando se inició la construcción de la gigantesca laguna artificial.

El proyecto no es casual. La ley obliga a la compañía eléctrica a la regeneración del entorno, que se ha visto afectado por la actividad de extracción de carbón en los últimos treinta años. La solución adoptada para rehabilitar la oquedad fue la creación de un lago artificial, que obtuvo el visto bueno de la Administración en 1983, pero que no se puso en marcha hasta hace dos años.

'La inundación del hueco minero es la única solución viable para rehabilitar la zona afectada. Las enormes dimensiones de la mina y el elevado régimen pluviométrico de la zona no han permitido contemplar otra opción, ya que la inundación de la explotación se iba a producir en cualquier caso', precisan los responsables de las instalaciones.

Endesa asegura que es la única solución viable para rehabilitar la zona

'Era preciso definir un proceso controlado de llenado que garantizase que el resultado final sea un lago que se encuentre integrado en el medio, compatible con cualquier uso que se le pueda asignar', asegura un portavoz de Endesa. 'Además, las características geográficas y geológicas de la explotación son las ideales para la creación de un lago artificial', justifica.

El embalse, como las omnipresentes chimeneas de la eléctrica, es visible desde casi cualquier punto del municipio. Para hacerse idea de la magnitud de la laguna en ejecución, que precisará de cuatro años para completar su llenado, baste decir que tiene una superficie de 865 hectáreas más que el casco urbano de A Coruña y una profundidad máxima de 206 metros.

Pese a todo, los vecinos, acostumbrados como están a convivir a diario con el continuo trasiego de camiones y a ver la evolución de las excavaciones en la mina, no parecen muy sorprendidos por el tamaño del lago. 'Lo importante es que la recuperación de la mina se haga bien. Si no hubiese sido por la laguna, ahora estaría todo abandonado y lleno de maleza', zanja, tranquilo, Aurelio Pernas, un vecino que rebate de este modo a los colectivos más reacios a la ejecución de las obras. 'Proyectos semejantes son una realidad en Alemania y en Austria y no ha pasado nunca nada; mientras que aquí parece que todo son inconvenientes, se haga lo que se haga', añade.

En la zona se plantará también un total de 600.000 árboles

Menos condescendiente se presenta, en cambio, Antón Martín, ex trabajador de Endesa. 'La empresa se ha aprovechado de forma descarada del terreno y ahora, con la construcción de la laguna, pretende zafarse de toda responsabilidad y largarse, sin más'. Martín cree que 'el verdadero peligro' en la zona es el microclima 'de humedad, en invierno y en verano' que la enorme balsa de agua puede generar en su pueblo, situado en medio de un valle.

El catedrático de la Universidad de A Coruña Juan Ramón Vidal Romaní, no cree, en todo caso, en la aparente placidez de las aguas. Romaní dirige el Instituto Geológico Universitario y es el editor científico de la tesis doctoral Actividad sísmica, zonación sismotécnica y peligrosidad sísmica en el noroeste de la Península Ibérica. Este experto asegura que el yacimiento de lignito pardo, motor económico de la comarca durante más de 30 años, se halla situado 'bajo una enorme falla inversa' que discurre paralela a la costa cantábrica y que permanece activa.

Al geólogo no le cabe duda de que 'cualquier movimiento de terreno' en la zona se va a producir ahora 'con mucha más libertad' porque la masa de agua de la laguna 'no ofrecerá resistencia'. Además, el experto mantiene que no se ha ideado 'ningún mecanismo para desalojar el agua almacenada' en caso de necesidad.

Diferentes colectivos ecologistas coinciden con el geólogo en que 'por prudencia' el lago artificial no debería existir. 'La solución adoptada no es la mejor ni desde el punto de vista ambiental ni técnico, sólo es la más conveniente para la empresa que tras décadas de explotar nuestros recursos logrando inmensos beneficios, quiere ahora liquidar sus responsabilidades ambientales con una solución rápida y barata', critican desde la Asociación para a Defensa Ecolóxica de Galiza (Adega).

Pese a las acusaciones de la asociación, lo cierto es que la Fiscalía de Medio Ambiente no ha encontrado indicios de delito ecológico en el llenado de la laguna, por lo que el año pasado dio carpetazo a la investigación penal abierta a raíz de las denuncias de ecologistas y vecinos.

La profundidad del embalse es otro motivo de fricción y objeto de preocupación vecinal. 'El día que suceda una desgracia, no habrá ningún buzo que pueda bajar a 200 metros y será necesario traer un batiscafo. Deberían haber rellenado el lago para restarle altura', sugiere Romaní. No sería la primera vez. Endesa se vio obligada por el Gobierno germano a limitar a 20 metros de profundidad una laguna semejante en la antigua Alemania oriental.

Cuando a finales de 2011 se complete el llenado de la antigua mina, se habrá anegado por completo una explotación con una superficie ocho veces superior al lago de Banyoles (Girona) y en la que antaño llegaron a trabajar 1.800 personas. Será en ese momento cuando acabe la labor de Endesa.

La laguna quedará en manos del Gobierno autonómico, que establecerá cuál tiene que ser su aprovechamiento futuro. De momento, la Xunta se ha limitado a calificar el proyecto de 'hito medioambiental'.

Endesa estima que costará 13 millones de euros restaurar el entorno de la antigua mina de As Pontes. Para llevar a cabo las labores de llenado ha sido necesario construir un canal de casi seis kilómetros desde el vecino río Eume hasta el antiguo yacimiento minero. La confluencia de aguas subterráneas y de lluvia constituyen otras dos fuentes adicionales de captación de agua. La alta pluviosidad registrada este invierno ha acelerado las labores de llenado, que se darán por concluidas a finales de 2011. Una vez completado el embalse, los arroyos desviados volverán a su cauce y quedarán conectados con el lago para que las aguas no se estanquen.

261,3
millones de toneladas
Entre 1976 y 2007 se extrajeron de la mina 261,3 millones de toneladas de lignito y 697,3 millones de metros cúbicos (m3) de material estéril. La minería creó una escombrera de 720 m3.

18
kilómetros de escollera
Para proteger el entorno del oleaje, se construirá una playa en el entorno urbano de As Pontes y una escollera de defensa a lo largo de los 18 kilómetros de perímetro.

865
hectáreas
El volumen de agua embalsada será de 547 hectómetros cúbicos y la superficie total de la laguna será de 865 hectáreas, ocho veces más que el lago de Banyoles (Girona).